Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
 De ayer a hoy. 
 La crisis del PCE     
 
 ABC.    11/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

De ayer a hoy

La crisis del PCE

El Poder es la única diferencia formal que existe entre la crisis de Unión de Centro Democrático —si

alguien recuerda que la «U» de UCD es de «Unión»— y la crisis del Partido Comunista Español. UCD

inició halagadoramente su carrera, una carrera que, según Fraga, no durará más de diez años. Sus líderes

se fijaban con secreta dicha en el PRI mexicano, heredándose a sí mismo «ad infinitum». Sin embargo, en

principio era un buen proyecto, si descontamos las opiniones a posteriori de los sectores entonces

concurrentes y que ahora se han desgajado o están a punto de hacerlo.

El PCE renació con fuerza también. Luego de las diversas crisis padecidas en la clandestinidad,

empezando por la de Claudín y Semprún, el PCE llegó fácilmente a la Universidad y, en general, a las

áreas de cultura, viniendo a significar, en los últimos años del franquismo, un airoso compromiso

democrático que a veces llegó hasta el exhibicionismo. Y su legalización, hecha por Suárez, hizo salir de

la catacumba toda una línea de cabezas blancas que más tarde vimos en los escaños del Congreso. Fue el

breve tiempo emblemático de Dolores Ibárruri y de Rafael Alberti, el cual habría de irse del Congreso no

mucho después mediante unas coplas en las que hacía pública su decisión, a su estilo, y que yo publiqué

en la «Hoja del Lunes» que dirigía Gómez Figueroa. Fue una buena época para el PCE.

Pero ni la política de consenso seguida por los comunistas y cristalizada en los Pactos de la Moncloa; ni

las elaboraciones teóricas y prácticas de un eurocomunismo según el modelo de Enrico Berlinguer, que

había renovado triunfalmente las tesis de Togliatti; ni el poder sindical de Comisiones Obreras, bien

visible en el esquema laboral; ni el abandono del leninismo en el IX Congreso; ni la resistencia, hasta la

ruptura, frente al entusiasmo prosoviético del PSUC; ni el escrupuloso respeto a los límites impuestos a la

acción política por la Constitución, lograron detener el «descensus» vertiginoso del PCE.

Hoy, al igual que UCD, el PCE está en crisis profunda. Las oleadas de disidentes conspicuos han ido

sucediéndose hasta tocar fondo, que viene a ser como si la pescadilla se hubiera ya enroscado

completamente y se mordiera la cola. Porque eso es lo que significan las dimisiones de Santiago Carrillo

y de Nicolás Sartorius.

El análisis teórico de esa crisis tendría que empezar por la alta descripción de su precipitante cauce, el de

no haber distinguido seriamente entre dialéctica y razón. Porque —valga como ejemplo oportuno— fue la

dialéctica y no la razón la que hizo esperar inútilmente a Marx la rebelión en Inglaterra de los obreros de

la industria, cuya desesperación era cuento de hadas comparado con la de los campesinos, que se morían

de hambre al borde de los senderos con el vientre lleno de hierba. Por eso el fracaso del PCE en la tierra

andaluza parece una retrospectiva. Y así la gran crisis se ha hecho inevitable—CANDIDO.

 

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