Autor: Arija, José Manuel. 
   El cirio comunista     
 
 Diario 16.    23/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

JOSÉ MANUEL ARIJA

El cirio comunista

La espiral de expulsiones, ceses y dimisiones en el Partido Comunista va adquiriendo, poco a poco, la

rara particularidad de que cada vez se entiende menos y de que ha adquirido una dinámica propia que

nadie es capaz de frenar.

El fenómeno no es nuevo y siempre suele ocurrir en todas las organizaciones políticas cuando ante

discrepancias ideológicas o políticas se responde con medidas disciplinarias. En el PCE pasaron sin avisar

el rasero de filo estatutario y a aquel que cogieron con la cabeza levantada se lo llevaron por delante.

Lógicamente tamaña e imprevista decapitación ha soliviantado al personal y la cuchilla de vuelta puede

dejar a otros muchos por el camino. Hace sólo un par de meses para cualquier militante comunista o

analista político hubiera resultado impensable imaginar que, por firmar un papel apoyando una

conferencia de Roberto Lerchundi, ex o secretario general de los comunistas vascos, iba a suceder esto:

seis miembros del comité central expulsa dos de este organismo, expulsados del Partido Comunista los

concejales de Madrid, dimitidos comités provinciales, sancionadas otras personas y amenazas de dimisión

por todas partes, de norte a sur y de este a oeste.

Le paga la CIA

Realmente ha sido como si Carrillo en el supermercado y por una razón, indescifrable cogiera el bote de

tomate de fila de abajo de la inmensa torre formada con los envases. El sólo quería un bote, pero todos se

le vienen encima. Para qué hablar de la famosa imagen de las fichas de dominó, donde sólo se empuja a

una. O, como me decía con guasa uno de los renovadores: Chico, es que parece que a Carrillo le está

pagando la CIA.

Realmente, no es posible pensar que la dirección del Partido Comunista tuviera calculada su operación de

sanciones, más bien parece que todo fue insuficiente: mente pensado y que la intención de dar un

«escarmiento» ha abierto una pro funda crisis de la que nadie sabe ahora cómo va a concluir. Hasta los

amigos comunistas italianos se han llevado las manos a la cabeza y criticado las drásticas medidas, cosa

que irrita profundamente a Santiago Carrillo, que ya les envió un mensaje de protesta.

Porque, además, de problema interno que cada uno puede resolver en su casa como quiera, el tema ha

saltado al exterior, con posibles repercusiones en el electorado y en las instituciones. En los

Ayuntamientos el tema es muy gordo y la presentación en Madrid de los cinco nuevos concejales que

sustituirán a los expulsados es todo un absurdo paripé, sin sentido y con mayores complicaciones

añadidas; no es serio presentar a los «nuevos concejales» cuando los otros todavía no se han ido y la cosa

puede ir para largo.

Porque hasta el presente los expulsados sólo lo están en teoría o en principio, tiene que actuar la comisión

de garantías del PCE y luego las agrupaciones para dar su conformidad; luego en los sustitutos se han

saltado sin contemplaciones ni consulta a otros nombres de la lista electoral, con posibles nuevas

expulsiones; luego hay que comunicar oficialmente al Ayuntamiento que los expulsados ya no son

miembros del PCE.

Y el trámite sigue: pro puesto su cese en los cargos públicos, un Pleno del Ayuntamiento tiene que incluir

la dimisión de los concejales en su orden del día y posteriormente enviar un certificado a la Junta

Electoral. Por último, el juez debe reunir a la junta electoral y confirmar o no la expulsión y examinar las

credenciales de los sustitutos. Y si el juez se empeña, entre pólizas y sellos de tres pesetas, pueden

transcurrir semanas.

Nuevas elecciones

Todo esto por lo que se refiere al Ayuntamiento de Madrid. En otras poblaciones podrá ocurrir otro tanto

o más. Porque en aquellas Corporaciones donde los comunistas posean un porcentaje importante de

concejales, creo que un tercio, podría incluso llegarse a tener que convocar nuevas elecciones

municipales. Tal sería, por ejemplo, el caso de Getafe.

¿Van a soportar este cirio los socialistas, con lo que ello pueda suponer de deterioro para los Gobiernos

locales de la izquierda? Difícil será dar hoy la respuesta. Pero el PSOE ya está dejando caer la idea de que

no tolerará vacíos de poder y de que para garantizar la eficacia de la gestión asumiría las

responsabilidades de los concejales comunistas. Esto transitoriamente, dicen. Pero, claro —añaden los

socialistas— habrá que examinar si las personas a quienes se transfieren los puestos ofrecen garantías de

eficacia.

Hoy por hoy renovadores y carrillistas se muestran encasillados en sus respectivas posiciones y ambos

con moral de victoria, lo que aún hace más difícil una salida positiva para uno de los partidos importantes

y fundamentales en el país.

 

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