Autor: Barra, Alfonso. 
   La posición inglesa en la OTAN, tapadera de sus intereses coloniales en Gibraltar  :   
 Campaña de desprestigio contra la estabilidad política española. 
 ABC.    31/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC, SÁBADO 31 DE MAYO DE 1975.

LA POSICIÓN INGLESA EN LA O. T. A. N., TAPADERA DE SUS INTERESES COLONIALES EN

GIBRALTAR

Campaña de desprestigio contra la estabilidad política española

LONDRES, 30. (Crónica de nuestro corresponsal, por télex.) La propaganda teledirigida por

grupos no muy devotos de te O. T. A. N. quema ahora sus últimas tracas para saludar la presencia del

presidente Ford en Madrid. Entre esos cohetes chisperos hay buscapiés como el relato tremebundo del

«Daily Telegraph».

Según esa familia de observadores, España está al borde de la guerra civil futura. Un conflicto de menor

cuantía en relación con los seis años de «paz» en el Ulster, que culminan estos días con el anuncio de la

creación de un ejército clandestino «leal» para medir las espaldas a los católicos con más desenvoltura.

Añaden esas versiones que España trata de hacer la competencia a Irlanda del Norte, donde están

vigentes unas leyes que permiten desde hace medio siglo enchiquerar a los disidentes sin pejigueras

judiciales y por tiempo indefinido.

Repiten esos observadores, siempre dentro del género truculento, que España está alsiada, en situación

parecida a la de Suecia, que tampoco pertenece a la O.T.A.N. ni al Mercado Común. O a la de Suiza. Las

Naciones Unidas no cuentan para imponer ese decreto de aislamiento.

Tras esas informaciones —España arruina a Fleet Street estos días por los torrentes de tinta que la dedica

para demostrar su falla de importancia—, se quiere defender la presencia de Portugal en la O.T.A.N. para

cerrar el paso a España. La batalla de Aljubarrota, según la versión de algún observador inglés en Madrid.

La B.B.C. daba hoy un cuadro en serio de la situación de las relaciones hispano-norte-americanas.

Entendía el comentarista que las negociaciones están en punto muerto. El presidente Ford y el ministro

Kissinger quieren elevar el nivel diplomático y político del entendimiento con España. Es decir,

establecer un nuevo «status» para aquella colaboración.

Se puede anticipar que los cultivadores del género truculento dirán que Madrid no ha logrado ingresar en

la O. T. A. N. Se admite en Londres, y lo repetía hoy la B.B.C., que España denunció hace años los

defectos institucionales de la Alianza Atlántica y su incapacidad para enfrentarse con los problemas

actuales. ¿Quién teme ahora la invasión de las divisiones acorazadas por la cuenca del Rhin?

Según la versión de Londres, Madrid y el Jefe del Estado no se apartaron nunca de unas aspiraciones

realistas. Lo más cerca que se ha pretendido estar cerca de la Ó. T. A. N. es para coordinar con eficacia

los esfuerzos defensivos. No podría prolongarse más el absurdo da que nuestro país quedara fuera de la

Alianza mientras daba asilo a unidades del Ejército del Aire norteamericano encuadradas en la O. T. A.

N.

Se esgrime asimismo que Madrid tiene argumentos serios y dignos que no pueden ser enmascarados con

el disparo de fuegos chisperos. Estados Unidos y Alemania occidental, con Italia también, valoran la

imprescindible aportación de España « la defensa occidental. Los miembros del norte de Europa ven otros

peligros en su zona, que nada tienen en relación inmediata con los agazapados por las tierras de las

palmeras. Bonn sabe que está amenazado en el Báltico y en el Mediterráneo por su situación geográfica.

Las razones de Inglaterra se apoyan en su planteamiento insular, mezcladas con un contencioso territorial

con España. Así, la respuesta de nuestros amigos ingleses es disparar cohetes chisperos de pólvora que

huele a marxismo-leninismo, escuela interpretativa de Moscú. Y airear la temática de la batalla de

Aljubarrota. Para ello es preciso silenciar que el mando revolucionario de Lisboa no tiene nada que

oponer a la supuesta presencia de España en la O. T. A. N.

La historia de las visitas presidenciales a Madrid es clara: los ilustres viajeros explicaban que Washington

sufre problemas graves de balanza de pagos y que el Senado no puede pechar con nuevas

responsabilidades defensivas. Ahora se trata de recordar que esos asuntos son de la competencia

norteamericana. Le corresponde a Estados Unidos exponer sus ideas para utilizar bases en España.

Tras los debates de Bruselas y la visita a Madrid se acusa un fenómeno que no falla nunca cuando es

cuestión de establecer acuerdos defensivos con Estados Unidos: el gran concierto de la propaganda al

servicio de la potencia interesada en torpedear aquel entendimiento. No faltan bolígrafos conservadores y,

liberales interesados en servir, por puntería indirecta, a esos intereses. La agitación contra el orden

público es otra de las «recompensas» que España recibe siempre que se plantea el asunto de las bases.

Moscú quiere la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación europeas. Es la gran jugada del Kremlin.

Sería el espaldarazo a todas las conquistas militares de la última guerra. A cambio ofrece coexistencia

pacífica y la neutralización del Continente. Todo parece perfecto si se quiere ignorar que mientras ofrece

la paz, Rusia se mete entre la hoz y el martillo a todo flanco meridional de la O. T. A. N. El único pecado

político de Madrid y su gran ambición es aguantar el chaparrón de la propaganda teledirigida mientras

recuerda que no soportará en el futuro las velas que deben ser para otros palos mayores.—A. B.

 

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