Autor: García, Sebastián. 
 Los encausados aceptaron anoche una propuesta de carrillo sometiéndos a la disciplina del partido. 
 Anulada la propuesta de destitución para seis miembros del Comité Central del PCE     
 
 El País.    12/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Los encausados aceptaron anoche una propuesta de Carrillo sometiéndose a la disciplina del partido

Anulada la propuesta de destitución para seis miembros del Comité Central del PCE

SEBASTIAN GARCIA

A última hora de la noche de ayer, y de manera inesperada, los seis miembros del Comité Central del

Partido Comunista de España sobre los que pesaba la destitución de aquel máximo órgano del partido,

aceptaron firmar una declaración propuesta por Santiago Carrillo, en la que reconocían el carácter

antiestatutario del reciente acto celebrado en Madrid, con intervención de Roberto Lertxundi y Mario

Onaindía. Los seis miembros sobre los que el ejecutivo del PCE había pedido su destitución del Comité

Central, aceptaron así la disciplina del partido y las propuestas de su secretario general, Santiago Carrillo,

artífice de esta jugada política, que quita hierro a la crisis desatada en el PCE en los últimos días.

La sensación de los dirigentes renovadores encausados —Pilar Brabo, Manuel Azcárate, Jaime Sartorius,

Carlos Alonso Zaldívar, Julio Segura y Pilar Arroyo— había sido de total pesimismo durante el día.

Asimismo, en la sede comunista se comentaba que la destitución de los seis dirigentes habría desatado las

sanciones contra otros militantes, especialmente los concejales del Ayuntamiento de Madrid, que hasta

hoy estaban suspendidas en la práctica, a la espera del resultado de la reunión del Comité Central.

Si la sesión del martes en el seno de este había sido prácticamente acusatoria, los encausados fueron

obligados ayer a hablar nada más recomenzar el debate. El propio Santiago Carrillo propuso cambiar el

orden de intervenciones, porque a la altura de la discusión en que se estaba era conveniente oír a los seis.

Estos preferían hablar al final, y se abstuvieron en la votación que aprobó la propuesta del secretario

general. Tras una pausa de media hora para que preparasen sus palabras, se ocupó el resto de la mañana

en escuchar sucesivamente sus explicaciones.

Según el resumen que después hizo a los informadores Pilar Brabo, los seis coincidieron básicamente en

sus discursos y, entre otras cosas, dijeron que no eran ellos el problema del PCE, sino el hecho de que este

partido, después de haber sido el primero en el eurocomunismo, ha tenido un retroceso político evidente,

que se manifestó en su reciente décimo congreso.

"No queremos liquidar el PCE ni marcharnos"

En esta línea, negaron las acusaciones de que forman una fracción, y afirmaron que éstas no existen en el

PCE que ellos no intentan liquidar el partido y que consideran ofensivo que se les diga que quieren

abandonarlo, porque su intención es que el PCE «sea lo que podría ser: el partido más importante de la

izquierda».

En cuanto al acto que convocaron en Madrid el pasado día 5, en el que intervinieron Roberto Lertxundi y

Mario Onaindía, y que había provocado formalmente la petición de sanciones, Pilar Brabo dijo que no

está expresamente prohibido por los estatutos y que no era un desafío a la dirección, sino un intento de

que el desconcierto creado por las sanciones en el País Vasco tuvieran un cauce interno.

«Nos retractaríamos si sirviera para algo», agregó, «pero sería impropio de este partido y estos tiempos y

daría una imagen lamentable». Finalmente, Pilar Brabo afirmó que reconocen la autoridad de la dirección

y que no buscan una salida con vencedores y vencidos, sino «una solución sin humillaciones para nadie».

Criticas a la posición conciliadora de Sartorius

Estas explicaciones, algunas de las cuales fueron juzgadas como tranquilizadoras por parte de fuentes

próximas a la dirección, junto a la decisión de Sartorius de oponerse a las sanciones si los encausados

reconocían mínimamente que habían cometido errores, hicieron surgir esperanzas de que pudiese

consolidarse una fuerza mediadora que impidiese el desenlace de la destitución.

Las esperanzas se derrumbaron por la tarde —Carrillo, Simón Sánchez Montero y otros dirigentes

comieron juntos—, cuando todos los oradores que intervinieron en esta parte se pronunciaron sin

paliativos a favor de las sanciones, insistiendo en que el acto en cuestión era políticamente grave, porque

entre otras cosas se había presentado a Lertxundi como secretario general del PC vasco, lo que revela una

continua desconfianza hacia el partido.

Como especialmente significativa se comentó la intervención de Sánchez Montero, quien según

testimonios de otros presentes en la reunión atacó la posición conciliadora de Sartorius, a quien le

comentó que la noche anterior había estado leyendo la obra de Lenin Dialéctica y eclecticismo, para

añadir que «aquí se han defendido terapias equivocadas, ambiguas y eclécticas», y que estaba seguro de

que «lo que no queremos hacer hoy se tendrá que hacer mañana, pero multiplicado».

De los seis encausados, dijo que había oído muchas palabras, pero ninguna explicación sobre si piensan o

no seguir actuando como fracción, y agregó que al oírlos había sentido vergüenza, el mismo sentimiento

que le producía escuchar cómo Azcárate se defendía reafirmando su condición de comunista. A ello

replicó el aludido que había tenido que decirlo porque le acusaban de no serlo.

Una última propuesta de transacción, también destinada al fracaso, fue la del secretario general del PSUC

(comunistas catalanes), Francisco Frutos, quien sostuvo la necesidad de desdramatizar la situación.

 

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