Hora y media duró la entrevista Franco-Rusk  :   
 Durante el almuerzo en el Ministerio de Asuntos Exteriores, el secretario de Estado norteamericano destacó la riqueza de información, comprensión y vitalidad de pensamiento del Generalísimo. 
 ABC.    21/12/1961.  Página: 15-17. Páginas: 3. Párrafos: 46. 

HORA Y MEDIA DURO LA ENTREVISTA FRANCO-RUSK

Durante el almuerzo en el Ministerio de Asuntos Exteriores, el secretario de Estado norteamericano

destacó la "riqueza de información, comprensión y vitalidad de pensamiento´´ del Generalísimo

Casi seis horas permaneció el sábado en Madrid el secretario de Estado norteamericano, señor Dean

Rusk, había salido de París, donde asistió a las reuniones del O. T. A. N. y llegó al aeropuerto de Barajas

a las once y veinticuatro minutos. A las cinco y diez de la tarde tomó en la Base de Torrejón de Ardoz el

avión de regreso a los Estados Unidos.

Se hallaban en el aeropuerto, para recibirle, los ministros de Asuntos Exteriores, D. Fernando María

Castiella; y del Aire, teniente general Rodríguez y Díaz de Lecea; el embajador de España en

Washington, Sr. Iturralde; subsecretario de Asuntos Exteriores, D. Pedro Cortina; directores generales de

la Oficina de Información Diplomática, Sr. Martín Gamero; de Asuntos Políticos de Norteamérica, D.

Ángel Lagar; de Política Exterior, Sr. Sedó, y el barón de las Torres, primer introductor de embajadores;

el ministro consejero de la Embajada de los Estados Unidos, Sr. Aldrich; los agregados naval, capitán

Clauser; militar, Bob Williams, y del Aire, Nike Welle, y el resto del personal de la Embajada; el jefe

superior de Policía, Sr. De Diego, y numerosas personalidades de la colonia estadounidense de Madrid.

También se hallaban en el aeropuerto para recibir al Sr. Rusk el embajador de España en Londres,

marqués de Santa Cruz: el general Caldara, jefe de la Misión norteamericana en España; los jefes de las

Misiones Militar y Económica; el Sr. Marañón Moya y D. Luis López Ballesteros.

Con el ministro norteamericano llegaron en el mismo avión las personalidades de su séquito. También

venía en el mismo aparato el embajador de España en París, conde de Motrico.

El Sr. Dean Rusk leyó ante los periodistas la siguiente declaración:

"Estoy encantado de encontrarme en España por primera vez. Como ustedes saben, el ministro de Asuntos

Exteriores, Sr. Castiella, que amablemente ha venido a recibirme aquí, en este hermoso y nuevo

aeropuerto, me invitó a principios de este mes a hacer una visita a España a mi regreso a los Estados

Unidos después de la reunión ministerial del O. T. A. N. en París. Acepta su amable invitación con el

mayor placer, porque creía que incluso las pocas horas de que podía disponer para esta visita me

permitirían conocer al pueblo español y me darían al mismo tiempo la oportunidad de discutir con

personalidades del Gobierno español asuntos de interés profundo y permanente para nuestros dos países.

Sólo lamento que circunstancias ajenas a mi voluntad no me permitan permanecer aquí más tiempo esta

vez. Es muy grato estar aquí."

A continuación, el Sr. Dean Rusk abandonó el aeropuerto en unión del ministro español de Asuntos

Exteriores, Sr. Castiella, dirigiéndose al Palacio de El Pardo.

A su llegada a la puerta principal del Palacio fueron recibidos por jefes de las Casas Civil y Militar y

ayudantes de campo de Su Excelencia el Jefe del Estado. El secretario de Estado ascendió por la escalera

de honor, y pasó inmediatamente al despacho de Su Excelencia, iniciándose la conferencia, a la que

asistieron el ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Castiella: los señores Kohler, Bohles, McBride y

Fralegih, Iturralde y Lagar.

Terminada la entrevista, que duró noventa y seis minutos, el secretario de Estado abandonó el Palacio de

El Pardo con el mismo ceremonial que a su llegada.

ALMUERZO EN EL PALACIO DE VIANA

A primera hora de la tarde, el ministro español de Asuntos Exteriores ofreció en el palacio de Viana un

almuerzo a su colega norteamericano.

