Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   A la caza del pro soviético     
 
 Diario 16.    08/08/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Diario16/8 – julio - 81

NACIONAL

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Los comunistas ante su decisivo X congreso (III)

HABLABAMOS ayer, queridos lectores, de los eurocomunistas renovadores, de los «eurísimos»,

encabezados por nombres del «aparato» municipal madrileño como Tejero, Almeida, Mangada, Malo de

Molina o Larroque —Diputación.

Y hablábamos también de la batalla que Carrillo y los «oficialistas» piensan plantear contra los «afganos»

o pro soviéticos», de cara al congreso.

La estrategia «afgana», que ha funcionado con óptimos resultados en Cataluña, ha consistido en la

utilización de Comisiones Obreras para desembarcar en el seno del PSUC. Ahí están, como prueba de la

seriedad del embite, la caída de López Raimundo y Gutiérrez Díaz en el V congreso, y el reciente e

inesperado éxito de este sector en el II congreso de CC 00, que lograron introducir en la ejecutiva 13

miembros, de un total de 49 —un 25 por 100 de los votos, que forman el colectivo dirigente a nivel

confederal.

Las líneas de ataque «afganas», se centran, principalmente, de cara al congreso, en las enmiendas

planteadas a los proyectos de tesis, y muy especialmente a la primera, la de política internacional. Frente

a las posturas «oficialistas» de criticas a Moscú y los países del Este, los pro soviéticos, inciden en la

lucha de clases internacionalizada, como catalizador universal de las aspiraciones de la clase obrera, y la

consideración del partido como «piedra de toque» de tal lucha, la famosa «piedra de toque», una de las

expresiones favoritas del partido en la clandestinidad, usada monótonamente y hasta la saciedad en los

años ocultos, y la creencia de que Moscú sigue siendo el faro iluminador del «bloque de clase».

¿Y cuál es la actitud de Carrillo y sus muchachos ante esta postura? Pues hombre, la respuesta es obvia.

No hay más que recordar los ataques al «soviético» García Salve. Y acaba de ser destituido Pere Ardiaca,

presidente de los comunistas catalanes. Claro es que otra cosa es el eurocomunismo de ciertos carrillistas

como Ignacio Gallego, Romero Marín o Federico Melchor, pero de eso hablaremos más adelante. Al

igual que los pactos secretos del viejo zorro de Carrillo con algún pro soviético conocido, como Fidel

Alonso.

Pero no para ahí la cosa. La dirección del PCE está firmemente decidida a presentar una dura y enérgica

batalla contra las corrientes «afganas» en el partido, batalla que se llevará a cabo en dos frentes. A nivel

de discusión y de maniobras tácticas, para evitar que ocupen el menor número posible de cargos en el

comité central que salga del X congreso. Así, los argumentos teóricos de Carrillo serán múltiples, pero

habrá uno de especial eficacia: el estrepitoso fracaso de la política pro soviética de Marchais en Francia,

que ha convertido al partido en una formación casi residual. Por no hablar del caso protugués, donde el

ceril sovietismo de Cunhal no ha servido más que para descabezar la posibilidad de un Gobierno de

izquierdas unida a la creciente pérdida electoral sufrida por el PCP.

A LA CAZA DEL PRO SOVIÉTICO

Después, los carrillistas piensan dar un serio escarmiento a los «afganos», un fuerte palmetazo de aviso

para que no queden dudas de que el congreso no será para ellos un paseo militar. «No se puede hacer nada

serio —señala un conocido dirigente carrillista— con un abejorro permanente en la oreja que te viene

desde Barcelona.» La conferencia del PSUC, a celebrar esta semana, en la que se elegirán los delegados

al congreso, será un buen termómetro para medir la relación de fuerzas.

Acción espectacular

Por otra parte, ya los carrillistas intentaron provocar una medida espectacular contra los «afganos», en el

seno del comité central, que consistía en una fuerte amonestación contra tres de ellos, el propio Pere

Ardiaca, Serradell (alias «Román») y Tribes, por sus críticas y no aceptación de las tesis eurocomunistas.

Sin embargo, el castigo —que hubiera tenido efectos muy llamativos— no pudo llevarse a efecto por la

hábil defensa que de sí mismos hicieron los tres dirigentes citados. Según Ardiaca, Serradell y Tribes, no

puede considerarse «fraccional» o ataque al partido el no estar de acuerdo con la línea seguida por sus

dirigentes máximos. Porque, según un importante dirigente del PCE, la reciente manifestación anti-

OTAN estuvo financiada por servicios del KGB pertenecientes a la Embajada soviética en Madrid

en el otro bando, los «eurísimos», acogiéndose a los actuales estatutos, han firmado un documento —el

del eurocomunismo renovador— pidiendo ser considerados como corriente de opinión, formulando

críticas mucho más duras y serias que las que efectúa el bloque «afgano». Y sin consecuencias ni castigos

visibles.

