Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    14/10/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 1. 

Fernando ONEGA

El Péndulo

Como estarán las cosas, que hasta la Unión del Pueblo está en la oposición. En la oposición de derechas,

claro. Tiene narices. El partido que nació casi amamantado por el Gobierno, cubierto con el ala protectora

del Gobierno, al menos con todas las sonrisas del Gobierno, ahora se sale por bulerías en Huesca, y dice

por boca de don Javier Carvajal: "La ilegalidad consentida ha sembrado el desconcierto y la crisis de toda

autoridad. La vergonzante negociación con la oposición rupturista e intransigente ha hecho nacer el

estupor entre la gran masa de españoles». Reproduzco íntegra la frase, no por ser del señor Carvajal, sino

porque, de hecho, responde a un estado de ánimo de toda la derecho. El manifiesto de Alianza Popular

acusaba al Poder de excesivas concesiones a la ruptura. Ahora insiste en el tema el secretario general de

UDPE. Con razón pudo escribir hace unos días el «New York Times» que la derecha y la izquierda

estaban apaleando los propósitos de la Corona y del Gobierno.

Que ocurre aquí? Ocurre que seguimos en las posiciones conquistadas, y la derecha no perdonará que el

Gobierno acepte principios de la izquierda, y ésta no perdonará que el Gabinete acepte, por ejemplo, las

sugerencias del Consejo Nacional. Las diferencias de criterios que debían haber sido negociadas en las

mesas de conversaciones están siendo ahora debatidas en otros lugares y pueden dar al traste con todo el

argumento de la película. Lo único que tiene de bueno esta situación es que, al menos, el desenlace de

este embrollo tiene una emoción incontenible. Tanta emoción, que hay que empezar a rogar que el final

nos coja confesados. Entre los que no quieren negociar y los que se cabrean porque se negocia con otros,

están poniendo el país convertido en una pera en dulce para que nadie se entienda. Sigan así, señores

miembros de la clase política, y el país se lo agradecerá. Se lo agradecerá pensando que la mejor solución

es que todos los líderes, locuaces líderes con que la historia nos premió, estaban mucho mejor

dedicándose a los asuntos privados.

PERO tampoco es para poner. se así. La realidad es más acuciante que los discursos, y ahora mismo

tenemos los siguientes frentes informativos urgentes: primero, el País Vasco. Segundo, el saber qué

pasará con la reforma política, y, tercero, la negociación de las normas electorales, sobre las que ayer

sirvió unas pistas de primicia Bonifacio de la Cuadra.

¿Que ocurre realmente en el País Vasco? Esta es la pregunta que nos tenemos que hacer cuando la

tensión continúa en San Sebastián y las fiestas de Durango tuvieron el fondo amargo de unos disparos

repetidos en la noche. Se está hablando en aquellas tierras un lenguaje de violencia y de enfrentamientos

sumamente peligroso. Las dos comisiones que ayer recibió el Presidente Suárez —Diputación de

Guipúzcoa y Ayuntamiento de la capital de la provincia— trajeron las peticiones que pudieran suponer la

«solución política» que el país espera: ampliación de la amnistía, utilización de la «ikurriña», derogación

del decreto del 37... ¿Estarán ahí las claves de la concordia? Están, desde luego, las bases para una

negociación. Sin cantar victoria, hay que saludar por ello, los doscientos cuarenta minutos que ayer

dedicó Suárez a escuchar estas reivindicaciones. Mientras no se demuestre lo contrario, el diálogo sigue

siendo la única forma de acercamiento a los problemas.

DE la reforma sí que no hay ninguna filtración, salvo la elemental: que se está ultimando para iniciar

cualquier día el camino final de las Cortes. El asunto está en esto: en incorporar o no incorporar las

sugerencias del Consejo Nacional. Y dentro de esa gran disyuntiva, decidirse o no por el Senado orgánico

(que eso va a consumir unas energías que no están previstas en las medidas económicas), dejarse llevar

por el sistema mayoritario para la provisión de las dos Cámaras (tema que le agrada a la Alianza Popular)

y llevar o no al Parlamento las normas electorales.

BONIFACIO de la Cuadra decía ayer que por este último asunto el Gobierno no pasa; que las normas

serán negociadas con la oposición de derechas y de izquierdas. ¿Deben los Procuradores rasgarse las

vestiduras por tal actitud? Pienso que no. Si sus señorías constituyen a alguna proporción la «oposición

institucional», pueden ser una parte de ese gran diálogo e imponer en la mesa de negociaciones sus

criterios. De todas formas, una cosa hay clara: como ya vamos teniendo alguna experiencia sobre la

dichosa transición y los pactos, si las normas van a negociarse, negóciense a puerta abierta y con testigos.

Sólo así podrán ser respetadas las elecciones. El tiempo de los «pactos secretos» queda sólo para

historiadores.

Fernando ONEGA

 

< Volver