A los postres el ministro de Asuntos Exteriores, D. Fernando María Castiella, pronunció el siguiente

discurso:

"Señor secretario de Estado: Perdonadme si maltrato algo vuestro idioma. En realidad, sólo necesitaría

pronunciar tres palabras, que, pese a mi pretencioso-acento tejano, estoy seguro entenderéis: "Machas

gracias, señor." Expresión que en California, Nuevo Méjico y una gran parte de vuestro país, a veces

suele traducirse con esta fórmula: "Thank you very much, Sir".

En realidad, no tenemos que protestar demasiado de la mala faena que los responsables del episodio

bíblico de la torre de Babel jugaron a la Humanidad. No es difícil que norteamericanos y españoles

lleguemos mutuamente a comprendernos. Hace poco—exactamente, el pasado 24 de octubre—el

presidente Kennedy, en ocasión de una audiencia que concedió, en la Casa Blanca, a un nutrido grupo de

bibliotecarios procedentes de distintos países del Nuevo Continente, aludió—con palabras tan generosas

como elocuentes—a la considerable influencia española en la exploración y subsiguiente desarrollo de

una gran parte de vuestro país: "Desgraciadamente—exclamó—, muchos de nuestros conciudadanos

piensan que América fue descubierta en 1620, cuando los "Pilgrim Fathers" vinieron a mi Estado de

Massachusets, y olvidan la, grandiosa aventura del siglo XVI y comienzos del XVII en la parte Sur y

Suroeste de los Estados Unidos."

Vuestro presidente, con ese don suyo de saber decir las cosas en términos inspirados, añadió que los más

extraordinarios récords de valor temple y perseverancia fueron alcanzados gracias a la presencia española

en otras naciones americanas. "Yo espero—concluyó,—que todo esto podamos presentarlo ahora o la luz

del día."

Lo que más me conmueve de esta declaración es que no fue hecha directamente a nosotros, sino a los

representantes de otros pueblos hermanos que han heredado nuestra cultura, nuestra sangre y muestra

lengua.

Todo esto me incita a evocar una anécdota que tuvo lugar durante la pasada guerra mundial. Con ocasión

del desembarco de las tropas aliadas en África del Norte, varios aviones, norteamericanos se vieron

obligados a tomar tierra en la antigua zona española, del Protectorado de Marruecos. Uno de los aparatos

lo hizo en las cercanías de Alhucemas. Su comandante fue llevado a la presencia de uno de nuestros

interventores, quien, por señas, puesto que no hablaba, una palabra de inglés, trató de informarse, con la

ayuda de un mapa, de qué es lo que estaba haciendo el citado piloto en aquella región.

Como todos los detalles de la operación aliada en el Norte de África eran considerados como "top secret",

el oficial americano se negó, naturalmente, a hacer cualquier declaración. Y, tercamente, permaneció

silencioso. El jefe español no quiso insistir demasiado, y, cortésmente, invitó al huésped que le había

llovido del cielo, a que se trasladase con él a Tetuán, es decir, a la capital de nuestro antiguo

Protectorado. Los dos militares tomaron asiento en un coche y emprendieron la marcha. El

norteamericano continuaba guardando silencio. Pero, de repente, cuando ya llevaban recorrida una gran

parte del trayecto, rompió su mutismo, señalando con una gran sonrisa la marca del automóvil:

"Ha-Ha! Dodge? American car!". Mi compatriota asintió en seguida, y, a su vez, señalando algo que

veía en la solapa del uniforme del oficial americano y que indicaba el origen de su División, replicó con

otra gran sonrisa: "¡Ja!. ¡Ja! .¿San Antonio? ¡Español, español!". Ambos habían comenzado aquel

momento a entenderse.

No sé por qué he pensado muchas veces.

que en este corto diálogo de 1942 se encierran ya las profundas razones de la colaboración que años

después iba a establecerse entre nuestros pueblos. Dos pueblos que —ahora o en el pasado—han sabido

sobrellevar el peso de empresas y responsabilidades a escala mundial.

MUTUA LEALTAD A NUESTROS ACUERDOS

Una fecha memorable para nuestra colaboración fue la de 1953, en la que se firmaron los Acuerdos.

Ahora bien; la firma de unos convenios no basta. De la misma forma que el infierno está empedrado con

buenas intenciones, las relaciones internacionales están saturadas de pactos y tratados que muchas veces

no se cumplen.

Yo debo decir que los españoles hemos tenido hasta ahora la satisfacción de ver cómo el pueblo

americano ha expresado la firme decisión de mantener sus compromisos y respetar el espíritu de los

acuerdos.

