Autor: Gutiérrez, José Luis. 
 Eurísimos contra afganos. 
 Carrillo, entre dos fuegos     
 
 Diario 16.    07/08/1981.  Página: 20-21. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

PAGINAS CENTRALES

«EURISIMOS», CONTRA «AFGANOS»

CARRILLO, ENTRE DOS FUEGOS

Los comunistas ante su decisivo X congreso (II)

A LA DERECHA DE CARRILLO

El eurocomunismo tiene grandes valedores entre la camarilla dirigente del partido. Es el caso (1) de

Sartorius, Azcárate y Ballesteros. Luego su principal núcleo de arraigo es el grupo de concejales de

Madrid, en el que Cristina Almeida (3) tiene un merecido protagonismo. Eso, sin olvidar a los antiguos

«banderas blancas» del PSUC, que ven en Solé Tura (4) su máximo adalid y tampoco a los militantes del

partido en los ambientes artísticos, como Víctor Manuel y Ana Belén (5). Entre los parlamentarios,

además de alguno de los señalados, Pilar Brabo (6) también es figura clave dentro de esta tendencia

«euro».

A LA IZQUIERDA DE CARRILLO

Digan lo que digan, a una serie de viejos budas del partido siempre les terminará saliendo el ramalazo pro

soviético: es el caso (2) de Camacho, Gallego y Romero Marín. Federico Melchor (7) también es de su

cuerda, aunque bastante tendrá con defender su gestión periodística. Pere Ardiaca también tiene ahí su

sitio: nunca pensó que Frutos (8) le apuñalaría tan contundentemente. Destacados «afganos» son el líder

de Comisiones, de Madrid, Fidel Alonso (9) y el ínclito Paco García Salve (10), que ha dicho de Carrillo

las cosas más duras que se han escuchado en el precongreso.

EL próximo 28 de julio, Santiago Carrillo, secretario general del PCE, tras la constitución de la

mesa del X congreso del partido —de la que casi con toda seguridad formará él mismo parte— y de

aprobar el regla mento del congreso —punto éste del reglamento del que hablaremos más adelante se

levantará pausadamente de su asiento, se dirigirá al podio de oradores, ordenará el denso fajo de folios y

con su entonación características dirá: «Camaradas.»

Santiago mirará a los cerca de 2.000 delegados e invitados, con los ojos inmensos, vistos como a través de

dos peceras, de dos lupas, aumentados por las dioptrías de sus gafas bifocales.

El informe del comité central, elaborado y leído por Santiago, ha sido ya preparado en esquema por su

autor, que dedicará toda esta semana a escribirlo. Si las tesis del X congreso de las que hablaremos

ampliamente más adelante tienen una característica más intemporal, Carrillo incidirá en su informe en los

aspectos más temporales de la situación política. Insistirá asimismo en ciertos aspectos que en las tesis

apenas están contemplados con breves referencias de pasada. Así, uno de ellos es el desastre del diario

«Mundo Obrero», que le ha supuesto al partido la pérdida de más de 200 millones de pesetas y cuya

omisión de las tesis —apenas se dedican tres líneas a ello— ha creado una auténtica irritación en las más

diversas instancias del partido.

Otro de los puntos en los que posiblemente se detenga Santiago Carrillo será el de la autocrítica.

Tesis

En las tesis, los juicios sobre la actuación del partido y la línea política seguida se mueven entre el

triunfalismo y la benevolencia. Apenas unos breves párrafos en la segunda tesis que analiza el periodo

de transición, introduce en los debates cierta crítica, vaga y abstracta, hacia comportamientos recientes

del partido, como «insuficiente debate y explicación de la política del partido», etcétera.

Ideológicamente, el discurso de Carrillo se situará ante las dos posturas ya conocidas que convergen a

este congreso y que, eliminando matices y a riesgo de caer en inevitables esquematismos, son: «afganos»

y prosoviéticos, por un lado, y eurocomunistas renovadores, por el otro. Junto a Carrillo, aparatistas del

«convento de las Trinitarias» así motejan la sede del PCE en la calle de Santísima Trinidad— que

conforman las posiciones «oficialistas», formados a su vez por hombres de reconocida adscripción pro

soviética caso de Romero Marín, Ignacio Gallego, etcétera junto a eurocomunistas como Enrique Curiel.

Precisamente el caso de Curiel es singular, por ser en estos momentos uno de los máximos triunfadores

posibles en este congreso. Su figura de persona joven —treinta y tres años—, inteligente y hábil, uno de

los dirigentes jóvenes más valiosos, le ha granjeado las suspicacias entre los euro comunistas en el

«aparato».

Pilar Brabo, por ejemplo, no disimula su frialdad hacia el secretario del grupo parlamentario comunista, y

no digamos nada de el «aparato» de Santísima Trinidad, los antiguos hombres de las JSU, que le vigilan

con desconfianza y le consideran un «niño bonito».

Enrique Curiel, procedente de la Universidad madrileña, es una de esas típicas debilidades de obrero

desclasado que tiene Santiago Carrillo, que le hacen actuar con un cierto y afrancesado refinamiento; le

encanta ir a La Zarzuela a ver al Rey, fumar buen tabaco y usar ropa elegante, o rodearse de jóvenes

brillantes, inteligentes y bien parecidos como Curiel, José Maria Mohedano, o su actual secretaria, Belén

Piniés, quien, por cierto, en los románticos años de la clandestinidad, mantuvo un delicioso y apasionado

romance con Enrique. Es la imagen de la modernidad. Los «euros» dicen, no obstante, que tal

protagonismo, el de Curiel, dimana directamente de Santiago, y sería impensable saliéndose del «amén»

constante y adoptando actitudes medianamente críticas.

