Autor: Massip Izábal, José María. 
 Importantes declaraciones de Garrigues en Washington a los corresponsales de ABC y de Ya. 
 España no pidió en 1953 ni ha pedido ahora precio por las bases hispano-americanas: era una cuestión de ser o no ser  :   
 Esas instalaciones, sobre las que ondea nuestra bandera, son la cooperación española al esfuerzo defensivo occidental. 
 ABC.    27/10/1963.  Página: 79-81. Páginas: 3. Párrafos: 43. 

IMPORTANTES DECLARACIONES DE GARRIGUES EN WASHINGTON A LOS

CORRESPONSALES DE ABC Y DE "YA"

ESPAÑA NO PIDIO EN 1953 NI HA PEDIDO AHORA PRECIO POR LAS BASES HISPANO-

NORTEAMERICANAS: ERA UNA CUESTION DE SER O NO SER

ESAS INSTALACIONES, SOBRE LAS QUE ONDEA NUESTRA BANDERA, SON LA

COOPERACION ESPAÑOLA AL ESFUERZO DEFENSIVO OCCIDENTAL

Las negociaciones se llevaron a cabo dentro de un absoluto realismo por ambas partes

El acercamiento a Estados Unidos no significa, en modo alguno, un alejamiento de Francia

LOS ACUERDOS HAN REFORZADO LA POSICION INTERNACIONAL DE ESPAÑA

SIN MENGUA DE SU LIBERTAD POLITICA

Washington 26. (Crónica de nuestro corresponsal.) "La firma del conjunto de documentos que han hecho

posible la renovación de los Acuerdos de 1953, es, para la posición internacional de España, un acto de

extraordinaria significación, sin que se trate de un triunfo de la diplomacia española sobre la

norteamericana, ni viceversa... , ha declarado hoy el embajador en esta capital, don Antonio Garrigues,

a preguntas de varios corresponsales, comentando los recientes Acuerdos hispano-norteamericanos y la

extraordinaria actividad diplomática, económica, militar y cultural que se ha desarrollado a su alrededor

en las últimas semanas, aquí y en Nueva York, subrayada por la presencia de cuatro ministros del

Gobierno, los señores Castiella, Ullastres, Navarro Rubio y el general Lacalle.

Refiriéndose concretamente a la gestión del ministro de Asuntos Exteriores, declaró el señor Garrigues:

—El discurso del señor Castiella ante la O. N. U., la firma de los documentos renovando el Convenio

Defensivo de 1953, los actos ante la O. E. A., el canje de cartas sobre cuestiones culturales y otros textos

complementarios, forma un conjunto excepcional en la gestión de un ministro del Exterior, no ya de

España, sino de cualquier país. El discurso ante la O. N. U. constituyó una toma de posición ante los

problemas internacionales, en la que se abordaron, con prudente decisión los asuntos políticos más

delicados. De mi conocimiento, hace mucho tiempo que España no había hecho una declaración

internacional de semejante importancia.

ABSOLUTO REALISMO EN LAS CONVERSACIONES

—Embajador, ¿fue difícil la negociación para renovar los Acuerdos.de 1953?

—Sí. No podía ser menos tratándose de materias de tan alto nivel, aun negociadas con comprensión y

amistad. Las conversaciones se desarrollaron dentro de la reserva diplomática tradicional, y creo que por

una y otra parte se midió, hasta el límite humanamente posible, el complejo conjunto de datos, actitudes y

circunstancias de todo orden para encontrar, en la solución final, las máximas garantías de acierto.

"En un plazo relativamente corto se llegó a un resultado muy satisfactorio, gracias a la larga labor

preparatoria que se efectuó y al realismo en que sé colocaron ambas partes. Este realismo puede

expresarse así: no pedirnos nada que, obviamente, ni una ni otra parte estaba en posición de dar,ceder y

conceder, recíprocamente, en aquellas demandas indeclinables para las partes, como condición "sine qua

non" para llevar la negociación a término."

—España—siguió diciendo el señor Garrigues—no pidió en 1953, ni ha pedido ahora, un precio por las

bases, porque cosas de esta naturaleza no tienen precio posible, y España y los españoles no están en

ninguna clase de comercio. Las bases, sobre las que ondea nuestra bandera, significan la cooperación

española al esfuerzo defensivo occidental, en el que estamos tan directamente interesados como la misma

Norteamérica. Esto, que para España, como para toda Europa, es una cuestión de ser o no ser no puede

constituir materia de trato o "negocio".

"Partiendo de este supuesto, lo que nuestro país no podía admitir en ningún caso era ser tratado por

Estados Unidos en un plano diferente del normal en esta clase de relaciones, del que Norteamérica

reconoce a sus amigos y aliados. Y al decir España, me refiero a la España actual, con su forma política y

sus características propias, que no busca ni acepta ningún consenso, pero que rechazaría cualquier trato

discriminatorio, aunque tal no haya sido, el caso de esta negociación."

