Autor: Prades, Joaquina. 
 Declaraciones a EL PAIS de Santiago Carrillo, secretario general del PCE. 
 Si UCD se empeña en gobernar en solitario se convertirá en le primer obstáculo para la democracia     
 
 El País.    06/03/1981.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

12/NACIONAL

POLÍTICA

EL PAÍS, viernes 6 de marzo de 1981

JOAQUINA PRADES

Declaraciones a EL PAÍS de Santiago Carrillo, secretario general del PCE

"Si UCD se empeña en gobernar en solitario se convertirá en el primer obstáculo para la democracia"

El secretario general del Partido Comunista de España (PCE), Santiago Carrillo, considera que la única

vía para salvar la democracia española es la formación de un Gobierno de coalición UCDPSOE, apoyado

por las restantes fuerzas democráticas. Es partidario, al igual que Felipe González, de congelar el tema de

la integración de España en la OTAN, «porque no es buen momento para dividir a las fuerzas

constitucionales», se lamenta de que no sólo la Iglesia y EE UU hayan sido «lentos y tardíos» en

pronunciarse a favor de la democracia, «sino también la Unión Soviética», y se aprecia un claro tono de

tristeza en su voz cuando dice: «Si hay otro golpe de Estado y no fracasa, yo no me marcharía al exilio.

Otra vez al exilio, no».

Pregunta. Usted, como secretario general de los comunistas, ¿teme en estos momentos por la democracia

española?

Respuesta. Yo temo en estos momentos y he temido siempre por nuestra democracia, desde el principio.

El 8 de noviembre de 1978 mire si ha pasado tiempo desde entonces— leí un discurso en las Cortes donde

declaré lo siguiente: «Yo diría que el factor de desestabilización más serio en este país es la incapacidad

de las fuerzas políticas democráticas para unirse en una acción de Gobierno, mientras se consolida la

democracia», y mire, aquí, en el Diario de Sesiones, pone risas; sí se reían porque decían que yo estaba

siempre con lo mismo, pero yo añadía en mi discurso: «Los señores diputados que se ríen me da la

impresión de que están en esta Cámara como en una campana neumática, y que no se dan cuenta de lo

que está pasando en España». Quiero decir que aquellas palabras mías prefiguraron un poco lo que iba a

pasar, lo que podía pasar en cualquier momento, porque para mí estaba muy claro que el peligro existía.

Yo no necesito que se ponga la luz verde para ver que había luz roja, porque la luz roja se adivina nada

más encenderse la luz naranja, y desde luego que la naranja estaba encendida desde hace mucho tiempo,

ahí, delante de nosotros. Por eso creo que ha sido uno de los errores más importantes de las fuerzas

políticas españolas el no haber hecho caso. Claro que ahora parece que hay una cierta voluntad de

corregir ese error, y se habla del Gobierno de coalición.

P. Ese Gobierno de coalición que piden ustedes, el PSOE, algún sector de UCD y Coalición Democrática,

¿cree que llega a tiempo, en el supuesto de que se formase?

R. Yo creo que si llega, llega en el último cuarto de hora. Si ese Gobierno de amplia base parlamentaria se

hubiera formado cuando nosotros lo dijimos, probablemente las cosas se hubieran desarrollado de manera

muy distinta en este país; pero, en fin, aunque sea en el último cuarto de hora, sigo pensando en que es la

única salida a esta situación, porque si el Gobierno de UCD era débil con Suárez, que tenía una

personalidad fuerte, ¿cómo no va a ser más débil aún con Calvo Sotelo, quien, salvo sorpresas, no parece

tener el talante y la audacia que en algunas ocasiones demostró Suárez?

P. Usted ya ha dicho muchas veces que el PCE no pedía una presencia física en ese hipotético Gobierno

de coalición, pero sí la participación en un programa de actuación pactado entre todas las fuerzas. ¿Cuáles

serían para el PCE las bases sobre las que se tendría que elaborar ese programa?

R. Fundamentalmente, cuatro puntos: la democratización del Estado, la organización del Estado de las

autonomías. Bueno, en este tema yo creo que es necesario un pacto entre todas las fuerzas políticas, y,

sobre todo, hay que superar ciertas formas que ha adoptado en algunos casos el movimiento autonomista,

que parecía más una contestación a España que al Estado centralista. Es muy necesario dejar bien claro de

una vez que las autonomías son en España y con España, y que no significan disgregación ni disolución,

sino fortalecimiento del Estado, e igual ocurre con la bandera. La bandera española es de todos y debe

estar en todos los actos de las regiones y las nacionalidades, junto con la bandera autóctona, porque las

autonomías tienen que avanzar con la conciencia de que España es de todos, de que es una nación de

nacionalidades y regiones, donde las autonomías no son más que un medio para reforzar la idea de la

patria común de todos los españoles. Hay que cuidar mucho el tema de las autonomías. Los otros puntos

del programa a que me refería antes son, de un lado, el paro y la crisis económica; yo creo que un

Gobierno que quiera crear esperanza no tiene que vacilar en dar prioridad al tema del paro, incluso

aunque esto signifique un cierto endeudamiento —hoy, España no es uno de los países más endeudados—

y aunque esto signifique, y lo digo con toda responsabilidad, un cierto grado de inflación controlada. Pero

de poco serviría que bajase la inflación si al mismo tiempo España se va convirtiendo en lo que el

presidente del Banesto, el señor Aguirre, llamó «un cadáver económico». Queda un último tema,

importantísimo. Es el terrorismo: hay que combatirlo a fondo, con todas nuestras fuerzas.

