Autor: Massip Izábal, José María. 
   El general Anthony Drexel Biddle, nuevo embajador de Estados Unidos en España  :   
 Representó a su país ante los Gobiernos exiliados en Londres y fue jefe de las fuerzas aliadas. 
 ABC.    25/02/1961.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC

DEPÓSITO LEGAL -M. 13 – 1958

MADRID, SABADO 25 DE FEBRERO DE 1961 - EJEMPLAR 1,50 PESETAS

DIARIO ILUSTRADO AÑO QUINCUAGÉSIMO CUARTO. NÚM. 17.146 76 PÁGINAS

EL GENERAL ANTHONY DREXEL BIDDLE, EMBAJADOR DE ESTADOS UNIDOS EN

ESPAÑA

Representó a su país ante los Gobiernos-exiliados en Londres durante la guerra y fue jefe de las fuerzas

aliadas

SU EXPERIENCIA Y FLEXIBILIDAD LE AUGURAN GRANDES ÉXITOS EN SU NUEVA E

IMPORTANTE MISIÓN

Washington 24. (Crónica telefónica de nuestro, corresponsal.) Recibido el placet del Gobierno español, la

Casa Blanca acaba de hacer saber oficialmente el nombramiento de Anthony Drexel Biddle como

embajador de Estados Unidos en Madrid. La noticia ha sido muy bien recibida en los círculos

diplomáticos de esta capital, no sólo por lo que hace a la brillante personalidad del nuevo embajador, sino

en cuanto a la probable proyección de la misma sobre las relaciones entre Madrid y Washington.

La trayectoria política de una nueva Administración hay que, evaluarla, en principio, a través de su alto

personal. Los nombres de los embajadores constituyen, en este sentido, un importante punto de

referencia. En relación con la Embajada española, el primer nombre que se citó en esta capital fue el del

ex senador demócrata William Benton. Benton es un hombre con posiciones políticas liberales muy

definidas; aplicadas a las relaciones entre Washington y Madrid, podrían haber producido, en ciertas

circunstancias, alguna fricción; parecida a la que están produciendo ahora en África en relación con

Inglaterra, las del nuevo subsecretario de Estado para Asuntos Africanos Mennen Williams. El viaje del

millonario Williams —crema de afeitar—contribuirá, ciertamente, poco a la cordialidad de relaciones

entre el Gobierno conservador británico y el nuevo régimen americano, y demuestra que hay que proceder

con mucho cuidado al enviar a un subsecretario con excesivos prejuicios ideológicos y poca experiencia

diplomática en viaje de buena voluntad a un continente turbulento y explosivo como el africano.

La selección final de Biddle demostró que la Administración americana comprendía, que a Madrid no

podía ir a hacerse política, sino a cultivar, con un criterio realista y constructivo, las excelentes relaciones

diplomático-económicas entre Washington y España, condicionadas, en todo caso, a los Acuerdos

defensivos y militares entre los dos países. La primera fase de los Acuerdos iniciales alcanza hasta el año

1963. Dichos Acuerdos, sobre bases mixtas en la Península Ibérica, son renovables. En aquel año tendrán

que ser, naturalmente, objeto de nuevas negociaciones, y éstas dependerán de la evolución de los factores

estratégicos, de su evaluación por parte de las autoridades hispano-americanas en relación con la defensa

de Occidente, del estado de las negociaciones sobre desarme y, en definitiva, de los progresos técnicos de

las armas Intercontinentales, al que se refería ayer el secretario de Defensa, Mr. McNamara.

Esta perspectiva llevó a la Administración Kennedy a escoger, más que a un político sin experiencia

diplomática, como era el caso de Benton, a una personalidad con la experiencia diplomático-militar y las

exquisitas maneras sociales del embajador Biddle, un hombre de mundo, con un perfecto conocimiento

de las realidades geopolíticas de Europa; testiso de excepción de las tragedias de la guerra alemana y

participante activo en el establecimiento de un sistema militar de contención en el Occidente europeo.

Biddle, como se sabe, era embajador en Polonia en el momento de la invasión nazi, y acompañó al

Gobierno polaco en su dramatica peregrinación europea, hasta que se le nombró, ya en plena guerra

mundial, embajador cerca del Gobierno polaco y los demás Gobiernos aliados exiliados en Londres. La

suya fue una gestión delicada, agravada por la anomalía de las circunstancias, y los conflictos políticos y

personales qne durante varios años envenenaron las relaciones entre los grupos representativos de la

Europa invadida, exiliados en la capital británica. Aquella dura experiencia política fue de gran servicio a

su Patria cuando Biddle abandonó en 1944 el servicio diplomá tico, sirviendo, como coronel del Ejército

americano y en calidad de oficial de enlace con las tropas aliadas, especialmente las fuerzas francesas del

Norte de África. Más tarde, como militar, intervino activamente en los enlaces aliados dentro de la Shape,

y se retiró del Ejército como general de la reserva en 1951, a su casa solariega de Filadelfia.

El día en que fue citado públicamente su nombre para la Embajada española, Biddle dijo a un

corresponsal de la Prensa Unida que le encantaba la perspectiva de ir a Madrid como jefe de Misión de su

país. Me consta que el nombramiento y su confirmación le han complacido en grado sumo, y estoy seguro

de que su presencia en la capital de España contribuirá a la consolidación de unas relaciones realistas y

constructivas entre nuestro país y Estados Unidos. Fundamentalmente, dichas relaciones tienen que

moverse alrededor del eje de los problemas que existían en 1953, cuando se firmaron los acuerdos

militares bilaterales, porque la situación no se ha modificado. Sin embargo, el transcurso del tiempo, las

nuevas técnicas, la evolución de la misma posición norteamericana en el complejo occidental, el progreso

económico de Europa, las exigencias económicas internas, de Estados Unidos, pueden requerir, con el

tiempo, posiciones de mayor flexibilidad; actitudes de reajuste. Me parece que el embajador. Biddle,

objetivo, preciso, realista y experimentado, desprovisto de doctrinarismo y muy consciente del valor de la

alianza hispano-americana, será el hombre ideal para ello. —José María MASSIP.

 

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