Otra vez Gibraltar     
 
 ABC.    22/07/1973.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. DOMINGO 22 DE JULIO DE 1973. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 18.

OTRA VEZ GIBRALTAR

Expresábamos en nuestro comentario editorial del pasado día 6 la opinión de «que nuestra diplomacia da

por concluida una importante fase de espera, de libramiento de créditos y otorgamientos de fianzas a los

más de sus principales interlocutores». Hechos subsiguientes vienen a corroborar nuestro juicio. Primero,

ha sido el mismo énfasis con que fue rechazado el mandato de negociación de la Comunidad Económica

Europea. Después, la nota entregada por el representante español ante las Naciones Unidas, en la que se

dan por rotas las conversaciones con Gran Bretaña sobre Gibraltar. Este tipo de diálogo —insuficiente—

entre los Gobiernos de Londres y Madrid, ha pasado del estado de suspensión en que fue declarado, luego

de la última visita del señor López Bravo a la capital del Reino Unido, al de caducidad definitiva.

La nota española hace un recuento exhaustivo de todos los baldíos contactos habidos en los últimos

cuatro años entre las partes, y señala, claramente, la imposibilidad de continuarlos, toda vez que el

interlocutor británico, además de escudarse en la Constitución que ilegítimamente otorgó a la población

gibraltareña, ha seguido incurriendo en violaciones del espacio aéreo y de las aguas territoriales de

España, transgrediendo, al tiempo, la neutralidad de la zona del itsmo. Pero acaso lo más significativo de

la denuncia presentada ante Kurt Waldheim, en lo que específicamente respecta a la sobrevenida

necesidad de un endurecimiento diplomático por parte nuestra, son las palabras finales del documento a

que nos referimos:«Hasta tanto podamos dar una cumplida satisfacción a la opinión pública española, que

exige la descolonización de Gibraltar conforme han estipulado las Naciones Unidas, mi Gobierno tendrá

que meditar muy seriamente sobre los pasos adicionales que deba dar en relación con este problema.»

Idéntica advertencia es la contenida en el discurso pronunciado el viernes por el presidente del Gobierno,

almirante Carrero Blanco, ante el Pleno de las Cortes, al referirse a Gibraltar:

...«Es éste un contencioso que necesariamente hemos de suscitar en todos los foros y que impide que

nuestras relaciones con Gran Bretaña lleguen a alcanzar la plenitud que sería deseable para ambos

pueblos... Corresponde ahora a la parte británica reflexionar sobre las tesis y sugerencias que le han sido

expuestas e introducir algún nuevo elemento en la consideración del problema que permita la

negociación. Mientras tanto, nos reservamos, por nuestra parte, plena libertad de acción en el tratamiento

político de esta cuestión, que desde hace doscientos sesenta y nueve años es una herida en el sentimiento

de todos los españoles.»

«Pasos adicionales», «plena libertad de acción»... Hay algo más que ruptura del diálogo; que estricto fin

de las conversaciones. Planteada queda la alternativa de una negociación seria y conformada a los

derechos españoles que la O. N. U. sancionó, o la adopción, por nuestro Gobierno, de medidas y

actuaciones tan unilaterales como legítimas. ¿Cuáles?

Son muchas, tanto políticas como económicas y militares, salvada la expresa renuncia de España a ir a

una guerra por Gibraltar. Podría ser, entre ellas, por ejemplo, el uso de nuestros derechos soberanos en la

zona hasta el punto de que se inutilizara (bien por la colocación de navíos en el límite de las aguas

jurisdiccionales, bien por la instalación de globos cautivos) el aeropuerto construido por los detentadores

de Gibraltar en territorio español no afectado por el Tratado de Utrech. Otra de las medidas susceptibles

de ser aplicadas sería la sustitución de las notas de protesta ante cada una de las violaciones de los

espacios aéreo y marítimo, cometidas por naves y aeronaves de Gran Bretaña o de sus aliados, por

acciones militares estrictamente defensivas de la integridad territorial.

Caben, en fin, medidas de tipo económico orientadas a volver más gravosa todavía a la Gran Bretaña su

inadmisible presencia colonial en el Peñón. Pero este tipo de actuaciones, aunque en principio pudieran

parecer más inocuas, creemos no lo son tanto si Gran Bretaña, por retorsión, nos aplicara en los

intercambios parecidas medidas.

De cualquier modo no son válidas, sino más bien necesarias cualesquiera de tales opciones. Está por

enmedio un interés nacional no cuantificable que, dentro del límite de nuestras conveniencias esenciales,

debe prevalecer por encima de toda consideración.

Transcurridos los plazos que la prudencia política pudo hacer aconsejables, el Gobierno español vuelve a

situar en terreno operativo sus reivindicaciones de Gibraltar.

En la cuenca mediterránea se dirime un forcejeo geopolítico que afecta profundamente a la seguridad de

Europa y respecto al que, en todo caso, será decisiva siempre la disposición colaboradora de España.

 

< Volver