Estoy seguro de que en un próximo futuro, cuando tratemos de la posible renovación de dichos Convenios

para adaptarlos a las circunstancias del mundo actual. España encontrará por vuestra parte el mismo

espíritu de lealtad y de verdadera amistad que a nosotros ha de guiarnos; a fin de obtener resultados

positivos que, sin duda, serán decisivos para la protección de nuestros mutuos intereses.

Y es por esto por lo que estamos tan agradecidos a vuestra visita. Sabemos apreciar en lo que valen gestos

de buena voluntad como los que llevó a cabo aquel hombre recto y ejemplar, John Foster Dulles, que

luchó indomablemente por su patria y por la paz del mundo hasta el momento misma en que las fuerzas

físicas le faltaron.

Y vos, señor secretario, tampoco habéis reparado, al venir a Madrid para afianzar la amistad entre

nuestros pueblos, en los agobios de tiempo ni en las fatigas inherentes a vuestra labor.

LA REALIDAD DE ESPAÑA

Creemos que Madrid bien merece un viaje, porque al venir aquí podéis comprobar lo que vale un amigo

leal y un aliado firme que hoy os agradece el deseo de entendimiento y el respeto de que acabáis de dar

prueba.

Sois, señor secretario, un hombre de espíritu, selecto y cultivado, y por ello conoceréis y entenderéis las

palabras de un gran poeta español de nuestro tiempo que buscaba a aquellos que "oyen las voces y no los

ecos". Oyendo las voces auténticas de España y no los ecos falsos, ignorando los prejuicios sobre este

país que tanta polémica suscita siempre, habéis venido aquí y podéis ver con vuestros propios ojos qué es

España. Lamentamos mucho que no podáis estar más tiempo entre nosotros, pero puedo deciros—y esta

verdad rodea inconfundiblemente vuestras horas españolas—que éste es un país en paz y en orden en una

paz y un orden que no son opresivos y esterilizadores, sino naturales y vivos, pues dentro de ellos se

desarrolla el progreso innegable de nuestra nación. Este es un país firme que tiene sus propias

convicciones y que trabaja, día a día, a través de fórmulas propias, para lograr una perfección que

sabemos que estamos lejos de alcanzar, pero que buscamos con afán. Partiendo de cero, sobre un país

devastado por una guerra civil—que hicieron inevitable los que no supieron administrar la libertad—,

aislado del mundo por una guerra mundial y un posterior bloqueo internacional, con las dos únicas

cantidades negativas de no disfrutar del Plan Marshall y de no poseer nuestro oro, robado por Rusia,

hemos llegado a la situación, de hoy, con una moneda estable, una fuerte reserva de oro y divisas, un

crédito indiscutible y una economía que se prepara a iniciar su fase de desarrollo. Este es un hecho que

nadie puede negar.

ESPAÑA CON OCCIDENTE

Este amigo y aliado que tenéis aquí se considera dentro del mundo libre occidental, y por pertenecer a él

irrevocablemente, libró y ganó hace veinticinco años la primera batalla positiva contra el peligro

comunista, del que hoy los Estados Unidos tratan de defender al Occidente. Entonces dimos la prueba

máxima de que para España la libertad es un principio sagrado, aunque también nos conste que la libertad

tiene que ser organizada no en el fácil terreno de las teorías, sino conforme a la difícil realidad de las

circunstancias históricas de cada país.

Esto es, en resumen, señor secretario, lo que somos y lo que pensamos. Esto es lo que significa España

para los Estados Unidos como amiga y como aliada.

En nombre de esta amistad v alianza, permitidme que, al daros la bienvenida a España, formule unos

votos muy sinceros por la grandeza de vuestro país, por vuestra ventura personal y por el éxito de vuestra

misión.

Y ahora os pido que junto a todos los que hoy me honran con su presencia me acompañéis al brindar por

el presidente de los Estados Unidos."

Contestación del Sr. Rusk

El secretario norteamericano dio las gracias al ministro por su generosa hospitalidad. Después de

felicitarle por su elocuente intervención en inglés, el secretario se excusó por el hecho de no hablar

español, pero dijo que sus nietos con seguridad lo hablarán, ya que su hijo acaba de contraer matrimonio

con una encantadora señorita argentina.

