Autor: Martín Bernal, Obdulio. 
 El secretario general propondrá la expulsión de seis dirigentes. 
 Más de un tercio del Comité Central podría votar contra Carrillo     
 
 ABC.    10/11/1981.  Página: 1-. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

El secretario general propondrá la expulsión de seis dirigentes

Más de un tercio del Comité Central podría votar contra Carrillo

MADRID (O. M. Bernal). Santiago Carrillo puede sufrir entre hoy y mañana el más duro revés

de su larga y azarosa ejecutoria al frente del Partido Comunista de España. La expeditiva

dinámica de depuraciones que, apoyado por sus incondicionales en el aparato, ha

desencadenado contra el sector renovador de los comunistas y específicamente contra seis

miembros del Comité Central tiene hoy todo el cariz de volverse en su contra. Según los

pronósticos del sector renovador, notoriamente optimistas, entre un 35 y un 40 por 100 del

Comité Central se manifestará contra las expulsiones.

En el mejor de los casos, cuando mañana miércoles concluya la reunión del máximo órgano

comunista ni Santiago Carrillo será él mismo ni probablemente el PCE será la organización

tranquila y domesticada que había mandado hasta el X Congreso. En el peor de los supuestos,

Santiago Carrillo tendrá que tirar la toalla. Aunque, a fuer de sinceros, esta eventualidad no se

la creen ni los más voluntaristas de sus detractores en el sector de los «nuevos comunistas».

Si Carrillo no acepta se pondrá al borde de la dimisión

Un sector del Comité propondrá una actitud más comprensiva en las sanciones

Carrillo, quizá por primera vez desde hace muchos años, no las tiene todas consigo en el PCE;

pero, pese a todo, sigue en sus trece. Y nada más iniciarse la reunión del Comité Central

presentará un informe en el que propone la separación de sus antiguos aliados en la defensa

del eurocomunismo. Es probable que el propio secretario general tenga ya hoy conciencia de

que la aparatosa actuación del Secretariado que él controla sin fisuras ha sido excesiva y que

este «tic» autoritario ha devuelto a la opinión pública la ya diluida imagen de un pasado oscuro

que, desde hace algunos años, el propio partido se ha empeñado en superar. Y dentro del

propio partido Carrillo está defraudando las expectativas de las capas más cualificadas del

partido, precisamente aquellas que le conectaban con sectores de la sociedad española que

necesita conservar bajo su órbita, a no ser que quiera convertir el PCE en un grupúsculo y no

en una opción parlamentaria.

CADENA DE ADHESIONES

Esto tiene que saberlo Carrillo si ha cogido la onda expansiva de la cadena de adhesiones a

tos sancionados. Un enjambre de agrupaciones locales de entornos bien distintos —entre las

que se encuentra significativamente la del Pozo del Tío Raimundo, en Madrid— han expresado

posturas contrarias, aunque con amplios matices, a la sumaria actuación del aparato. Esto no

quiere decir que todas estas organizaciones estén a favor de la política renovadora en el PCE,

pero sí índica, y de manera tajante, que los militantes comunistas no son ya meros habitantes

de células clandestinas que se desviven al menor gesto de la dirección carrillista. Pero esto,

con ser importante, no es lo más grave. Ayer, el Comité Central del PC de Andalucía, que

ostenta una relevante representación en Madrid, se mostró totalmente disconforme con las

sanciones promovidas por el aparato. La «sensibilidad» en el Comité Central del PCE gallego

era bastante pareja a la de los andaluces. Y el PSUC, que está atravesando una crisis de

identidad casi irreversible, sigue, sin embargo, con atención el proceso iniciado en Madrid, y a

tenor de su secretario general, Francesc Frutos, se ha definido por el apoyo a los seguidores

de Lerchundi en sus propósitos de convergencia con EIA. Lo que de rechazo quiere decir que

sus delegados no vienen dispuestos a votar en Madrid contra quienes están en entredicho

precisamente por expresar su opinión favorable al temperamental dirigente de los comunistas

vascos.

