España y América     
 
 ABC.    17/10/1963.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ESPAÑA Y AMERICA

El viaje del ministro de Asuntos Exteriores a los Estados Unidos marca un hito en la política exterior de

nuestro Estado. En primer lugar, el discurso de Castiella ante la Asamblea General de las Naciones

Unidas ha sido el más importante acto de presencia directa de España en la Administración internacional

de la postguerra. Fue escuchado con atención insólita y recibido con admiración por la mayoría y con

respeto por todos. Nuestro ministro hizo una exposición serena y a la vez valiente de la actitud española

ante los principales problemas que plantea la coyuntura internacional. Y sobre todo tuvo el valor de

enfrentarse sin partidismo ni demagogia, con la cuestión africana. Su defensa de las posiciones

portuguesas no fue simplemente la de un aliado, sino la de un estadista objetivo que sólo se deja influir

por el peso de las razones y por la consideración fría de los hechos. Su voz estaba investida de la

autoridad de quien hablaba por un país sin problemas coloniales. Los planes autonómicos del Gobierno

español anunciados por Castiella acaban de ser elevados por el Gobierno a las Cortes. Texto meditado y

brillante, que ha dejado a España ante el supremo aerópago internacional a la noble altura de un gran país.

Además nuestro ministro ha suscrito los acuerdos de prórroga y desarrollo de los pactos con los Estados

Unidos. Los máximos defraudados fueron los que especulaban con una denuncia. Por el contrario, lo que

ha ocurrido es el fortalecimiento del espíritu de colaboración de la primera potencia del mundo libre con

el pueblo español.. Una colaboración sin tensiones ni reservas, profundamente amistosa y leal. Y que no

se extiende sólo a la asistencia militar y técnica, sino también a la política, puesto que se han previsto

intercambios de información y consultas mutuas sobre materias políticas también. España es un aliado en

pie de igualdad con los Estados Unidas, prácticamente bastante más aliado que otros Estados que por

inconfesables motivos todavía se obstinan en obstaculizar el acceso de España al primer plano de las

decisiones occidentales. Con la prórroga pactada de los acuerdos las relaciones de España con los Estados

Unidos entran en una etapa de normal incremento, a la que no se le ve término. Y con ello se abre para

nuestra diplomacia un período de firme presencia internacional en estrecha colaboración con su gran

aliado.

Pero por obra y gracia de una incontenible gravitación histórica, América no es sólo para nosotros la gran

República sajona hoy rectora de Occidente, sino también y de modo muy entrañable las fraternas

naciones hispánicas, de las que sólo nos separan las respectivas autonomías jurídico-adminisírativas. Por

primera vez un ministro español de Asuntos Exteriores ha sido solemnemente recibido en la sede de la

Organización de Estados Americanos, y nada menos que bajo el glorioso signo del egregio Francisco de

Vitoria. Ante aquel gran senado interamericano, en el que se reúnen algunas de las personalidades más

eminentes de Hispanoamérica, habló nuestro ministro de la comunidad hispánica de naciones, de todo lo

que nos une y de esa gran historia intelectual y política que es patrimonio común de los hispanos de

allende y de aquende del Atlántico. El discurso de contestación del secretario general de la Organización

de Estados Americanos, doctor Mora, fue un canto a la raza, a la obra teológica y jurídica de Vitoria. En

un clima de alta temperatura psicológica, en el mismo lugar en donde antaño las relaciones entre España e

Hispanoamérica habían estado presididas por la reserva y en ocasiones por la frialdad, el doctor Mora

dijo: "Estoy seguro de interpretar el sentimiento hondamente arraigado en todos los hijos de América al

expresar nuestra fe en el futuro venturoso de esa España que ha vivido y repartido tantas hazañas y tantas

glorias." Pero la tensión fraterna llegó al máximo cuando Carlos Sosa, presidente de la Asamblea General

de las Naciones Unidas, se levantó al final del almuerzo ofrecido por nuestro ministro con ocasión del

aniversario del Descubrimiento y brindó por la madre patria con acentos estremecedoramente

conmovedores. Sus palabras fueron el reconocimiento de que España no sólo es de derecho, sino también

de hecho la Patria natural y hospitalaria de todos los hispanos.

Y, finalmente, las entrevistas. La mantenida con el presidente de los Estados Unidos de América duró

cincuenta minutos, y en ella se abordaron todos los aspectos de la colaboración hispanonorteamericana y

en general los que afectan al mundo libre. Luego las reiteradas conferencias con Rusk, Stevenson y

numerosos jefes de Delegación. Los Estados Unidos, representados por sus más altos magistrados, han

recibido a España en la persona de Castiella como a una nación de verdad amiga, y ello sin recelos, sin

concesiones a los tópicos propagandísticos, a los falsos valores entendidos y al sectarismo, que tantas

veces entenebrecen el vero perfil de los pueblos.

El paso de Fernando María Castiella por los Estados Unidos ha sido sin duda un éxito personal; pero

también y muy singularmente constituye la coronación de un esfuerzo, la cristalización de una victoria

durante largo tiempo merecida por todo un pueblo. Es, en definitiva, el resultado de una larga gestión

española de saneamiento de la vida interior, de desarrollo económico y de serena presencia en el mundo.

Porque la buena política exterior no es la que se hace con el solo respaldo de habilidades retóricas, sino

con la firme garantía de mi pueblo en orden y en marcha que comparece ante el mundo no con

reivindicaciones coyunturales o partidistas, sino con demandas que tienen su razón en el Derecho natural

y en las constantes geopolíticas. La política exterior que representaba Castiella en los Estados Unidos no

era la de un grupo o persona, sino sencillamente la de los españoles, la que cualquier ciudadano y

cualquier Gobierno tendrán que hacer suya entre nosotros: estrecha colaboración con los Estados Unidos

en la defensa del mundo libre, leal hermandad con Portugal, vinculación entrañable con los pueblos

hispánicos, reivindicación de Gibraltar, política de emancipación y desarrollo de todos los pueblos en un

plano de igualdad y defensa de los valores morales en la ordenación de la convivencia internacional.

 

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