De todas formas, los «afganos» siguen su curso. La táctica de Moscú, empleada en Japón, Grecia y en

otros países, una vez fracasada la posibilidad de crear un segundo partido —en este caso el PCOE de

Enrique Líster, que no ha logrado implantarse— es clara: infiltrar en las filas del PCE elementos

desestabilizadores y pro soviéticos. La reciente convocatoria del pasado fin de semana contra la OTAN

fue un claro ejemplo. Ya señalamos la seria bronca de la dirección del partido, contra el apoyo del comité

provincial de Comisiones Obreras al acto, que en múltiples fuentes se considera de extraños orígenes. El

Gobierno tiene en sus manos un abultado dossier sobre el mismo, y a juicio de un importante dirigente

carrillista, «la financiación del evento corrió a cargo de los hombres del KGB enquistados en la

Embajada soviética en Madrid, que pudieron haber enviado los fondos, a través de una conocida empresa

de comercio hispanosoviético. Como es lógico, el partido no puede verse envuelto en semejantes

contubernios. Nosotros haremos nuestra campaña contra la OTAN por separado, en serio y aportando

razones y argumentos, no demagogia barata. Cuando estos señores de Moscú hablan de que para luchar

por la paz, hay que estar contra la OTAN, a mi se me ocurre decirles que empiecen ellos por Kabul»,

(capital de Afganistán).

Carrillo y los euros

Y hablábamos de la relación de los socialistas con los euros renovadores, a los que Carrillo necesita, y

con los que intentará llegar a un acuerdo en el congreso. De momento, algunas agrupaciones de

profesionales, desaparecidas con la famosa teoría de la territorialización, han vuelto a funcionar, aunque

van muy pocos miembros —abogados, periodistas, entre otros—. Y, por otra parte, Santiago tiene

preparados varios conejos en la chistera, con los cuales deslumbrar al auditorio. Por ejemplo: las famosas

vicesecretarías generales. El artículo 47 de los estatutos que se proponen al congreso, señala que «de

acuerdo con las necesidades de trabajo del comité central, éste podrá elegir uno o varios vicesecretarios».

Pues bien, aquí está uno de los conejos de Santiago, con el que pretende seguir ofreciendo la imagen de la

equidistancia. Los dos vicesecretarios previstos que Carrillo podría proponer son Jaime Ballesteros, por

un lado —que va adquiriendo un progresivo aspecto de «turco», según dice Tamames de él—, delfín

conocido en el seno de eso tan vago y poderoso que se llama «el aparato» y, por otro lado, Nicolás

Sartorius, el «euro» más exportable que tiene el partido, empeñado actualmente en mantener una posición

de reina madre, procurando no irritar ni a unos ni a otros. «Nicolás está actuando igual que Juan Carlos

durante el franquismo. Jura los principios nacionales del Movimiento para, después, desde dentro,

suprimirlos e instaurar la democracia en el seno de la casa. Lo malo es que a lo mejor pasa demasiado

tiempo y al cabo de los años ya no lo puede hacer, porque no existe el PCE.» Así se manifiesta uno de los

«eurísimos» más terminantes.

Y otro de los conejos de Santiago es la reducción del comité central. De los 160 miembros piensa

proponer un número entre 90 y 100, eliminando el resto. Y aquí se originará un pequeño drama humano,

porque del comité central sólo se salía por expulsión, o por muerte. Ahora tendrán que desaparecer más

de 60 ancianitos, que no han hecho otra cosa en su vida más que ser comunistas. El partido recurrirá al

socorrido remedio del miembro honorario del comité central —dignidad que ya existe—, y a los que lo

necesiten se les garantizará el correspondiente retiro, que entrará en la línea de los sueldos miserables que

se pagan en el PCE: entre 35.000 y 40.000 pesetas al mes —los mejor pagados, los parlamentarios,

alrededor de 75.000—. Realmente, hay que ser un asceta para resistir con tales salarios apoyándose en

esos planteamientos éticos —por equivocados que puedan estar— para conseguir una sociedad más justa.

Aquí se ha producido un cambio notable en la concepción de los órganos del partido por parte de Carrillo.

Si antes se hablaba que la presencia masiva en los órganos de dirección era signo de democracia interna,

ahora se habla de gigantismo y esclerosis en los órganos demasiado numerosos. Y mañana seguimos.

 

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