Previsto desaire en Londres     
 
 ABC.    19/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PREVISTO DESAIRE EN LONDRES

LA disparatada apertura de la verja de Gibraltar con que se desayunó en política internacional el

Gobierno socialista ha servido para que la diplomacia británica endurezca sus posiciones. Ahora Gran

Bretaña pide más, exige que España normalice plenamente las comunicaciones con la colonia. Nuestra

dialéctica descolonizadora con Londres se ha degradado en la misma medida que Londres pasa a la

ofensiva, desplazándose del lugar de demandado en que estaba a la posición demandante en que nosotros

nos encontrábamos.

Ya había anticipado don Fernando Morán, antes de comenzar su reciente y nada airosa visita a la capital

del Reino Unido, que «intentaría hablar» del Peñón con sus anfitriones. Ni siquiera.

conversaciones formales sobre Gibraltar, que son bastante menos que una negociación —en categorías

semánticas de la diplomacia—, aunque mucho más que una tertulia o que una simple alusión al paso en el

conjunto del diálogo oficial. La diplomacia británica, con grados de profesionalización que no toleran las

improvisaciones ni la trivializaciones ideológicas de la comunicación entre los Estados, ha tenido,

además, un detalle que certifica la circunstancia, de otra parte evidente, de que no se encuentra dirigida

por aficionados. A medias para compensar el desaire y a medias para prologar la oferta de suministros

militares, los interlocutores de don Fernando Morán nos regalan con la promesa de apoyar el ingreso

español en la CEE.

La verja de Gibraltar fue abierta por «consideraciones humanitarias». Si se hubiera reparado en que

fueron consideraciones humanitarias también las que, por parte española, hicieron posible la posterior

anexión del espacio que hoy cierra la verja (que los ingleses levantaron), no se habría cometido tan

grave traspiés en el primer Consejo de Ministros celebrado por el actual Gobierno. El humanitarismo

español permitió que se ampliara el espacio territorial de la Colonia, y ha permitido ahora que se invierta

la dialéctica descolonizadora, consolidando el soporte de la renuencia británica a negociar la

devolución de la soberanía.

La señora That-cher y el señor Pym, el dúo bélico-diplomático de las Malvinas, se aferran al principio

de autodeterminación de los gibraltareños. Y sobre el mismo principio proyectan la conveniencia de

que sean restablecidas y ampliadas las enteras comunicaciones con la Colonia. A don Fernando

Morán, muy posiblemente, le habrán facilitado los británicos, como ilustración de sus puntos de vista

sobre el problema, el relatorio completo de las medidas políticas de cooperación con los colonos que

aplicaron sucesivos Gobiernos argentinos, incluidos los sistemas de becas para la formación

universitaria de los jóvenes malvinenses y las dotaciones de infraestructura para un más cómodo enlace

entre el territorio colonizado y la nación parasitaria así por el imperio ABC británico.

 

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