Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo el Sahara (LIII). 
 El gran error de aquel ministro     
 
 El Alcázar.    25/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Lo que no se dijo del Sahara

Capítulo LIII

El gran error de aquel ministro

" Nada más grave podría haber ocurrido en las postrimerías de Franco, o en plena transición hacia la

monarquía, que la reintegración a la patria de un Ejército desgastado sin una victoria clara y con la moral

quebrantada."

Sólo puede atribuirse a un total desconocimiento sobre las Fuerzas del Sabara semejante afirmación de

Carro Martínez, quien, después de dar por sentado lo hipotético de una victoria, prejuzga ya sobre el

efecto que ello produciría sobre el Ejército quebrantando su moral según él.

El señor Carro debió asomarse alguna vez por el desierto para comprobar que era ofensivo ese concepto

del Ejército y errónea su valoración del problema, porque así podría haber comprobado que aún había otra

alternativa más grave para nuestras fuerzas, como fue la afrenta de obligarle a levantar el campo ante un

adversario con el que, triunfalismos aparte, no tenía ni para la primer bofetada, y al que ni siquiera esta

alternativa, que era la peor, pudo minarle la moral.

Carro Martínez piensa, sin duda, que con afirmarnos que nada había mejor que lo hecho nos va a conven-

cer a quienes podemos dar fe de su tremendo error y de que todas estas afirmaciones suyas, sus charlas y

demás, no son sino el mejor testimonio de que se equivocó.

Es sin duda por ello, que confiando no ser desmentido, insiste. "Era también necesario que el Ejército

español no pasase por un desgaste innecesario e inútil ante la inminencia de la retirada final (lo de la

retirada parece degenerar en obsesión). En fin, resultaba indispensable culminar la dificilísima misión de

reintegrar a la Patria al Ejército con toda su dignidad, su honor, y su valor incólumes y sin necesidad de

combatir".

¿Insinúa acaso que de otra forma no lo hubiera mantenido incólume? Al parecer, para Carro no e incluso

se diría que para él el valor de nuestras fuerzas no hubiera alcanzado la prueba de poder ser "reconocido"

ya que confiaba más en que sin combatir se les pudiera seguir suponiendo.

Ignoro si Carro es ya consciente de que para el Ejército no hubo peor Calvario ni pudo haber peor

humillación para su dignidad que la de ser retirado en aquel momento, encelado como estaba para hacerle

vivir uno a uno todos aquellos momentos de los últimos días. Si Carro quiere tener medida de su error

sólo ha de exponer esas mismas palabras a cualquiera de los jefes y oficiales que allí estuvieron o decirles

también "las descolonizaciones del siglo XX fueron frustaciones de todo orden", pero en cualquier caso

puede tener la certeza de que la peor prueba que ellos pudieron sentir fue la que se les exigió, y solamente

por su gran preparación, disciplina, lealtad y espíritu, pudo superarla sin caer en el aniquilamiento

verdadera frustración, aniquilamiento o desaliento.

Sin duda para Carro el concepto de "victoria" debe ser muy limitado; para él no debía contar un pacto de

amistad o ayuda, o como quiera llamársele, hacia un país como el Sahara de incalculables recursos

económicos o de situación geográfica privilegiada en la hora actual.

Solamente evitar que el comunismo hiciera presa en él hubiera sido la mejor victoria, no ya de España,

sino de Europa misma que a partir de ahora tendrá a sus pies un peligro más y una competencia política

que por el momento no sabemos si en otro continente habrá de llamarse "afrocomunismo".

Carro Martínez se congratula además de su agudeza para resolver aquel problema y par si algo no nos

parece tan bien como a él, lo expone como le parece y lo califica a su gusto. Por ello afirma igualmente:

"Se nos podrá decir que el pueblo saharaui, que es la parte más sustancialmente interesada en la cuestión,

ha quedado desamparado. Y no es cierto (¡!). Hemos dejado en el territorio todo género de asistencia sani-

taria, social y cultural".

Desconcertante afirmación que, como broma, estaría fuera de lugar por cuanto tendría de sarcasmo, y que

dicha en serio es inadmisible bajo cualquier concepto porque nadie ignora que lo que en definitiva hemos

dejado en el territorio al haberlo entregado a Marruecos es la miseria, el éxodo, el hambre y la desolación,

y así pude comprobarlo cuando volví al territorio la primavera pasada; así cuando ahora leo las crónicas

triunfales que escriben desde Aaiún algunos periodistas me pregunto si esto es debido a que ellos no

conocían el Sahara en el que yo viví durante muchos años y no pueden establecer un parangón entre aquél

y el actual, o bien la actual y aquélla, y pertenece a esos montajes publicitarios de los que el Gobierno de

Rabat parece ser especialista y en los que no escatima gastos.

Sin embargo Carro se muestra tan satisfecho de haber contribuido a esa descolonización que no duda en

calificarla como "un final feliz". Lastima que unos renglones más abajo haya de admitir que, pese a todo,

el Sahara sigue unido al "status" colonial y que esa situación colonial perdurará hasta que los propios

saharauis no decidan libremente su futuro mediante su voto expresado a través de la Yemaa.

Es precisamente con relación a la Yemaa o Asamblea General del Sahara que hice este largo inciso para

dar una versión de conjunto de la insólita interpretación que hace del Sahara y sus circunstancias el que

fuera ministro de la Presidencia; fue entonces cuando tuvo lugar todo el montaje escénico de aquella gran

farsa constituida una asamblea extraordinaria para dar a conocer a las delegaciones mauritano-marroquíes

y sus respectivos subgobernadores cuenta de la hora actual y sus futuras consecuencias, pero aún debe

destacarse otro hecho que Carro ignora o ha preferido ignorar y ello es que, como en efecto nuestra

actuación en el territorio no ha sido dada por concluida, sin reconocimiento total no sólo no podemos

establecer un consulado allí, sino que en el caso de un accidente aéreo sobre el territorio a nadie más que

a España le seria reclamada una responsabilidad.

Es decir, hemos regalado todo el enemigo, hemos echado por tierra una gran obra, hemos perdido todas

las ventajas y a cambio sólo nos hemos reservado los inconvenientes.

Verdaderamente, se mire por donde se mire, no hay forma de entender el eufórico protagonismo con que

se envanece Carro Martínez que aún afirmó otros puntos más peregrinos, a los que en su momento me

referiré.

Victoria MARCO LINARES.

Fotos: AUTOR Y ARCHIVO.

 

< Volver