Autor: Martín Bernal, Obdulio. 
 El PCE cierra filas ante la batalla electoral que se avecina. 
 Carrillo opina que los expulsados podrán volver a ocupar sus puestos     
 
 ABC.    16/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

NACIONAL

MIÉRCOLES 16-6-82

«El PCE cierra filas ante la batalla electoral que se avecina»

Carrillo opina que los expulsados podrán volver a ocupar sus puestos

MADRID (O. M. Bernal). Tras el último y maratoniano debate de la pasada semana en el Comité Central,

el PCE va a cerrar filas para dar, en las mejores condiciones posibles, la gran batalla electoral que se

avecina. Esta es la confortable valoración con la que Santiago Carrillo daba ayer por zanjada, en rueda de

Prensa, la ultima y notable escaramuza de la crisis interna que los comunistas vierten arrastrando desde

hace más de un año.

El ensombrecido horizonte electoral parece haber actuado como un factor de ida y vuelta en esta última

refriega intestina en la cúspide del PCE. Fue el desencadenante inmediato de las serenas iras de Sartorius

y Camacho y ha terminado siendo el «leit motiv» de Carrillo para cerrar con una rápida aunque trabajosa

cura de urgencia la contestación de la «cumbre». El propio secretario general utilizaba el telón de las

elecciones generales como explicación a su permanencia al frente del PCE: «Si me decidí a retirar la

dimisión fue porque el Comité Ejecutivo hubiera dimitido en bloque en solidaridad conmigo y esto habría

dejado al partido totalmente imposibilitado para comparecer a los próximos comicios generales en

condiciones de obtener un resultado honorable.»

Carrillo hizo una larga introducción de tres cuartos de hora antes de someterse a las preguntas de los

periodistas. Anduvo parco y proclive a las reducciones cuando se refirió a la crisis interna, y vibrante,

convencido, como en sus mejores tiempos, cuando habló de la situación política general, del resto de los

partidos, de la estrategia comunista...

Su locuacidad política perdió mucho al llegar las preguntas de los informadores, obviamente más

interesados en lo que Carrillo lo estaba menos. Hay que decir que respondió, bien que escuetamente, a

todas las cuestiones y sin hurtar la cara. Y aunque la rueda era claramente rememorativa, fue sembrando

como sin darle importancia algunas opiniones «novedosas». Aseguró, por ejemplo —subrayando que

como opinión personal— que no tendría ningún inconveniente en que la política, de puertas abiertas del

partido (sugerida muy ambiguamente en la resolución aprobada en el Comité Central) signifique la vuelta

de los expulsados y destituidos a los puestos que ocupaban, aunque antes había dicho que era contrario a

las medidas de reconciliación y amnistía porque representaban la reapertura de todas las polémicas

habidas en torno, antes y después del X Congreso. Una de cal y otra de arena. Dijo que el partido no tiene

propósitos de expulsar a los disidentes renovadores que se han afiliado a la Asociación para la

Renovación de la Izquierda. Que les va a dar un largo periodo de reflexión. Y, casi a renglón seguido,

tuvo palabras muy displicentes para la «señora Pilar Brabo», que, al anunciar su paso al Grupo

parlamentario Mixto, «ha vuelto a hacer otro numerito de crisis que no es más que una pantomima, puesto

que de hecho ya no estaba con nosotros».

Pero el tono general fue de «comprensión y benevolencia» y eso significa que o Carrillo ha salido muy

robustecido o que este segundo asalto a su sillón le ha hecho consciente de su debilidad y va con pies de

plomo.

Optimismo, desde luego, no le falta, al menos a simple vista. Tanto como para reducir el conflicto con

Sartorius .....y con Camacho, en definitiva— a que éstos querían dar una vuelta más a la manivela de la

polémica interna, contrariamente a sus deseos de cerrar filas y encarar los problemas «externos», que son

muchos y más graves que los de los comunistas. En cualquier caso, el Comité Ejecutivo parece que va a

ampliarse —se está consultando a los candidatos, según dijo— y no habrá un segundo vicesectetario, tras

la retirada de Sartorius, su otrora más cualificado delfín. Optimismo que le lleva también —contra toda

clase de signos y augurios— a la confianza en obtener unos resultados «honorables» en las próximas

elecciones.

Pero Carrillo se movió mucho más cómodamente en sus diagnósticos y críticas a la situación política

general. Afirmó que el PCE va a hacer lo posible para que el Gobierno llegue a 1983, «aunque no pueda

pasar por cosas como la permanencia de Robles Piquer en la TVE». Denunció una vez más los peligros de

la bipolarización izquierdaderecha, o del bipartidismo PSOEAP. Y defendió la necesidad de que se

produzca una colaboración entre la izquierda y las fuerzas progresistas de la burguesía, para que la

consolidación democrática cobre peso.

 

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