Autor: Ibáñez, Juan G.. 
 El dirigente comunista presenta hoy su libro Memoria de la transición. 
 Carrillo: El Gobierno socialista es un esclavo de los intereses americanos     
 
 Diario 16.    29/09/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

NACIONAL

29 septiembre83/Diario 16

Juan G. IBAÑEZ

Santiago Carrillo presenta esta tarde en Madrid su último libro —«Memoria de la transición»—, en el que

aparece el Gobierno español como un esclavo de los intereses norteamericanos. El dirigente comunista

presenta al PSOE al borde de convertirse en un elemento más del «sistema de dominación» y atribuye su

triunfo electoral al «posibilismo desencadenado por el golpe».

El dirigente comunista presenta hoy su libro «Memoria de la transición»

CARRILLO

"EI Gobierno socialista es un esclavo de los intereses americanos"

Madrid — El ex secretario general del PCE Santiago Carrillo sugiere abiertamente en su libro «Memoria

de la transición», que el PSOE está en el camino de convertirse «en una pieza del sistema de

dominación». Carrillo, que alinea así al Gobierno socialista con «los poderes tácticos, institucionales y

financieros y el imperialismo norteamericano», señala que el PSOE puede situarse más a la derecha de la

socialdemocracia alemana y el laborismo inglés. Y proclama, contundente, que «este cambio no es el

nuestro». El libro, que será presentado esta tarde en un hotel madrileño, apenas responde al anunciado

del título. Más bien se trata de un largo análisis, donde la interpretación de los hechos ocupa el lugar de

la revelación de datos desconocidos para opinión pública. Incluso se advierte la omisión de algún

«hecho» ya histórico, como la fracasada Huelga Nacional Pacífica, mientras abordan las exhaustivas

justificaciones de la «justeza» de la política por él dirigida en el partido. La aportación documental a la

historia política de la transición se reduce a constatar que Suárez se enteró por los comunistas de la

conspiración militar de Játiva —«Xativa»— y ratificar que a principios del 79 Suárez y Abril pergeñan

con el PCE un programa de gobierno.

Peor que UCD

Carrillo lleva la sobreestimación del papel de su partido hasta los juicios sobre la actitud de la Corona. «Si

el PC E no hubiera comprendido el papel de la Monarquía en esta fase histórica (1977-79) tirando de ella

hacia la izquierda en vez de empujarla en manos de la derecha y la ultraderecha (...) —sostiene el

dirigente comunista — se puede dudar de que a estas horas España fuese una democracia.»

Carrillo rompe una reciente tradición de no realizar conjeturas sobre la labor mediadora del Rey y, tras

reconocer que la Corona actúa como un factor de equilibrio, advierte que «las bisagras cuando tienen que

aguantar tensiones fuertes entre el marco y la puerta —permítaseme el símil— se desgastan y hasta se

deforman. De ahí — señala más adelante Carrillo— que mientras Su Majestad no se vea liberado del tirón

de estas tensiones, mientras el aparato coercitivo del Estado no se halle mejor integrado, por

convencimiento propio, en el marco institucional parlamentario, habrá precariedad y será imprudente

proclamar terminada la transición.»

En la introducción al libro, a la que pertenecen los párrafos anteriores, Carrillo adelanta ya su

enfrentamiento al Gobierno. «Ese Gobierno —resume— mantiene hoy, con más rigor que UCD, lo que

podría ser una política de centro moderado, basada en el monetarismo, en la reducción de las rentas

salariales, en el apoyo subsidiario a las grandes empresas privadas desfallecientes, en la reconversión

industrial salvaje, en el desmantelamiento y privatización de la seguridad social y, en definitiva, en la

dependencia norteamericana.»

Ante esta visión y la perspectiva de la crisis mundial, Carrillo hace la admonición de que el

PSOE puede perder en un par de años buena parte de los diez millones de votos. Después indica que

«para nosotros, se presenta la posibilidad, en condiciones que antes no se daban, de un importante

desarrollo de la fuerza del PCE y de su papel político».