Pues bien: Curiel, que saltó directamente de las bases al comité central en el IX congreso y de ahí al

secretariado, de la mano de Santiago Carrillo, contemplará el X congreso como el de su consagración

definitiva como miembro del comité ejecutivo, organismo que según los nuevos estatutos cobrará aún

más importancia de la que tiene, a expensas del secretariado, que se convertirá en un organismo más de

gestión y vigilancia económica y administrativa.

Los «eurísismos»

Saltó en mayo de 1981 y levantó ronchas en el partido. Los cinco folios del documento «Por un

comunismo renovador», firmado por 252 dirigentes del PCE, casi todos procedentes de Madrid,

profesionales integrados en el «aparato» municipal y provincial del partido, hizo que Carrillo llamara a

los principales inspiradores del papel, para que retiraran públicamente su firma. No lo hicieron.

Previamente lo habían llevado a «Mundo Obrero» para su publicación, y la iniciativa no prosperó.

Romero Marín se irritó cuando se topó con Fernando Valenzuela uno de los firmantes del documento—

en la sede del partido. Y eso que el definitivo era una versión suavizada de uno inicial, mucho más duro y

terminante.

El documento, ya se sabe, tras serias críticas a la política del PCE a nivel municipal en los frentes

culturales e intelectuales, y poner de manifiesto la desconexión partido-sociedad, plantea unas propuestas

de renovación cuya parte más espectacular es la del cambio del equipo dirigente del partido.

«Hasta el Colegio Cardenalicio y los bancos, por hablar de dos instituciones bien conservadoras, tienen

periodo de jubilación», dice uno de los responsables.

Entre éstos, los más importantes son Alfredo Tejero, concejal del Ayuntamiento de Madrid; Eduardo

Mangada, primer teniente de alcalde —sustituto de Tamames— de Madrid; Cristina Almeida, también

concejala madrileña, y Larroque, vicepresidente de la Diputación.

Casi todos los firmantes del manifiesto son cargos públicos del partido, con buena imagen proyectada a

nivel nacional. Su estrategia es muy simple: intentar que Carrillo pacte con ellos en el congreso. Según

los «eurísimos», Carrillo no podrá mantener su imagen eurocomunista dejando fuera del acuerdo a estos

sectores renovadores.

Claro es que estos «eurísimos» son, para muchos miembros del PCE, demasiado renovadores, y en el

«aparato» algunos dirigentes ya ni siquiera les acusan de «socialdemócratas» y les llaman ya,

directamente, «radicales».

Veamos, como ejemplo, lo que dice uno de sus más conspicuos representantes, el concejal madrileño

Alfredo Tejero: «Lo primero que hay que hacer, para ser coherentes con una postura auténticamente

eurocomunista, es admitir, sin ningún tipo de ambigüedad, un fracaso histórico: el de la U.R.S.S., los

países del Este, China, Vietnam. Tan estrepitoso fracaso se asienta en esa concepción omnímoda del

poder del sistema comunista actual. No hay más remedio que admitir este fracaso y decir que el sistema

soviético es una tiranía atroz, que supera con mucho las dictaduras de derechas porque en éstas —véase el

caso franquista—, por lo menos, el poder está distribuido en distintas capas —político, económico,

ideológico—, mientras que el «aparato» soviético lo detenta en todas sus formas.»

La proeza de Carrillo

En el comité provincial de Madrid, las fuerzas están repartidas, y ya hay maniobras y escaramuzas ante el

X congreso. Y ya ha saltado el primer chispazo. Hace escasos días, un diario de Madrid publicaba una

denuncia contra un alcalde comunista, el de Alcalá de Henares, Ángel Fernández Lupión, al que acusaba

de cobrar el seguro de desempleo de forma fraudulenta. La denuncia era falsa, pero el periódico —el

diario «Ya» de Madrid— reproducía fotocopias oficiales que a juicio de los renovadores fueron filtradas a

la prensa en una acción típica de «guerra sucia» por los prosoviéticos de Getafe próximos al líder sindical

Fidel Alonso.

Efectivamente, el conocido dirigente de Pegaso, Lupión, es uno de los renovadores eurocomunistas. Fidel

lo niega enérgicamente; cree que estas campañas perjudican a todo el partido y al sistemas democrático.

¿Y Carrillo? ¿Qué piensa Carrillo de esto? Pues Santiago considera que el mayor peligro es que él y su

gente queden atrapados en una especie de pinza formada por dos tenazas, la de los «eurísimos» y la de los

pro soviéticos. No llegará de todas formas la sangre al río, porque, como dice Alfonso Guerra,

conociendo la estructura del PCE es prácticamente imposible descabezar a Santiago.

Sus seguidores, no obstante, consideran que el mérito de Carrillo es histórico y colosal. Conseguir en

pocos años llevar a un partido stalinista, sectario y pro soviético, a posturas eurocomunistas como las

actuales, es para ellos una auténtica proeza.

Santiago no puede por menos que considerar utópicos muchos de los planteamientos de los «eurísimos»

—«algunos, disolverían el partido, y lo que quedara lo meterían en el PSOE», señala uno de los hombres

próximos a Santiago—, pero sabe que el peligro no está ahí, sino en la ascensión de los «afganos» y pro

soviéticos. Y contra ellos plantea la batalla.

Mañana seguiremos.

 

< Volver