En resumidas cuentas, y haciendo números, resulta que si los representantes andaluces,

catalanes y gallegos en el Comité Central son consecuentes con sus opiniones y no votan la

propuesta de Carrillo, y si los delegados de otras organizaciones que se han pronunciado en

contra —algunas con resultados traumáticos, como las de Salamanca y Valladolid— se oponen

igualmente, las cifras pueden dar un grave disgusto al avezado secretario general.

Claro que en este caso las cifras y los pronósticos pueden ser engañosos. En el ánimo de

muchos dirigentes comunistas persisten aún reflejos de disciplina incondicional que pueden

llevarles a no enfrentarse frontalmente a Carrillo. Las posturas de Camacho, Sartorius y Solé

Tura en el Comité Ejecutivo fueron tibiamente disconformes y no tienen porqué indicar que en

la hora de la verdad, en la hora del voto, lleguen a enfrentarse contra el líder carismático.

AL BORDE DE LA DIMISIÓN

Fuentes del sector renovador señalaban ayer a ASC con indudable optimismo que esperan un

apoyo cifrado entre el 35 y el 40 por 100 en el Comité Central. Esto supondría, aun triunfando

la petición de Carrillo, colocar al secretario general en una posición muy débil, prácticamente al

borde de la dimisión. Según las referidas fuentes, con un 35 por 100 —es decir, entre 35 y 40

miembros sobre los 103 del CC— en contra Carrillo queda con un pie fuera de la Secretaría

general. No es fácil, desde luego, dirigir un partido que, si las sanciones prosperan, va a quedar

plagado de conflictos, con casi la mitad de los dirigentes en su contra. Santiago Carrillo ha

hecho ya un amago de volatinero. En la reunión del Comité Ejecutivo amenazó con dimitir si no

tiene suficientes apoyos para extirpar las «actitudes fracciónales». En medios renovadores se

interpreta este insinuado desplante como un mero acto de fuerza. «Si Carrillo quiere repetir la

jugada que con tanto éxito ensayara Felipe González está muy equivocado. Felipe pudo volver

en olor de multitud; Carrillo si se va no tendrá la oportunidad de volver nunca más. Carrillo se

apoya sobre todo en un aparato que ha hecho a su imagen y semejanza. En cuanto abandone

el aparato o el aparato le abandone a él está perdido», dicen los renovadores.

Bien es cierto que la moral renovadora era ayer un tanto triunfalista. A ello contribuía de

manera destacada el sesgo internacionalista que ha tomado el conflicto. Ayer el diario italiano

«L´Unita», órgano del PCI y fiel portavoz de Berlinguer, echaba su carta a espadas pidiendo

que se resuelva la crisis de la mejor manera posible, sin provocar las escisiones. Este

planteamiento se interpreta como un apoyo tácito a las tesis renovadoras y un cierto reproche a

la virulenta actuación de Carrillo.

En todo caso, fuentes «renovadoras» consultadas por este periódico mantenían ayer el

propósito de convocar una asamblea de comunistas en Madrid en las próximas semanas, caso

de que las sanciones lleguen a materializarse. Eso supondría la asistencia de unos dos o tres

mil militantes de base y generaría una dinámica de consecuencias imprevisibles. Podría ser el

principio del fin del actual PCE y desde luego el principio del fin de Carrillo.

En definitiva, lo que se está jugando el PCE, al margen de otras crisis subterráneas, es la tan

cacareada alianza entre las fuerzas del trabajo y de la cultura. Si las expulsiones se consuman

quedarán fuera del PCE una gran mayoría de profesionales y universitarios, algunos de los

cuales, para colmo, constituyen la más valiosa imagen del PCE en la Administración municipal.

Y eso lo saben los renovadores, pero también gran parte de las bases y algunos significados

partidarios de Carrillo. Marcelino Camacho decía ayer que la crisis no se puede resolver a

golpe de estatutos. La expresión es fuerte, porque justamente a golpe de estatutos trata de

resolverla Carrillo.

No hay que descartar de todas formas que si le vienen mal dadas Carrillo se ablande y acepte

una vía intermedia. La vía intermedia existe, sin duda, y va a ser propuesta. Se trataría de

descafeinar las expulsiones reduciéndolas a expedientes tramitables. Los renovadores dicen

que no aceptan más que una alternativa global y clara. Pero se avendrían al pacto.

 

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