Autor: Ribó, Rafael. 
   La hora de replantear la opción comunista     
 
 El País.    08/11/1982.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

TRIBUNA LIBRE

La hora de replantear la opción comunista

RAFAEL RIBO

El autor, conocido dirigente comunista catalán, reclama un análisis profundo de las causas que han

motivado la drástica disminución de votantes que han elegido la opción política representada por el PCE

y el PSUC, y analiza los cambios en la política y en las personas que están al frente de ambos partidos.

"Se ha sufrido un descalabro que requiere valentía y audacia", afirma, "y no posibilismo y continuismo".

Los más destacados dirigentes del comunismo español y catalán hicieron oídos sordos a las advertencias

que sonaron a raíz de las elecciones al Parlamento andaluz (mayo 1982), y es posible que ahora la

situación tenga difícil remedio. El "voto útil" fue entonces, y es hoy otra vez, la explicación más aceptada

del fracaso comunista. Pero como ya se argumentó, si hay un voto útil, es que hay también un voto inútil,

y el dirigente no se puede limitar a hacer como el sociólogo que describe cambios de votos.

El dirigente debe explicarlos, debe preguntarse sobre la inutilidad de su opción y sacar las consecuencias.

El PSOE ha aspirado centenares de miles de exvotantes comunistas porque ha sabido presentar una

imagen de partido moderno, joven, unido, con disposición electoral para cambiar las cosas, y ha dado una

imagen de gobierno y de gestión. Todo ello aumentado en un sistema político donde el partido que

gobernaba (UCD) vivía un proceso de autodestrucción en el cual se evidenciaban aún más los vestigios

del franquismo presentes en la Administración y en la sociedad española. No es de extrañar, entonces,

aunque sorprenda y no tenga parangón, la enorme fluctuación de votos que se ha producido el 28 de

octubre.

División interna

Cerca del 50% de los votantes han cambiado de voto respecto a 1979 (cuando en un sistema electoral

estabilizado se da como máximo una banda de variación de hasta un 25%, que es la que decide mayorías).

De esta fluctuación creo que se deben deducir dos consecuencias: la falta de organización y arraigo de los

partidos políticos, y el pragmatismo de los electores inclinándose hacia opciones claras y simples a

derecha e izquierda. También se deben tener en cuenta la fuerte estatalización de las elecciones (las

alternativas estatales quedaban primadas, por ejemplo desde la Televisión), y el afán de bipartidización.

Así y todo, cabe no olvidar que los denominados partidos nacionalistas (PNV y CiU) han resistido el

embate electoral incluso aumentando ligeramente su fuerza.

Todas estas causas extrínsecas (junto a otras menores que por razón de espacio no puedo analizar) tienen

su particularización en el comunismo. El PCE y el PSUC se presentaban después de sufrir graves

problemas de división interna resueltos por la vía del autoritarismo. La imagen del PCE como opción de

gobierno a nivel estatal, era prácticamente nula, y su núcleo dirigente se ha mantenido desde hace muchos

años, pasando por todas las etapas (guerra civil, guerra fría, estalinismo, desestalinización,

eurocomunismo, etc.) sin renovación real.

En los análisis políticos es malo quedarse sólo con explicaciones subjetivas, pero también lo es buscar

sólo factores externos justificando así de antemano todo error propio. Y en este sentido el PCE y el

PSUC, sobre todo el primero, a partir de un equipo y un método de dirección han practicado

constantemente el hábito de debates interiorizados sobre temas alejados de la incidencia política y de las

preocupaciones sociales. Se han artificializado polémicas con el afán de esconder los problemas reales (el

IX Congreso del PCE se centró en el debate sobre el leninismo y el X sobre el eurocomunismo).

Como muestra, un botón: valga la anécdota de Santiago Carrillo proponiendo a la primera conferencia del

PSUC, en primavera del 78, que se debía abandonar el término "leninismo" para poder dar en cinco años

un salto electoral, que si no requeriría como mínimo veinte, para pasar del 9 al 30 por ciento a nivel de

Estado. Aquella propuesta indicaba ya un modelo de partido y de acción política. Es lo que otros han

calificado de "despotismo ilustrado" o "superestructuralismo". Igualmente, ¿cuántos esfuerzos y

enfrentamientos se han malgastado tras el término eurocomunismo para que luego éste, en la práctica, no

apareciera en toda la campaña? Su escasa importancia electoral muestra el sectarismo con que fue

utilizado desde muchos bandos, llevando a una autodestrucción. Las crisis internas se deben a causas

profundas. Hay que buscar sus raíces y seguir su evolución a partir de sus primeros síntomas

(paradójicamente Perlera, Asturias, en 1978).

Cambios profundos

Ahora el PSUC, en concreto, debe meditar sobre la dilapidación de su enorme capital acumulado durante

el franquismo hasta 1977. El componente antifranquista (sin duda de mayor transcendencia que el

marxista, en aquel periodo) aglutinó sectores sociales diversos y permitió proyectar una verdadera

alternativa de izquierdas en Cataluña. Pero, atrapados por el temor a enfrentarse a lo anteriormente

descrito, se prefirió refugiarse en un tacticismo localista. La renuncia a una política propia, que desde el

PSUC hubiese servido para modernizar el PCE, fue el principal error de aquél, y tarde o temprano la

dinámica estatal debía afectarle también, como ha sucedido ahora que casi iguala —y a la baja— el

porcentaje de votos del PCE.

Los cambios no deben quedarse sólo a niveles espectaculares de personalización. El proceso de

sustitución de Santiago Carrillo genera muchas expectativas. Un análisis demasiado subjetivizado

fomentaría esquemas palaciegos de saber quién está mejor situado. Se ha sufrido un descalabro que

requiere valentía y audacia para impulsar sin tapujos un proceso de discusión entre militantes, en los

ámbitos de influencia social y electoral, con una especial atención a los sectores sindicales y

profesionales. Igualmente se deben remodelar a fondo las responsabilidades políticas de dirección. Al

mismo tiempo cabe tomar medidas a corto plazo, que no excluyen lo anterior, frente a problemas como la

eficacia parlamentaria, las deudas electorales, las elecciones sindicales y municipales.

Es imprescindible replantear la opción comunista, cuestión nada sencilla en el seno de una sociedad

consumista, teniendo en cuenta el "enojoso problema" de las nacionalidades en el Estado español. Hay

que situarse en la realidad concreta a partir de las elecciones del pasado (¿qué ha pasado desde 1977?),

con cifras reales (el porcentaje de votantes, su distribución territorial y social, número de militantes y de

afiliados en los sindicatos, etc.).

Es hora de abandonar los llamados posibilismos y urgencias electorales (ya es triste afirmarse posibilista

cuando se dispone tan sólo del 4% de los votos) para que todo siga básicamente igual. El continuismo se

escondería tras el "voto útil", los mismos métodos y las mismas propuestas. Tampoco vale refugiarse bajo

la Verdad comunista ("el electorado va engañado") por más que uno proclamase "representar a la clase

obrera" (a pesar de que Alianza Popular tiene millares de votos más que nosotros en los sectores obreros

industriales, y no digamos el PSOE).

Si se desea iniciar la recuperación de la incidencia de un proyecto real de transformación de la sociedad,

de nada sirven ni la Verdad estalinista ni el posibilismo. La apuesta no es a corto plazo.

Rafael Ribo es portavoz del PSUC en el Parlament de Catalunya, y se le sitúa dentro de la corriente

leninista de los comunistas españoles.

 

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