Ayer, en la Comisión de Asuntos Exteriores. 
 Ratificado el tratado con los Estados Unidos  :   
 Prosperó una moción del señor Fernández Mora, en la que se pide que la Resolución Clark no vincule al gobierno español ni mediatice el tratado de amistad y cooperación. 
 Informaciones.    24/07/1976.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

AYER, EN LA COMISIÓN DE ASUNTOS EXTERIORES

RATIFICADO EL TRATADO CON LOS ESTADOS UNIDOS

PRÓSPERO UNA MOCIÓN DEL SEÑOR FERNÁNDEZ DE LA MORA, EN LA QUE SE PIDE QUE

LA «RESOLUCIÓN CLARK» NO VINCULE AL GOBIERNO ESPAÑOL NI MEDIATICE EL

TRATADO DE AMISTAD Y COOPERACIÓN

MADRID, 24 (INFORMACIONES).—A las nueve menos diez de la noche de ayer, después de unas tres

horas y media de debate, la Comisión de Asuntos Exteriores de las Cortes Españolas ratificó, por

unanimidad, el Tratado de Amistad y Cooperación firmado entre España y los Estados Unidos el pasado

mes de enero. En el transcurso de las discusiones, transformadas en alusiones personales en algunos

momentos, se debatió principalmente el párrafo de la declaración adicional del Senado norteamericano

por el que se formula una incitación a España para caminar hacia la democracia.

Algunos procuradores entendían esto como una intromisión, en los asuntos internos de nuestro país.

Varios miembros de las Cortes adheridos con esta postura, entre ellos los señores Fernández de la Mora y

Pedresa Latas, pedían una declaración española que rechazara expresamente el mencionado párrafo. En

cambio, otro grupo de procuradores, encabezado por el señor Esperaba de Arteaga, era partidario de

expresar su agradecimiento por la referida declaración americana.

La base y el origen inmediato de este enfrentamiento dialéctico fue el contenido de la llamada

«Resolución Eagleton Clark», que, de hecho, constituye un «advise» o moción añadido al Tratado de

Amistad y Cooperación Hispano - Norteamericano, por el que el Senado pide al ejecutivo de su país que

se interprete dicho Tratado en el sentido de favorecer el proceso español de democratización.

El presidente, por su parte, no aceptó que se diera lectura a las enmiendas sugeridas por los procuradores

en sentido contrario al espíritu de dicha resolución, ya que no se trataba de enmiendas a la totalidad, y en

esta misma línea de actuación rechazó también la petición de que el tema fuera sometido al Pleno de la

Cámara, ya que caía fuera de su competencia al no afectar —según dijo— a la soberanía nacional. Sin

embargo, como algunos procuradores insistieron en dejar constancia de cuál era la posición de las cortes

respecto de la resolución aprobada por el Senado norteamericano, el presidente de la comisión, señor

Fueyo, aceptó que se llegara a una moción que sirviese para que el Gobierno se reafirme en la actitud

puesta de relieve en el propio discurso de presentación del Tratado por el ministro de Asuntos Exteriores,

en el que dejaba bien claro que el Gobierno español no tiene que dar cuenta de la reforma política que se

propone más que al propio pueblo español.

Los señores Esperabé y Escudero pusieron de relieve su perplejidad porque se quisiera someter la

aprobación del tratado al Pleno, ya que ello sólo sería posible si estuviéramos en un régimen

parlamentario en el que la determinación de la política nacional debería estar sometida al control del

Legislativo. A su juicio, la resolución del Senado norteamericano ayudaba a la democratización de

España —frase que originó algunas protestas— y, sobre todo, estaba en línea con el compromiso asumido

por el Rey ante el Congreso de Norteamérica de lograr una plena normalización democrática. Por todo

ello, el señor Escudero Bureda no solamente no entendía que hubiera interferencia alguna en la

«resolución Clark», sino que la agradecía.

El señor Espérate, dirigiéndose al señor Fernández de la Mora, dijo que si no hubiéramos tenido acuerdos

con Norteamérica, el señor Fernández de la Mora no hubiera sido ministro. «Recuerden ustedes —agregó

el procurador familiar por Salamanca— que España estuvo condenada en Postdam. Recuerdo que, en mi

juventud, cuando iba al baile, no bailaba con las señoras a las que les olía el aliento. Por eso creo que los

norteamericanos quieren nuestra plena democratización.»

Ante esta alusión personal, el señor Fernández de la Mora respondió al señor Esperabé que creía en las

razones y no en las anécdotas. «Debemos proscribir de la polémica y del diálogo las alusiones personales,

porque creo —añadió el señor Fernández de la Mora— que son un pésimo camino para la democracia. En

cualquier caso, señor Esperabé, le devuelvo su pregunta: Si no hubiéramos tenido el paraguas

norteamericano, quizá estuviésemos dentro del imperio soviético; pero entonces el señor Esperabé no hu-

biera podido decir lo que ha dicho. Desde luego, yo no hubiera sido ministro de Obras Públicas. Pero su

señoría puede que estuviera ahora en el archipiélago Gulag.»

Finalmente, la Comisión de Asuntos Exteriores de las Cortes aprobó una moción, a propuesta de los

señores Fernández de la Mora y García Valdecasas, y con el apoyo de los señores Pedresa Latas, Madrid

del Cacho y otros, así como los votos en contra de los señores Escudero y Esperabé y las abstenciones de

los señores Franco Pascual del Pobil y Perrero Pérez, con la siguiente redacción:

«En relación con el Tratado de Amistad y Cooperación con Estados Unidos de América, la Comisión de

Asuntos Exteriores considera que únicamente el texto suscrito el 24 de enero de 1976, y que es el que ha

sido sometido a las Cortes y ratificado por la Comisión, obliga al Gobierno español; que la ulterior

unilateral declaración del Senado de los Estados Unidos de 22 de junio de 1976 en nada lo modifica, pues

seria contrario al Derecho internacional cualquier condicionamiento que suponga la Injerencia o

fiscalización de asuntos internos, que son de la exclusiva competencia del pueblo español.

Las prestaciones españolas a que el tratado se refiere no quedarán afectadas por ningún factor extrínseco a

los propios términos de lo convenido.»

 

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