«ESPAÑA ESTA EN EUROPA Y ES EUROPA"

—Resumiendo mi pensamiento—agregó el señor Garrigues—, diré que la Declaración Conjunta y el

canje de notas para la constitución del Comité Consultivo Conjunto son, en este orden, absolutamente

satisfactorias. El que los Acuerdos de 1953 formen parte de los Tratados Defensivos del Atlántico y el

Mediterráneo, las seguridades y garantías respecto a la integridad de España frente no ya a un ataque, sino

a una simple amenaza, la cooperación que se establece entre ambos países y la estrecha relación en

materias no ya militares, sino políticas y económicas, la intervención que se da al Comité Conjunto en

asuntos defensivos y en otros de cualquier naturaleza, y principalmente políticos, a nivel de los ministros

de Gobierno de los dos países, todo ello juntamente con los documentos firmados, da a España en

relación con Estados Unidos un "status" que en ningún caso es inferior al de relación que Norteamérica

pueda tener

con cualquier otro, sea cual fuere el nombre o las características de la relación.

—En algunos sectores europeos, embajador, ¿la firma se ha interpretado como una posición

antidegaullista...?

—Ahí hay un malentendido de interpretación por una parte de la Prensa francesa. La oposición a De

Gaulle ha tratado de presentar los Acuerdos como un fracaso en la política exterior del general. En el

mundo internacional los caminos más cortos no van siempre en línea recta. En este caso el acercamiento

español a Estados Unidos no significa en modo alguno un alejamiento de Francia, país con el que

mantenemos un grado de cordialidad desconocido desde hacía muchísimos años. Por lo demás, en un

ambiente de cooperación occidental no tendría sentido que España tuviese que indisponerse con un

miembro para robustecer sus lazos con otro. Esto es completamente absurdo. España está en Europa y es

europea.

NUNCA HEMOS PEDIDO LA ENTRADA EN EL O. T. A. N.

—En la Prensa, incluso en la de este país, se ha insistido en que lo que España deseaba era entrar en el O.

T. A. N...

—Sobre ello pesa también un malentendido. En efecto, se ha insinuado que en las negociaciones con

Estados Unidos hemos fracasado en el intento de conseguir el apoyo americano para la entrada en el O. T.

A. N. y el Mercado Común. Respecto al O. T. A. N. tengo especial interés en repetir una vez más la tesis

oficial española de que nunca hemos pedido la entrada en dicha Organización. Alguien me ha atribuido la

calidad de postulador de dicha entrada, cuando lo único que he postulado ha sido un trato de igualdad

para España dentro de la defensa atlántica, que es lo que ahora, justamente, se ha conseguido. Es

evidente, por otra parte, que Estados Unidos, un miembro más de dicha Organización, no podía en modo

alguno abrirnos esta puerta, para la que hay que contar, como ustedes saben, con la unanimidad.

"Si esto es cierto respecto al O. T. A. N., "a fortiori" lo es respecto al Mercado Común, del cual Estados

Unidos no forma parte, y con el cual mantiene ahora una relación que podríamos calificar en cierto modo

de polémica. Baste recordar el fracaso de la candidatura británica y las dificultades de política comercial y

arancelaria con la C. E. E., que van a ventilarse ahora en el seno del G. A. T. T.

—En el terreno económico, ¿cuál es el resultado de los Acuerdos con Estados Unidos?

—Lo que se ha conseguido es tan satisfactorio, por lo menos, como en el terreno político, aunque temo

que la opinión española no tenga clara consciencia de ello y que incluso la carta del secretario de Estado a

nuestro ministro de Asuntos Exteriores sobre la aportación del Export-Import Bank pueda haber causado

alguna confusión, atrayendo la atención sobre una cantidad que no tiene en sí misma el valor de una cifra,

sino el de un gesto de buena disposición y, por decirlo así, de luz verde.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que ni Norteamérica está en 1963, a diferencia de 1953, en

disposición de "ayudar" a España con dinero presupuestario o a través de la ley pública 480, o por otros

canales, ni España está en el 63 necesitada de esta clase de ayuda, que no representaría para nuestro país

ventajas de ninguna clase. El haberse despegado de esta clase de asistencia humillante tiene que ser para

los españoles un motivo de satisfacción. Sin embargo, es indudable que el Plan de Desarrollo, cuyas

directrices acaba de publicar Madrid, exige una ayuda exterior de importancia para llevarlo a término sin

tensiones inflacionarias.

IMPORTANTES GESTIONES MINISTERIALES

—¿Ello ha afectado a las negociaciones?

—Sí; se ha tenido muy en cuenta en el curso mismo de las negociaciones y, paralelamente a ellas, en

relación con entidades que no forman parte de la Administración americana, a fin de asegurar a nuestro

país la disponibilidad efectiva y una holgada cobertura en los recursos exteriores que necesitaremos en

nuestra actual etapa de desarrollo, y me refiero a recursos normales, los que necesita un país que se

sostiene sobre sus propios pies. A este respecto hay que destacar la presencia aquí de los ministros de

Hacienda y de Comercio, que gozan en este continente de un gran prestigio. Sus respectivos discursos en

las reuniones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se han apartado de lo convencional

en esta clase de intervenciones. Yo he visto cómo el señor Woods, presidente del Banco Mundial,

reconocía la importancia de la propuesta de nuestro ministro de Hacienda sobre un nuevo tipo de

préstamo adaptado a aquellos países, como España, en vías de desarrollo.