El secretario trató entonces del tema de Iberoamérica, al que el ministro había hecho referencia, y recordó

que lo mismo que España conoce bien los estrechos vínculos que existen entre los Estados Unidos e

Iberoamérica, los norteamericanos conocen también los muchos lazos que unen a España como Madre

Patria a los países latinoamericanos. El secretario dijo que estos vínculos mutuos entre nuestros dos países

e Iberoamérica, y directamente entre España y los Estados Unidos forman un triángulo cuyos enlaces

jamás deben romperse, sino que deben mantenerse tan calurosos, significativos e importantes como

merecen ser. El señor Rusk afirmó que los Estados Unidos ven con simpatía las estrechas relaciones que

existen entre España y otros países del hemisferio occidental.

Se refirió luego a la conferencia celebrada en París por las potencias del O. T. A..N., y a la que acababa

de asistir. Dijo que en ella se ha examinado la situación mundial con serenidad y cuidado y con cierto

detalle. Manifestó que había constituido para él un gran privilegio el tratar de estas cuestiones con el Jefe

del Estado español, cuya riqueza de información, comprensión y vitalidad de pensamiento le habían

impresionado profundamente.

UN PERIODO DECISIVO DE LA HISTORIA

Afirmó a continuación que el mundo vive actualmente en una década de significación histórica. El bloque

chino-soviético representa una grave amenaza para la civilización, cristiana en todo el mundo. El

resultado de lo que en esta década se haga puede decidir la senda del futuro.

Manifestó que los Estados Unidos están resueltos a defender su forma de vida y la del mundo occidental,

y que se sienten satisfechos de asociarse con otros que abrigan igual resolución. Por lo tanto, esta

asociación entre España y los Estados Unidos es importante para ambos países porque puede contribuir a

determinar cómo será este mundo en décadas venideras. Quizá cada generación piensa que vive una

época de grandes crisis, pero es probable que éste sea un período decisivo de la Historia.

El señor Rusk expresó su plena confianza en el resultado de este conflicto, pues cree firmemente en la

civilización occidental, que se deriva de 2.000 años de relaciones entre pueblos cuyos orígenes-están en la

región mediterránea y que nos han dado un patrimonio común de ideas fundamentales acerca de las

relaciones del hombre con Dios, de las relaciones humanas y del comportamiento político. Los dirigentes

del otro lado del telón de acero están simplemente actuando sobre la superficie de la naturaleza humana

en un juego que sólo llevan ensayando desde hace treinta o cuarenta años y que terminarán por perder.

El secretario reiteró luego su gran placer por encontrarse en España y su sentimiento, por el hecho de que

esta visita haya tenido que ser tan corta a causa del viaje del presidente a Sudamérica que le obligó a él a

apresurar su regreso a Washington.

Terminó el señor Rusk.sus palabras alzando su copa en un brindis por el Jefe del Estado español.

Tanto el señor Castiella como el señor Rusk, en sus respectivos brindis, se refirieron al fallecido,

embajador de los Estados Unidos en Madrid, Anthony Drexell Biddle, cuya figura recordaron con todo

respeto y afecto.

A las cuatro de la tarde el Sr. Dean Rusk hizo una visita, al Museo del Prado, acompañado por el ministro

de Asuntos Exteriores, Sr. Castiella. Recorrió detenidamente las salas de El Greco, Velázqucz y Goya.

Finalmente recorrió la galería central, donde están situados los lienzos de las diversas escuelas españolas.

SALIDA PARA WASHINGTON

Desde el Museo, del Prado, el secretario de Estado norteamericano, Sr. Dean Rusk, se trasladó a la base

conjunta hispanoamericana de Torrejón de Ardoz, acompañado por el ministro de Asuntos Exteriores

español, Sr. Castiella. Se hallaban allí el titular de la cartera del Aire, teniente general Rodríguez y Díaz

de Lecea, los embajadores de España en Washington, Londres, París y Bonn, señores Yturralde, marqués

de Santa Cruz, conde de Motrico y marqués de Bolarque, respectivamente; D. Manuel Aznar, delegado de

España en la O. N. U.; subsecretario de Asuntos Exteriores, Sr. Cortina; introductor de embajadores,

barón de las Torres; los directores generales del Ministerio de Asuntos Exteriores y el personal de la

Embajada de los Estados Unidos en Madrid, con el general Caldara, jefe de la Misión militar

norteamericana, y los miembros militares y económicos de la misma.

El Sr. Dean Rusk se despidió de los ministros afectuosamente y de las personalidades allí presente; y

subió al avión, el mismo que le había traído desde París por la mañana, y que a las cinco y diez de la tarde

despegaba del aeródromo con dirección a Washington.

 

< Volver