Autor: Parra Galindo, Antonio. 
 Relaciones exteriores. 
 Cambio de estrategia USA para las bases en España     
 
 Arriba.    04/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

RELACIONES EXTERIORES

CAMBIO DE ESTRAEGIA USA PARA LAS BASES EN ESPAÑA

* Supondría un giro de noventa grados en los supuestos de defensa norteamericanos

NUEVA YORK De nuestro corresponsal, ANTONIO PARRA

WASHINGTON. (Del corresponsal de ARRIBA y Pyresa.) - Las bases norteamericanas en España, que

han constituido uno de los arbotantes de mayor calibre en las coordenadas de la estrategia ofensiva y

defensiva del Pentágono, es posible que durante la era Carter experimenten un cambio de cotización. La

especulación la lanza uno de los expertos militares del «New York Times», John Finney, plata-formando,

quizá, rumores que ha recogido entre los ayudas de cámara y asesores del Presidente electo. De cumplirse

tales suposiciones, ello comportaría no solamente un giro de 90 grados en los supuestos de defensa de

este país, sino que también le acercarían a Carter a una contra dicción, puesto que estos corolarios son

exactamente lo opuesto a lo que había revelado cuando contendía para la presidencia. El Pentágono,

después de la segunda guerra, siempre clasificó en categoría aparte a las bases de Morón, Rota, Torrejón

y Zaragoza. Finney, sin embargo, pone en tela de juicio la sobredicha clasificación, y aduce una razón

para justificar este retroceso de las bases en suelo hispánico: el lanzamiento de armamento da más calibre

y más capacidad para obrar 3 más distancia. Eso significaría que los enclaves hispanos, empleados

primordialmente para el reavituallamiento de aviones y submarinos en ruta, no serian tan utilizables,

habida cuenta de que los vehículos estarían habilitados para repostar en otros lugares menos

convencionales o más cercanos a casa. Refiere el experto que la base de Torrejón, hasta hace poco

provisora de combustible para los bombarderos «B-47» de media distancia, se ha convertido en lugar de

entrenamiento en clima soleado de los aviones norteamericanos con base en Alemania. Asimismo, la

introducción de «missiles» de larga distancia - agrega Finney - hace mucho más cuestionable la utilidad

de los submarinos nucleares de Rota.

Costoso mantenimiento

Aparte del costo, el mantenimiento y la subvención de estos enclaves balísticos y detectivos en España,

Grecia, Turquía o las Filipinas, puede resultar un hecho arriesgado y comprometido para USA, por cuanto

que la reciprocidad de los acuerdos para bases militares obliga en algunos casos a injerirse en la política

interna de aquellos países de una manera u otra, aunque no quepa duda de que esta generosidad a la cual

alude Finney sea una generosidad bastante cuestionable. Bien es verdad que los acuerdos con España y

con Turquía presuponen un desembolso para el Pentágono de 1,2 billones de dólares, pero esta cantidad

no llega a los países interesados en dinero con tante y sonante. Se paga en especie, o lo que es igual: con

armas. El establecimiento de semejante premisa aboca a una conclusión clara, por lo demás, y es que el

canje quienes salen mejor parados son los fabricantes de material de guerra en última instancia. Se trata,

pues, de una generosidad muy peculiar y relativa, que nadie sabe cómo ha podido escandalizar a los

«pundits» del «New York Times» a la vista de las razones arriba reseñadas.

Una mala herencia

Parece ser que detrás de todo esto lo que hay es un intento solapado por defenestrar a la «filosofía

Kissinger», a la que se hace responsable de haber empujado a la política exterior norteamericana con una

ronda de acuerdos apresurados y desmedidos en el último ciclo de su mandato. Pese a todo, en el caso de

España, el acuerdo sobre bases, firmado meses atrás al cabo de una serie de negociaciones largas, la

suerte ya parece echada. No cabe marcha airas. Son unos acuerdos a los que respalda el visto bueno del

Congreso, y eso es cosa difícil de levantar, más bien puede ocurrir que proceso de revisión de la política

de Henry Kissinger en Europa redunde en pro de un desvencijamiento de toda esta filosofía estratégica,

cuyos orígenes rebasan los límites de la era Kissinger - ya en tiempos de! senador Pat McCarran se

luchaba con denuedo en el Congreso para convencer de la importancia do las bases en la Península

Ibérica -. A dieciocho días vista de la entrada de Jimmy Cárter en la Casa Blanca se habla de una nueva

moralidad, de un recalo mayor en la política exterior USA.

El billón y pico de dólares a Finney le parecen muchos dólares, pero tal vez el citado comentarista no se

haya detenido demasiado a ponderar las implicaciones y deberos que el de hecho al usufructo de las bases

acarrea. Si se someten a examen tales considerandos, a lo mejor resulta que el precio a pagar es muy

módico. La guerra de Oriente Medio en el 73 dejó bien demostrado no sólo la importancia capital de las

bases, sino también las graves repercusiones para la seguridad de España. Aparte de eso, hubo algunas

reticencias de todo punto justificadas entre los árabes, al fin de las cuales la tradicional amistad hispano-

árabe saldría tocada de ala. Lo malo del caso es que Washington no indemnizó por tales conceptos. Ello

explica el que las negociaciones con Madrid para renovar fuesen tan prolongadas. La pervivencia de los

acuerdos de momento parece asegurada otro lustro más, pero caducado ese plazo, el futuro de las bases

norteamericanas en España se perfila bastante aleatorio En Washington la cuestión empieza a ser tratada

desde el punto de vista de una mala herencia que el doctor Kissinger deja en pos de si, y en Madrid

la consolidación de un sistema más democrático constituye un síntoma de que estas cuestiones,

trascendentales para la seguridad interna del país, serán sacadas a la luz, o por lo menos deberán aflorar

en los debates parlamentarios. No caben, pues, maneras clandestinas de actuar en adelante, como, según

parece, ocurrió durante la guerra de «Yom Kippur».

Martes 4 enero 1977

 

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