Una alianza en marcha     
 
 ABC.    28/09/1963.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. SABADO 28 DE SEPTIEMBRE EDICION DE LA MAÑANA. PAG. 48

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UNA ALIANZA EN MARCHA

Nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Castiella, y el secretario de Estado, Rusk, ante la expectación

universal, han despejado la incógnita en torno a la cual hace días que aventuraban todo género de

hipótesis los observadores de la política internacional. Cuatro eran las posibles soluciones. Una, hubiera

sido la denuncia pura y simple de los Acuerdos hispano-norteamericanos, con la consiguiente substitución

de la alianza por una relación normal entre dos países amigos. Otra fórmula era la del establecimiento de

unos Acuerdos enteramente nuevos; es decir, de una alianza distinta de la anterior en su alcance y en su

intensidad. La tercera solución era la de la simple prórroga de los antiguos Convenios; es decir, la

prolongación durante otro quinquenio de la situación vigente hasta ahora. La cuarta eventualidad era la

prórroga, pero complementada con nuevos textos, en parte interpretativos y en parte renovadores. Esta

última ha sido la fórmula en que ha concluido una larga e importante negociación diplomática, en la que

si bien no estaban en juego trascendentales intereses de nuestro país, sí se decidía la forma de nuestra

colaboración en la defensa de Occidente. Si no fuera cierto que hoy los destinos y, por lo tanto, las

conveniencias de una nación están vinculados a los del bloque a que pertenece, o sea, si fuera legítimo

situarse en los planteamientos diplomáticos de hace un siglo, podría afirmarse que el feliz éxito de las

negociaciones hispano-norteamericanas interesaba más a las grandes potencias occidentales que a nuestro

país.

Los documentos básicos son un breve comunicado conjunto, y cuatro anejos. ¿Cuáles son las novedades

que estos textos introducen en el esquema de la alianza hispano-norteamericana suscrita hace ahora diez

años? En el anejo número I se contiene el punto de mayor trascendencia política: "Una amenaza a

cualquiera de los dos países y a las instalaciones conjuntas que cada uno de ellos proporciona para la

defensa común afectaría conjuntamente a ambos países, y cada país adoptaría aquella acción que

considerase apropiada dentro del marco de sus normas constitucionales." Aunque esta cláusula no tiene

una redacción tan tajante que permita considerarla como un estricto recíproco compromiso de

intervención militar en el caso de agresión exterior a una de las partes contratantes, es evidente que se

aproxima mucho a dicho supuesto. El vocablo "conjuntamente" es muy importante en el contexto. Y de

acuerdo con él parece obvio que un ataque de una tercera potencia contra España habría de ser

considerado como "casus belli" para los Estados Unidos. Y no hay razón alguna para que esta situación

no se aplique también a las provincias españolas de ultramar.

En el anejo número dos se contiene una innovación procesal de claro significado substantivo. Es la

creación de un Comité Consultivo Conjunto para la Defensa, que se reunirá mensualmente, y que podrá

convocarse con carácter extraordinario, en cuyo caso podrán asistir ministros del Gobierno. Es cierto que

la competencia de este Comité está principalmente restringida al estudio de las cuestiones que puedan

surgir en el ámbito militar. Pero el artículo sexto alude también a "cualesquiera otros asuntos". Esta

última expresión de carácter general convierte el Comité en un órgano de competencia indirectamente

política, y, en definitiva, en un valioso instrumento de enlace que viene no sólo a intensificar, sino a

estrechar, los términos de la alianza hispano-norteamericana. A través de este órgano, España adquiere

voz y voto al más alto nivel en la política occidental.

En el anejo tercero se incluye el aspecto militar de la alianza. Los Estados Unidos se comprometen a

prestar asistencia militar a las Fuerzas Armadas españolas y a contribuir a la modernización de nuestro

Ejército. No se interrumpe, pues, la colaboración militar hispano-estadounidense, sino que se declara la

voluntad de intensificarla. ¿En qué forma y en qué cuantía? Es éste un punto que corresponderá decidir al

Comité, y sobre el cuál difícilmente podía resolver ahora el Gobierno norteamericano, sujeto, como es

sabido, a la autorización de las Cámaras para toda medida de carácter presupuestario. Y en el anejo cuarto

se aborda el tema de la ayuda económica. En los últimos diez años, el Banco de Exportación e

Importación autorizó más de 200 millones en préstamos a España. Ahora se ha previsto que para el

próximo quinquenio se podrá rebasar los 100 millones de dólares, lo que equivale a un mantenimiento de

las condiciones anteriores.

Dada la difícil situación de la balanza de pagos norteamericana, España no podía esperar en este momento

una ayuda económica de gran envergadura. Pero un decenio de alianza leal y de colaboración eficacísima

sí permitía pedir un estrechamiento de los vínculos políticos y una presencia más próxima y directa a la

hora de adoptar decisiones que afecten a la defensa occidental. Y en esta línea de avance están,

precisamente, los puntos contenidos en los cuatro documentos anejos que han venido a complementar los

Acuerdos de 1953 ahora prorrogados. Estamos, pues, ante un robustecimiento de la posición internacional

de España y de la seguridad occidental.

 

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