Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo del Sahara (XXXIV). 
 ¡Han llegado los marroquíes!     
 
 El Alcázar.    28/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 25. 

Lo que no se dijo del Sahara

"¡HAN LLEGADO LOS MARROQUÍES!"

Capítulo XXXIV

EL domingo 23 de noviembre por la mañana, subí a lo que había sido la biblioteca del casino, aunque a la

sazón sólo quedasen en ella algunos diarios, porque me habían dicho que en un periódico venían unas

nuevas declaraciones de Piníes en la ONU, insistiendo sobre la salvaguardia de los intereses saharauis, y

como siempre nos aferramos a cualquier esperanza quise comprobar personalmente si, en efecto, en

aquellas declaraciones, había algún resquicio para la esperanza.

TODO ERA PROVISIONAL E INCONCRETO

En efecto, el miércoles 19 Piníes habla puntualizado entre otros extremos:

"Podran Vds. observar que se instituye una administración temporal que nos ha permitido soslayar toda

referencia a los problemas de soberanía y al definitivo destino del territorio. Queda por lo tanto en pie el

principio de la carta relativo a la libre determinación de los pueblos y al régimen de los territorios no

autónomos, así como las resoluciones de la Asamblea General referentes al Sahara occidental.

El dato era muy interesante pues parecía totalmente formal exponer ante el seno de las Naciones Unidas,

la afirmación de que España soslayaba decidir el definitivo destino del territorio, lo que demostraba que

nada se había cedido ni traspasado a Marruecos, y que sólo se habla tomado una decisión transitoria, pero

no definitiva.

Luego, más adelante insistía: Todos los miembros de esta Cámara sabemos, como lo saben los pueblos

español y saharaui y la opinión pública internacional, que, de no haber mediado determinadas (y no

precisamente felices) iniciativas ajenas a nuestros propósitos, el noble pueblo del Sahara ya se hubiera

pronunciado con toda libertad y garantía sobre su propio futuro, pero los obstáculos no han modificado ni

un ápice nuestro propósito y la población saharaui ha de jugar un protagónico y fundamental papel en las

decisiones políticas que puedan concernir al futuro del territorio. Y ello bien directamente o bien a través

de la Yemaá, auténtica asamblea representativa de la población sahariana". Al cabo de 15 meses de

acontecimientos poniendo en claro la contradicción de tales declaraciones, y la incalificable entrega del

territorio, mientras que al mismo tiempo el convenio no ha pasado de ser verbal, se tiene la impresión de

que tantas idas y venidas, tantas cabilaciones para no formalizarlo, o cualquier forma en que se hubiera

hecho, tenían, por fin no comprometerse oficialmente con un tratado suscrito y refrendado legalmente,

para dejar en efecto, una puerta abierta a los saharauis.

LA INCONSISTENCIA DEL TRATADO

Pero, al mismo tiempo, al no limitar tanto nuestras obligaciones como las de los marroquíes, se creaba

una situación de inestabilidad e inseguridad absoluta sobre los acontecimientos inmediatos, cuyas

consecuencias estaban al caer, demostrando al mismo tiempo el parto de los montes de la representación

española, al alumbrar un convenio tan singular que revela toda su nulidad e incompetencia.

Y en consecuencia, como ello nos había dejado a merced de nuestros adversarios, y a éstos no había que

perderles de vista, iniciaron la táctica de hechos consumados que habría de darles tan asombrosos

resultados, y sin más, aquella mañana cruzaron la frontera por el puesto de Tah formando una caravana de

16 vehículos militares y 8 civiles, aunque a continuación llegaron a Daora 40 más, que fueron escoltados

después por un destacamento de La Legión.

Lo imprevisto de aquella irrupción pudo cansar un serio incidente cuando al ver el Tercio desde sus

posiciones que el enemigo se le echaba encima, estuvo a punto de abrir fuego.

Hubo llamadas por radio-teléfono, deliberaciones del alto mando, y cabe suponer que, como

efectivamente en el Cuartel General de Aaiún no sabían nada, ya que aquello no estaba previsto ni en

Madrid, hubo también llamadas a Presidencia. Sin embargo el caso estaba bien claro ¿era cosa de ofender

acaso a nuestros flamantes aliados si por una comprensible impaciencia (¡habían suspirado tanto a los

"pobres" por el Sahara!) adelantaban su llegada, prevista en principio para el día 3 de diciembre? Total a

sólo eran 10 días de antelación. Además, si los mauritanos menos avisados no habían enviado ya su

delegación allá ellos.

En cambio habría sido una lástima dar con la puerta en la cara a las queridas huestes de Rabat poniendo n

en evidencia nuestra impertubable amistad por los países árabes.

No era cosa, por tanto, de que se volvieran de vacío, ni había por qué suponer que lo hicieran, quizá

conocían incluso el célebre "J´y suis, J´y e reste" del mariscal Mac-Mahon.

Así, que al ir todo dentro de unos cauces de normalidad, se permitió a principio que la caravana,

debidamente escoltada por los legionarios, avanzase hasta las mismísimas puertas de Aaiún,

estacionándose en la gran explanada del acuartelamiento de Sidy-Buya perteneciente al III Tercio y

situado unos tres kilómetros antes de llegar a Aaiún viniendo de la frontera Norte.

Así, cuando a la salida del casino yo emprendía el regreso a mi casa, al volver la esquina hacia la

antigua avenida Domingo M. Portillo, me crucé con alguien que al verme ex clamó:

— ¡Han llegado los marroquíes! ¡Han llegado los marroquíes!

Era un mallorquín que cumplía su servicio militar en el III Tercio con un espíritu tan extraordinario, que

frecuentemente iba a las "captaciones" de nuevos reclutas atrayéndelos fácilmente para su unidad. Se

llamaba Valentín Murgui y junto con varios soldados de distintas armas, a cuya magnifica moral habré

de referirme en su momento, fueron para mí el mejor testimonio de que no solo jefes y oficiales

componían un bloque compacto y perfecto de unión y espíritu militar, sino que los mismos soldados eran

la mejor evidencia de ello y además hubieran preferido cualquier sacrificio a verse obligados a tolerar la

presencia marroquí.

TESTIGOS DE EXCEPCIÓN

Me dijo también que la BBC había dado la víspera la noticia de aquella llegada y que a él le había

informa do uno de los camareros del casino, así que opté por volver al edificio a indagar.

Allí me dijeron que en efecto, sobre las 11 de aquella mañana, cuando acababa de llegar el gobernador,

apareció de repente un funcionario de Gobierno quien a todo correr de sus cortas piernas se dirigió a

Salazar para cuchichearse algo y comentar después:

—¿Pero cómo se atreve a venir ese hombre? ¡Si parece imposible!

-- ¡Ni que fuera Jatri quien viniese! —bromeó mi informador sin sospechar que de él se trataba precisa

mente.

De momento la caravana continuaba allí aguardando algo, pero era indudable que se preparaban

acontecimientos, así que mentalmente hice mi plan de trabajo.

A decir verdad la muerte del Caudillo había alejado del Sahara a los últimos periodistas y sólo

quedábamos el enviado gráfico de Cifra, José María Pastor, que gracias a ello tuvo ocasión de ser el único

en recoger con sus cámaras el acontecimiento cumbre de todo el episodio sahariano, y yo, que igualmente

era el único informador presente el domingo23 de noviembre para atestiguar la llegada de Marruecos al

Sahara y aclarar que acaeció precisamente en esa fecha y no en la que erróneamente dieron luego, por

razones que ya diré, otros medios informativos.

Victoria MARCO LINARES

Fotos: AUTOR Y ARCHIVO

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