Fraga, en Valladolid. 
 Hay que volver al realismo  :   
 en los planteamientos políticos. 
 Arriba.    07/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Fraga, en Valladolid

HAY QUE VOLVER AL REALISMO

(en los planteamientos políticos)

VALLADOLID. (Pyresa.) — Fraga Iribarne pronunció la conferencia de clausura de la Semana

Romántica, que se celebró en la Casa de Zorrilla, de Valladolid, sobre el tema «Nueva apreciación de la

política decimonónica».

El señor Fraga manifestó que el siglo XIX es en España, desde el punto de vista político, un período de

fracasos y frustraciones. De 1808 a 1898 el país conoce un número increíble de guerras civiles,

revoluciones, experimentos constitucionales, la liquidación de su imperio ultramarino, un notorio retraso

en su desarrollo económico y social, y toda clase de calamidades.

Estimó el señor Fraga Iribarne que el componente romántico debe ser analizado a fondo, como clave

interpretativa de nuestra política decimonónica, y también como posible lección para nuestro tiempo.

Analizó el romanticismo que rechaza el orden establecido, se opone a lo racional, pone acento en la

intuición y la imaginación, lo centra todo en la experiencia vital, busca lo simbólico, tiende a lo absoluto.

Son épocas que tienden, en particular, a la rebeldía juvenil, que se encuentra insegura entre el mundo que

ya pasó y el que todavía no es presente, y late en el porvenir oscuro.

De esta actitud vital y cultural nacieron diversas interpretaciones políticas en toda Europa. Una fue el

legitimismo o tradicionalismo, que busca en la vuelta a la tradición el antídoto contra las revoluciones,

valora los regionalismos y las costumbres locales, y produce en nuestro carlismo quizá el más romántico

de sus ejemplos.

La democracia es otro producto romántico. Rousseau fue el primero en reaccionar contra el

individualismo racionalista de los primeros liberales. Al legitimismo monárquico se contrapone la

legitimidad del sufragio universal. Una fe absoluta en las decisiones de la mayoría sucede a las viejas

consagraciones por la gracia de Dios.

El socialismo es la desembocadura natural del romanticismo democrático. Los SainSimon, los Roudhon y

todos los que Marx llamó los «utópicos» llevan a las últimas consecuencias su deseo de un orden social

absoluto y perfecto.

Volver al realismo

El señor Fraga concluye con que hemos hecho ya bastante romanticismo y es hora de volver a la realidad.

La política tiene que volver a ser el arte de lo posible, la acción eficaz sobre Ja concreta realidad social.

No es éste un mensaje fácil, para una juventud neorromántica, la de mayo de 1968, la que aspira a la

vuelta a la naturaleza, al amor libre y liberador, y a las sempiternas quimeras y utopías de todos los

romanticismos, y sus inevitables desengaños. Cánovas del Castillo logró, a finales del siglo, un período de

consolidación, de restauración, netamente antirromántico. Hoy todavía parece llegada la hora de dejar los

idealismos y los triunfalismos, de éste o aquel signo, para lanzarnos como país a la conquista del

realismo. Los Reyes Católicos fueron grandes realistas, capaces a la vez de despertar un gran ideal

nacional. Su lección sigue vigente y es la reina «de los grandes destinos» y no a la «de los tristes

destinos» a la que debemos mirar como modelo para todas las estaciones.

 

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