Tras opinar que «la victoria del PSOE y el ascenso de AP son un éxito del apogeo del posibilismo

desencadenado por el golpe», Carrillo adelanta que, así como «eurocomunismo y Estado» iba dirigido

«contra el sectarismo y el dogmatismo», éste lo está contra la «lectura derechista del eurocomunismo,

contra el liquidacionismo», es decir, contra la política de la actual dirección del PCE.

Al enjuiciar la posguerra española, Santiago Carrillo afirma que el PSOE, «inspirado por Prieto y

conducido por Llopis, cifra sus esperanzas no en la acción del pueblo, sino en la ayuda de las potencias

occidentales». El dirigente comunista responsabiliza a los socialistas del «desarrollo entre amplios

sectores de la actitud de pasividad y espera que ha afectado profundamente todo el proceso de la

transición española.»

El dirigente comunista llega a afirmar que «el PSOE, en el fondo, se preparaba también para la sucesión»

al franquismo en una estrategia de «evitar el enfrentamiento directo con la dictadura». Carrillo alinea al

PSOE con Ruiz-Giménez, Antonio Jovar, Dionisio Ridruejo y Laín Entralgo; una «oposición» que

pretendía la «sucesión al régimen», mientras que la «oposición» en que se inscribía el PCE «planteaba —

dice Carrillo — el cambio de régimen por medio de la lucha». El líder comunista llega a sostener más

adelante que esas dos «oposiciones» se corresponden con dos concepciones de clase, según lo cual el

PSOE se alinearía con la burguesía dominante.

Dominación

Esta línea de interpretación la desarrolla Carrillo al juzgar la actual situación española. «La política de

gobierno amenaza convertir al PSOE — premoniza— en una pieza del sistema de dominación,

sustentado en la colaboración de los poderes tácticos, institucionales y financieros con el imperialismo

norteamericano, lo que no fue la UCD más que muy precariamente y sólo bajo CalvoSotelo.»

Aunque Carrillo formula el comentario bajo el aire de una advertencia, es consciente de que el uso de ese

tratamiento representa una vía para condenar, de hecho, al PSOE a ser tratado ya como elemento real de

dominación.

El diputado comunista muestra, a través de Alfonso Osorio («Trayectoria política de un ministro de la

Corona»), que la manifestación celebrada tras la matanza de los abogados laboralistas de la calle de

Atocha determinó un cambio radical de opinión en Adolfo Suárez, quien hasta ese momento no había

considerado seriamente la legalización del PCE.

Carrillo atribuye las crisis internas de su partido a la quiebra de la «cultura» tradicional comunista y al

hecho de que no se haya producido un cambio revolucionario, donde el PCE habría tenido un papel de

protagonista.

Las crisis

El ex secretario general insiste en su conocida tesis de que la crisis del PCE no tiene fundamentalmente

«causas congénitas», e incluso señala que si algo lamenta es «no haber sido más expeditivo» con los

«renovadores».

Tras atribuir la actitud crítica de Fernando Claudín y Jorge Semprún, expulsados del PCE a mediados de

los sesenta, al «cansancio» de su militancia. Carrillo inscribe a la actual ejecutiva comunista «en la más

pura tradición staliniana» al convertirle en chivo expiatorio, Carrillo, que insinúa que la ejecutiva del

PCE vive el «espíritu acomodaticio, oportunista, pequeño burgués» de subirse al «tren del cambio», no

pierde la oportunidad de presentarse como abanderado del marxismo y fiel intérprete del eurocomunismo.

Carrillo pide trabajar por el entendimiento con los países del Este y afirma que «los pueblos soviéticos no

son esos guerreros ansiosos de lanzarse sobre un Occidente reblandecido por la molicie». En su crítica de

la situación internacional responsabiliza a Estados Unidos de la crisis mundial y la carrera armamentista,

aunque mantiene las críticas sobre el funcionamiento interno de la U.R.S.S.

 

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