Autor: Vaquero, José Manuel. 
   Los disidentes del PCE en Asturias ven a Iglesias como una continuación del carrillismo     
 
 El País.    08/11/1982.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

lunes 8 de noviembre de 1982

Los ´disidentes´ del PCE en Asturias ven a Iglesias como una continuación del ´carrillismo´

JOSÉ MANUEL VAQUERO, Oviedo

Los disidentes del PCE de Asturias, hoy fuera del partido, consideran la elección de Iglesias para la

Secretaría General como un intento desesperado de Carrillo dirigido a salvar el carrillismo y a tratar de

neutralizar la creciente tendencia hacia una revisión crítica de la política seguida por el secretario general

dimisionario en la transición democrática en España.

La tercera conferencia regional del PCE de Asturias, celebrada en marzo de 1978 en Perlora, representa la

primera contestación seria, desde dentro, hacia los métodos estalinistas de la dirección del partido,

posteriormente surgida, incluso con mayor fuerza, en otras regiones nacionalizadas de España, según

Vicente Álvarez Areces, ex secretario general del PCE de Asturias y ex miembro de los máximos órganos

de dirección del partido, que encabezó el abandono de la citada conferencia regional protagonizado por

más de cien delegados. Este conflicto interno, que fue seguido de un largo proceso de expulsiones y bajas

voluntarias, situó a Gerardo Iglesias, con el apoyo de Santiago Carrillo y Horacio Fernández Inguanzo, al

frente del comunismo asturiano.

Areces interpreta la elección de Iglesias por Carrillo como un salto en el escalafón hasta encontrar al

hombre más fiel "para continuar dirigiendo el partido", afirma, "a través de una persona interpuesta, que

tratará de evitar la revisión crítica de la política comunista desde 1977 hasta ahora". Álvarez Areces niega

a Iglesias la condición de dirigente renovador y le atribuye la responsabilidad de ser el primer depurador,

siguiendo las instrucciones de Carrillo, de la militancia comunista española al ejecutar un vasto proyecto

de expulsión en Asturias, tras la conferencia de Perlora, que, en su opinión, rompió el movimiento obrero

asturiano y despidió a los sectores intelectuales.

No descarta Álvarez Areces la posibilidad de que Carrillo trate de convertir a Iglesias en un gestor de la

situación hasta la celebración de la conferencia nacional del PCE, en la que podría intentar el retorno a la

secretaría general, aunque estima que si pretende ese objetivo será inútilmente, "porque se encuentra muy

quemado", añade, "y el proceso de revisión crítica del carrillismo es irreversible".

A raíz de la conferencia de Perlora, el sector oficialista acusó a los disidentes de "estar pagados por el oro

de Moscú"; pero, muchos de ellos se encuentran hoy próximos al PSOE o se han afiliado a este partido.

El caso más significativo es el de Herrero Merédiz, quien, tras de 20 años de militancia en el PCE, acaba

de ser elegido senador socialista. Otros disidentes se incorporaron a la corriente sindical de izquierda

escindida de CC OO, con fuerte implantación en Gijón, y algunos trabajan en asociaciones culturales sin

pertenecer a partido político alguno.

Otros sectores de la sociedad asturiana tienen opiniones más favorables de Iglesias. Políticos de la

derecha, como Juan Luis de la Vallina e Isidoro Fernández Rozada, de AP, y Emilio García Pumarino, de

UCD, no ocultaron jamás sus simpatías por el nuevo secretario general del PCE.

 

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