´ Si el Ejército entra en el País Vasco ya no podrá salir´

P. ¿Cómo, señor Carrillo?

R. ¿Cómo? Poniendo al frente de la policía a demócratas que estudien la experiencia de la lucha

antiterrorista en otros países uno podría ser Italia—, dotándole de medios técnicos más eficaces, y, al

mismo tiempo, desarrollando la autonomía vasca dentro de los límites de la Constitución, pero sin temor.

Creo que ese es el único camino para acabar con el terrorismo.

P. Entonces, se supone que descarta del todo una intervención militar en el País Vasco, la declaración del

Estado de excepción.

R. Por supuesto, ya lo creo. Mire, si el Ejército entra en el País Vasco ya no podrá salir, porque cuando

saliera, la situación sería muchísimo más difícil de lo que es ahora. Yo creo que los que hablan de entrar

con el Ejército en Euskadi no tienen ni idea de cuál es la situación ni de cuál es el fondo de los problemas.

Ahora bien, otra cosa sería que se nos propusiera en algún momento dado que los grupos terroristas no

pudieran tener un doble legal. Yo creo que nosotros seríamos comprensivos con una propuesta de este

tipo.

P. ¿Está usted diciendo que sería partidario de dejar fuera de la legalidad a Herri Batasuna, Euskadiko

Ezkerra y Fuerza Nueva?

R. Sí, aunque yo no incluyo a Euskadiko Ezkerra, porque, aunque haya tenido relaciones con los

polimilis, hoy ya han renunciado a la lucha armada.

P. ¿Y también serían partidarios de cerrar sus órganos de expresión?

R. Sí, sí, por supuesto.

P. ¿Usted cree que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) es realmente consciente de la gravedad de la

actual situación política?

R. Yo creo que está claro que hay una realidad de los vascos que desgraciadamente se desarrolla muy

alejada de la realidad española. Pero teniendo en cuenta que es inconcebible cualquier proceso

autonómico o de libertades en Euskadi sin España, el PNV debería dar mayores muestras de

responsabilidad en las cuestiones de Estado. Por ejemplo, hay cosas que son difícilmente comprensibles,

como el discurso de Marcos Vizcaya en el debate de investidura, muy derechista, y luego en el País

Vasco su política es completamente distinta. Bien, el PNV un día tiene que decidirse. No se puede ser en

Madrid un partido de gobierno y en Euskadi un partido que no se sabe dónde está. Mientras un partido tan

importante como el PNV no tenga una actitud responsable y coherente, los partidarios del estado de

excepción y de la intervención de las Fuerzas Armadas irán creciendo cada día.

P. Volviendo al tema del Gobierno de coalición. ¿Cómo cree que vería el Ejército ese ejecutivo, integrado

también por los socialistas?

R. Yo creo que si el Ejército ve resultados políticos, el Ejército se tranquilizará con ese gobierno. El

problema es ése: que haya hechos que demuestren que España está gobernada.

P. Sin embargo, parece que UCD está dispuesta a seguir gobernando en solitario.

R. Eso parece, y bien podría calificarse como de una grave irresponsabilidad histórica. Ya es grave que el

Gobierno de amplia base parlamentaria no se haya constituido hasta ahora. Pero si después de todo lo que

ha pasado, siguen sin permitirlo, habría que decir que UCD, que jugó un papel positivo en un momento

dado de la transición, se ha convertido en el obstáculo número uno para el desarrollo de la democracia en

España.

´ No se puede juzgar a un militar por sus ideas ´

P. Entonces, ¿usted cree que, si UCD insiste en el Gobierno monocolor y el terrorismo sigue golpeando a

la democracia, podría haber un segundo golpe militar, que algunos piensan ya que sería definitivo?

R. Bueno, definitivo en este mundo no hay nada, y si hubiese otro golpe militar al cabo de unos años,

quienes fueran propiciarían un contragolpe. Ahora bien, yo nunca me he hecho la ilusión de que el poder

real estaba en el Parlamento. Si el Gobierno sigue siendo el de UCD, minoritario, seguirá fluctuando entre

los diversos poderes que hay en este país y haciendo concesiones a los que tienen más medios resolutivos,

en las manos. Por consiguiente podríamos encontrarnos con que el fracaso del golpe daba paso a una

política que en el fondo sería la que imaginaban los golpistas.

P. ¿Hasta dónde sería partidario de llegar en una depuración de las Fuerzas Armadas?

R. Pienso que los que son responsables, los que han actuado y participado en el golpe de Estado deben ser

castigados con el rigor de la ley, ya que tienen una responsabilidad directa que tienen que pagar. Pero yo

estoy convencido de que la gran mayoría del Ejército no ha tenido nada que ver, y está claro que no se

trata de juzgar a un militar porque tenga tales o cuales ideas.

P. Si el golpe de Estado hubiera triunfado, ¿usted hubiera vuelto al exilio?

R. Ah, no, eso si que no. He pensado mucho sobre esto y me quedaría en España, en la clandestinidad,

todo el tiempo que pudiera durar escondido, y después, pues Dios diría, pero yo no vuelvo al exilio por

segunda vez. No, hombre, ya está bien.

 

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