Autor: Carandell, Luis. 
   Adiós a Carrillo     
 
 Diario 16.    08/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

CARANDELARIO

Luis Carandell

Adiós a Carrillo

Los sentimientos que despierta la dimisión de Santiago Carrillo son contradictorios o, como se decía en

buen castellano, encontrados. La antipatía que he sentido por algunas de sus actitudes es simultánea con

la admiración que me ha causado su entrega, que llega casi al autosacrificio por la causa de la

democracia.

El Partido Comunista, con Santiago Carrillo o sin él, es un partido que me atrevería a calificar de

«eclesiástico». Y con ello no trato de bromear sobre el hecho de que Carrillo haya sido quien con mayor

frecuencia ha invocado a Dios en el Parlamento.

Un partido es eclesiástico cuando sus líderes hablan siempre en el tono de quien está en posesión de la

verdad y sus bases les creen, sin crítica, a pies juntillas. Los «críticos» del Partido Comunista ya se

marcharon, o fueron expulsados, porque tenían poco que hacer en el ambiente de «catolicismo

preconciliar» impuesto por la mentalidad del PCE.

Pasar de un grupo parlamentario de 24 diputados a cuatro diputados en el grupo mixto no es algo que se

pueda lograr sin esfuerzo. Un esfuerzo por mantener lo antiguo, lo vetusto, lo pasado de moda que,

mucho me temo, va a continuar prevaleciendo después de la marcha de Carrillo. El sacramento del orden,

ya se sabe, imprime carácter. Y si Juan Pablo II, a quien nadie negará ser católico, adapta su vieja

doctrina a las exigencias de la modernidad, esa otra iglesia del PCE se empeña en seguir siendo «más

católica que Dios».

El agradecimiento, pues, que debemos por tantos motivos a Carrillo no debe impedirnos ver cuán cara se

paga la obsolescencia, sea en la industria o en la religión.

 

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