El triunfo de los duros     
 
 El Periódico de Cataluña.    07/01/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

6 EL PERIÓDICO Miércoles, 7 de enero de 1981

Editorial

El triunfo de los «duros»

LOS afganos ya están en la calle de la Ciutat, tal como este periódico aventuraba a mediados de

diciembre que podría ocurrir. Si en aquel momento podían parecer exageradas las previsiones sobre el

peso de los prosoviéticos en el V Congreso del PSUC, al cabo de unas semanas se han cumplido

plenamente. El eurocomunismo, última consecuencia de una política abierta hacia todos los sectores

democráticos, que para luchar contra la dictadura se preconizó desde la clandestinidad con distintos

nombres jornadas de reconciliación nacional y pacto por la libertad, ha quedado apartado de la dirección

del partido de los comunistas catalanes. El eurocomunismo era la aplicación de aquel pensamiento a una

situación democrática, a la que los euros dieron su apoyo, prescindiendo de sus planteamientos formales y

burgueses. La realidad ya se intentaría cambiar a través del ejercicio del poder, conquistado

democráticamente, que en la nueva democracia española les estuvo reservado en el ámbito municipal y en

los órganos legislativos, con un considerable peso en el Parlament de Catalunya.

Una situación internacional regresiva y una crisis económica que ha exigido no pocos sacrificios a la

clase obrera, han dado paso a una línea dura en el seno del PSUC. Lo que hay que preguntarse ahora es si

esta línea de retorno a los orígenes, de una combatividad que, seguramente, venían añorando los viejos

militantes, es compartida por el medio millón de votantes que el PSUC ha tenido regularmente en las

cuatro convocatorias electorales celebradas, en Catalunya en los últimos tres años y medio. Porque lo que

es evidente es que su política abierta, antidogmática y crítica de otros modelos comunistas así como una

larga lucha de colaboración política y sindical con grupos y personas no estrictamente comunistas durante

la dictadura, proporcionaron al partido unas simpatías, que, si no siempre se tradujeron en militancia, sí se

contabilizaron en votos. Y habría que preguntarse también si esta nueva línea dura de la dirección no

corresponde a los que, en el fondo, nunca abandonaron la dureza, y si ésta es la actitud que adopta en

estos momentos la clase obrera. El aumento de delegados alcanzado por la UGT en las últimas elecciones

más bien parece indicar lo contrario. Se diría que el mundo trabajador, ante una crisis que se presume

larga, adopta una línea conservadora y posibilista, con lo cual podría ocurrir que el PSUC tuviera en estos

momentos una dirección alejada, si no de sus bases, que están divididas, sí de buena parte de su

electorado natural y de su militancia potencial.

En fin, no es cuestión de ahondar en unas heridas demasiado recientes, y que sinceramente deben sentir

todos los sectores del partido, pero sirva de aviso lo que acaba de ocurrir en Catalunya para los dirigentes

del PCE, en particular, y para todos los partidos políticos, en general.

 

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