Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo del Sahara (XXXVI). 
 En el despacho del gobernador     
 
 El Alcázar.    07/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 34. 

Lo que no se dijo del Sahara

Capítulo XXXVI

En el despacho del Gobernador

Al cabo del tiempo sigo viendo en mi recuerdo todas aquellas caras sonrientes con empalagosa

oficiosidad. Naturalmente, ellos tenían buenos motivos para estar radiantes, pero no podían llevar su

necedad a pensar que pudiéramos compartir aquel júbilo nosotros. Sin embargo, es asombroso haber

sabido más tarde que confiaban en hacer una entrada triunfal en Aaiún, escoltados por nuestras fuerzas,

pero no como lo hicieron, en severísimas medidas de seguridad, sino simplemente rindiéndoles honores y

acatamiento.

En este aspecto debe reconocerse su legitimo desencanto cuando poco después los saharauis comenzaron

a bombazo limpio contra ellos en una guerra que está por concluir.

LA IMPOPULARIDAD DEJATRI

No obstante, creo que nosotros tampoco habíamos previsto que los hechos ocurriesen así. Se llegó a

hablar incluso de que al irnos dejaríamos la administración del territorio a un representante de la ONU

que estaría presente en el referéndum.

En cambio, aquella llegada imprevista podría crear un sinfín de problemas, teniendo ya a medio repatriar

las unidades militares, como el Canarias 60, que aquella misma manaría había embarcado hacia Las

Palmas. Era evidente la conveniencia de acelerar en lo posible la salida para ahorrarnos la promiscuidad

con los marroquíes que a todos nos iba a resultar como una afrenta.

Por si era poco, la presencia de Jatri entre aquellos parecía una provocación porque no le perdonaban

haber jurado vasallaje a Hassan.

Los saharauis habían desconfiado siempre de aquel sujeto hasta prevenirme tiempo atrás contra él,

advirtiéndome que ningún referéndum sería legal a través de la Yemaa, pues al ser su presidente Jatri,

compraría a los distintos jefes de las tribus para transformar el resultado, mientras que una votación

individual de, toda la población saharaui seria la única fórmula digna de confianza.

Ahora corría además la ja-bara de su posible nombramiento como gobernador, cuando a la salida de

España, y tras la administración tripartita, se. reajustase la forma de gobierno en Aaiun.

Al despacho de Salazar habían pasado solamente cuatro o cinco personas de la comisión y más tarde Jatri;

serían entonces aproximadamente las 8 de la tarde.

DLIMI Y ASAN

Fuera habíamos quedado un cámara de TV canaria. Pastor y yo, y por supuesto, aquella extraña harca

que, como en su propia casa se asomaban por las ventanas, recorría el edificio, sin dejar de sonreír pero,

eso sí, con una extraña propensión a cambiar de gesto cuando a veces una especie de sombra siniestra les

recorría el talante.

Algunos llevaban como un gorro hebreo hecho a crochet y otro de aquellos individuos, especialmente

amanerado, se identificó como actor, aunque no llegase a explicarnos la clase de papel que él

representaba en aquella función, pero ninguno mereció algún interés por mi parte, fascinada como estaba

por el extraño uniforme del capitán de la gendarmería, especialmente tras haber descubierto que no había

rastro de calcetines entre sus pies y su calzado.

El periodista de la gorra calada advirtió algún sonido en el despacho del gobernador y dijo que a

continuación entraríamos los demás.

En aquel momento se produjo cierto revuelo hacia la escalera y él nos explicó que se marchaban el

coronel Dlimi y el comandante Hassan.

EN EL DESPACHO DEL GOBERNADOR

Efectivamente, pero ya sólo alcancé a ver, asomada a la barandilla de la escalera, dos gorras que se

alejaban, pues sus dueños estaban ya casi en el piso de abajo.

El colega que venia ejerciendo como relaciones públicas me explicó sus respectivas identidades.

— Uno, es el comandante Hassán, que estudió su carrera en Academias militares españolas, y el

otro es Dlirni, ya sabe.

— ¿Dlimi?

