Ardiaca, destituido     
 
 Diario 16.    06/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Ardiaca, destituido

La historia del movimiento comunista es la historia de terribles pugnas internas por el poder en las que a

menudo se buscaban coartadas ideológicas para enmascarar las simples pretensiones de eliminar al

adversario. Las sucesivas purgas contra trostkistas, titistas, stalinistas o pro chinos operadas en el Partido

Comunista de la U.R.S.S., han ido teniendo a lo largo de los años puntual reflejo en sus homólogos

occidentales.

Baqueteado superviviente de todas esas luchas —en las que en el caso español, los que caían eran siempre

los enemigos de Carrillo—, Pere Ardiaca aprovechó hace unos meses la oportunidad de lanzar su zarpazo

de viejo león con resabios en el seno del PSUC. Ni su compañero de quinta López Raimundo, ni el joven

e inteligente Antoni Gutiérrez resistieron tan inesperado y contundente embate prosoviético.

Pero el triunfo de Pere Ardiaca ha sido efímero, pues para el movimiento comunista no era sostenible la

idea de un PSUC en esencial discrepancia del PCE. No es que su política fuera muy divergente, pues la

experiencia demuestra que en la España de hoy el margen de maniobra para la izquierda es estrecho. Pero

habían quedado rotas las amarras de la obediencia hacia Carrillo y eso era algo inasimilable para los

adoradores del centralismo democrático.

La destitución de Ardiaca, víctima de los manejos de quien fuera su principal cómplice en la «cantata

afgana» del V Congreso del PSUC, Francesc Frutos, supone el primer indicio tangible de que Carrillo va

a conseguir prorrogar con cierta comodidad su hegemonía en el X Congreso del PCE.

 

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