Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo del Sahara (XXIX). 
 Saharauis ex-españoles     
 
 El Alcázar.    17/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

LO QUE NO SE DIJO DEL SAHARA

SAHARAUIS EX-PAÑOLES

Capítulo XXIX

1. España ratifica su resolución —reiteradamente manifestada ante la ONU— de descolonizar el

territorio del Sahara occidental poniendo término a las responsabilidades y poderes que tiene sobre

dicho territorio como potencia administradora.

2. De conformidad con la anterior determinación, y de acuerdo con las negociaciones propugnadas por

las Naciones Unidas con las partes afectadas, España procederá de inmediato a instituir una

administración temporal en el territorio, en la que participarán Marruecos y Mauritania, en

colaboración con la Yemáa, y a la cual serán transmitidas las responsabilidades y poderes a que se

refiere el párrafo anterior. En su consecuencia, a propuestas de Marruecos y Mauritania, a fin de que

auxilien en sus funciones al gobernador general del territorio, serán nombrados dos gobernadores

adjuntos. La terminación de la presencia en el territorio se llevará a efecto, definitivamente, antes del

28 de febrero de 1976.

3. Será respetada la opinión de la población saharaui, expresada a través de la Yemáa.

4. Los tres países informarán al secretario general de las Naciones Unidas de lo establecido en el

presente documento como resultado de las negociaciones celebradas, de conformidad con el artículo

33 de la Carta de las Naciones Unidas.

5. Los tres países intervinientes declaran haber llegado a las anteriores conclusiones con el mejor

espíritu de comprensión, hermandad y respeto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, y

como la mejor contribución al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

6. Este documento entrará en vigor el mismo día en que se publique en el «Boletín Oficial del Estado»

la «Ley de Descolonización del Sahara» que autoriza al Gobierno español para adquirir los

compromisos que condicionadamente se contienen en este documento.

Este acuerdo de principios iba a poner oficialmente fin a nuestra presencia en el Sahara.

Pero si aquella presencia era verdaderamente satisfactoria en algunos aspectos, en otros se me antojaba

descorazonados.

TODO ES RELATIVO

Incluso en cuanto al aspecto cultural todo parecía relativo y según se enfocase recordando que por

entonces se habían reunido los organismos mundiales más competentes para que nada turbase el

milagroso aislamiento en otro continente, de una tribu recientemente descubierta y que aún vivía en el

medio más natural y primitivo.

Además, con la cultura les hicimos conocer la esclavitud de un horario, cuando antes tenían la riqueza de

un tiempo sin límite igual que hasta allí habían vivido en paz y libertad, porque careciendo de

riquezas nadie había reparado en ellos.

En cambio, cuando estaban tranquilos en medio de su pobreza, les descubrimos los fosfatos y ahora

culminando ya la etapa más difícil del esfuerzo que todos hicieron, no nos limitábamos a irnos dejándole

merced a un enemigo que nunca se había ocupado de aquel territorio hasta que dejó de ser una carga, sino

que además le dejábamos en él el exterminio de una guerra despiadada y una perspectiva de destierro y

destrucción, le entregábamos, en fin, a ese enemigo que a ellos y a nosotros ríos había costado mucha

sangre y que podría reírse de ambos a partir de aquel momento. Era, sin duda, echar por tierra una labor

abrumadora de muchos años y de muchos españoles a los que tampoco teníamos derecho a traicionar.

BRAULIO, UN GRAN ESPAÑOL

Parecía inevitable acordarse, entre otros muchos, de Braulio, aquel extraordinario maestro que había

renunciado a la comodidad de una situación personal desahogada, pasando meses y meses, que luego

serían años, perdido en rincones inimaginables del desierto, a veces sin luz, ni un poco de agua fresca o lo

más elemental que puede pedir el hombre, por instruir a los pequeños saharauis, los «golletes», como se

les llamaba cariñosamente, desde nuestra llegada al territorio, cuando la primer palabra española que

aprendieron fue «galleta» o «gaulleta» para pedir las que se les repartían, de lo que derivaron el nombre

de «gollete».

También parecía inevitable pensar en cuantos de ellos vinieron al mundo bajo las luces de los faros de

algunos Land-Rover, mientras su madre era intervenida así, a vida o muerte, por el médico o el

practicante que con nuestros soldados patrullaba casualmente por aquella zona.

¡Cuántas veces se repitió así el prodigio de un nacimiento que luego celebraban saharauis y españoles!

¡Cuántos recuerdos gracias a Dios pueden permanecer limpios y gratos en nuestra memoria!

UN ACUERDO SOLAMENTE VERBAL

Si recordamos que con posterioridad tampoco ha sido ratificada y que, a juzgar por la forma de mantener

el compromiso respecto a la pesca, fosfatos y otras condiciones. Marruecos, tal como comprendía

cualquiera que no hubiese intervenido en ultimar dicho acuerdo, no iba a estar a la altura de la

caballerosidad supuesta, el hecho de que un día de un plumazo decidiéramos incluir en nuestra geografía

una próvida más, y de repente, de otro plumazo, otro día encontrásemos que nos sobraba, sinceramente no

era ya como para sorprenderse demasiado.

Hubo, sin embargo, algunos procuradores que tampoco debieron ver muy clara toda esa maraña cuando se

opusieron a ratificarle, como fue el caso de Blas Piñar y varios más, y ello evidencia que si

personalidades de la más diversas ideología han coincidido en su repulsa por la forma de salir del Sahara,

mientras que otro sector, en cambio, lo ha empleado políticamente en contra nuestra, es más que

razonable imaginar la compleja urdidumbre que hay detrás de todo ello y a quién puede beneficiar. Ya he

dicho que en el Sahara hubo demasiados casualidades para que pudieran ser sólo fortuitas.

NO HABÍA RAZÓN LÓGICA

Hubo médicos, maestros, soldados. Sección Femenina, comerciantes y funcionarios, que esforzándose y

arriesgándose, enseñaron, curaron, atendieron o defendieron a los saharauis; ellos también fueron

traicionados en aquel acuerdo incomprensible en que el Sahara ya sólo era ex-pañol.

Y ni siquiera hemos tenido la justificación de hacerlo por una ventaja para nuestra Patria, porque, si bien

una compensación material para ella lo habría justificado todo menos la traición, la verdad es que ni

siquiera hubo algún beneficio, ya que no debe olvidarse algo fundamental y es que el acuerdo de Madrid

fue sólo verbal, sin otra garantía que la de «un acuerdo entre caballeros sin que se haya llegado a la firma

de ningún documento que lo formalice», según informaba Pyresa en una nota ampliamente difundida en

todos los medios de información y recogida en EL ALCÁZAR del 18 de noviembre de 1975, en su página

4.

LLUVIA DE DESATINOS

Y en cuanto a la forma de prodigar el desatino como un agravio más y una posibilidad de reproche para el

gobierno en que culminase este proceso histórico, preparémonos a las deducciones que ante la inminente

visita de Hassan nos ofrecerá alguna publicación, teniendo en cuenta que ya nos ofreció las declaraciones

del monarca marroquí cuando amenazaba con dar los nombres de las distintas personalidades que le

facilitaron la transacción del Sahara si no cedía el apoyo español a los saharauis.

¡Como si Hassan pudiera exponernos alguna queja cuando además le vendemos las armas para luchar

contra los saharauis, aunque mañana podría emplearlas contra nosotros mismos! Vivir para ver.

Victoria MARCO LINARES

(Fotos: Autor y Archivo)

 

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