No, yo no lo sabía entonces, pero alguien me dijo poco después que Dlimi había salvado a Hassan cuando

el atentado al avión real y que, además, Dlimi se encargó de "ajusticiar" personalmente a Ufkir, el

frustrado regicida. Se comprendía que Hassan le considerase bien.

Pasamos al fin al despacho del gobernador. En un sofá estaban el ministro del Interior, Driss Basrri, que

hablaba en francés siendo traducido por el comandante Diego Aguirre, y el nuevo subgobernador Ben

Souda en cuya solapa una roseta roja recordaba vagamente La Legión de Honor.

El general Gómez de Salazar estaba sentado aparte en un sillón, y me pareció ligeramente cansado, quizá

porque esta vez su sonrisa era mucho más tenue.

PARA LA TELEVISIÓN MARROQUÍ

Cerca de él, Jatri sonreía también, pero a los focos de la TV, lo que nos permitió ver por primera vez el

color de sus ojos mientras se mesaba la barba o se arreglaba los pliegues del Derrah.

En el despacho estaba también el coronel Burgón, de Estado Mayor, y varios jefes más.

El gran montaje propagandístico empezó a funcionar rápidamente y a continuación el subgobernador

marroquí inició su perorata ante las cámaras, a fin de que los marroquíes pudieran comprobar enseguida

que lo de tomar el té en Aaiun era cosa de nada. Luego dejó el francés y continuó hablando largamente en

su idioma, pero sin duda acalorado por la emoción del momento histórico comenzó a elevar el tono de

voz hasta dar una impresión casi amenazante, cuando, curiosamente, el colega de la gorra, precisamente

informador de Radio Rabat, según supe entonces, traducía las protestas de amistad hacia España que

"abrían una nueva página para el futuro de ambos países, sin duda alguna muy fructífero, pues estamos

obligados por cultura y civilización".

En aquel momento el comandante Pardo de Santallana se dirigió al de la gorra ordenándole en voz baja

que se descubriera.

— Menos mal —murmuró una voz amiga a mis espaldas—, porque yo le iba ya a quitar la gorra de

un manotazo.

Esto distrajo mi atención un momento, pero cuando volví a escuchar seguíamos aún en el capítulo de

protestas amistosas.

—... son vínculos de amistad eterna, lazos para siempre.

—Ya lo veo, ya —respondió nuestro gobernador.

A continuación le invitaron a pronunciar también unas palabras con su opinión, a lo que Salazar

respondió escuetamente, pero con toda cortesía, que transmitiría aquel mensaje, y que personalmente,

como era militar, tenia una disciplina y unas órdenes que él siempre cumplía.

VISITAR LOS FOSFATOS

Pero el marroquí no se conformaba y quiso acabar la grabación con mayor brillantez, así que habló de que

Su Majestad Hassan II tendría mucho gusto en realizar en breve la prometida visita a Aaiún.

Quizá Gómez de Salazar no entendió del todo y antes de oír la oportuna traducción preguntó en voz baja

con una ligera alarma.

—¿Qué dice?,¿qué dice? Ya comprendo, ya —continuó después—, quizá fuera mejor más adelante y

habría que reforzar debidamente las medidas de seguridad.

Entonces Ben Souda con absoluto desinterés apuntó la conveniencia de una inmediata visita a las

instalaciones de Bucraa y de obtener un helicóptero para llevar aquel mensaje a S.M. Hassan II, y al

pueblo marroquí el reportaje que se estaba filmando.

Era indudable que pidiendo varias cosas a la vez al menos confiaba lograr alguna, así que, aprovechando

que el general Gómez de Salazar consultaba con el coronel Burgón probablemente sobre la cuestión del

helicóptero, me aproximé al subgobernador marroquí identificándome y preguntándole en francés con mi

mejor sonrisa si quería responder a una pregunta para los lectores de EL ALCÁZAR.

Al momento me aproximaron todo el equipo de micrófonos y supongo que las cámaras debieron

enfocarme, a juzgar por las luces de los reflectores. Sin embargo, más que suposición fue certidumbre la

que tuve de que el reportaje se cortaría antes de mi intervención, y al parecer no me equivoqué.

Victoria MARCO LINARES. Foto: ARCHIVO.

 

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