A este respecto, sin embargo, lo más importante han sido las entrevistas que el señor Navarro Rubio ha

tenido con los presidentes del Eximbank y el Banco Mundial en relación, con las necesidades españolas

en créditos exteriores. Como dijo nuestro ministro, las facilidades en estas dos instituciones no han

podido ser mayores. La suma total de créditos que entre las dos instituciones están en disposición de

facilitar a la economía española puede sobrepasar con mucho los ciento cincuenta millones de dólares por

año, si somos capaces de movilizar los proyectos privados y públicos indispensables para ello. Quiero

decir que los problemas de financiación exterior previstos en nuestro Plan de Desarrollo, en cuanto

concuerden con las características específicas de las dos instituciones a que me refiero, quedarían

completamente cubiertos.

El señor Ullastres, por su parte, ha mantenido con la Administración americana importantes

conversaciones sobre la presencia de España en varios organismos internacionales como el G. A. T. T., la

O. C. D. E., el Banco Mundial y otros. Puedo asegurarles que las conversaciones no han podido ser más

satisfactorias para España. Estoy seguro que tendremos en Estados Unidos un amigo interesado en

nuestros problemas y opiniones en el seno de dichos organismos. Las intervenciones del señor Ullastres

en las reuniones de la American Management Association y la Cámara de Comercio Hispano-

Norteamericana de Nueva York fueron, asimismo, muy interesantes.

ESPAÑA NECESITA UN EJERCITO MODERNO

—¿Puede usted hablarnos del aspecto militar de las negociaciones?

—Fueron de la máxima importancia. Un país, en última instancia, cuenta internacional y políticamente en

función de sus fuerzas armadas. Precisamente porque las fuerzas armadas son algo así como la última

expresión y resumen de los recursos de un país, su organización y desarrollo está en función de dichos

recursos. A este respecto, no tiene duda que España está recobrándose económicamente y de manera tan

extraordinaria, que su peso es cada vez mayor. Por ello necesita ajustar sus fuerzas militares a la nueva

situación, sin comprometer su estabilidad y progreso económico, pero sin renunciar a los sacrificios

necesarios al objetivo irrenunciable.

El área estratégica española, la proporción dé su población y de sus recursos, obligaciones y

compromisos, nacionales y exteriores, obliga a España a disponer cuanto antes de un Ejército moderno

que responda a este conjunto de circunstancias. En el curso de la negociación, estas consideraciones han

estado siempre presentes.

El artículo primero del Tratado Defensivo que acabamos de renovar por cinco años dice:

"...por parte de Estados Unidos, el apoyo del esfuerzo defensivo español, para los fines convenidos,

mediante la concesión de asistencia a España en forma de suministro de material de guerra y a través de

un período de varios años, a fin de contribuir, con la posible cooperación de la industria española, a la

eficaz defensa aérea de España y para mejorar el material de sus fuerzas militares y navales en la medida

que se convenga en conversaciones técnicas a la vista de las circunstancias."

La carta sobre materias militares dirigida por el secretario de Estado al ministro del Exterior subraya,

actualiza y potencia este compromiso de ayuda y asistencia a las Fuerzas Armadas españolas para

alcanzar ese grado de modernización que es una de las exigencias del momento histórico español.

En el curso de las conversaciones—añadió el embajador—se han estudiado los procedimientos para hacer

efectiva dicha colaboración, susceptible de extender al plano de las industrias militares. A este respecto,

el Comité Consultivo Conjunto hispano-norteamericano tendrá como misión articular la íntima

cooperación entre las Fuerzas Armadas de ambos países, cuyas relaciones no pueden ser más cordiales.

La reciente visita del ministro del Aire, general Lacalle, lo ha patentizado, y, sin duda, se subrayarán con

el anunciado viaje del ministro de Marina, señor Nieto Antúnez. Quiero añadir que lo pactado vale para

los sistemas defensivos y las instalaciones en las bases conjuntas en su estado actual, pero no para cuantos

cambios sustanciales que puedan surgir por ambas partes en el curso de los próximos cinco años.

SE HA REFORMADO NUESTRA POSICIÓN INTERNACIONAL

—¿Cree usted, embajador, que los Acuerdos con Estados Unidos han reforzado la posición internacional

de España?

—Considerablemente, y ello ha sucedido sin mengua de la libertad política de España en el desarrollo de

sus relaciones internacionales conforme a las líneas maestras de su propia trayectoria. Esto y la

extraordinaria mejora económica que acaba de poner de relieve el último informo de la O. C. D. E,

culminará en el futuro con la puesta en práctica del Plan de Desarrollo. Unido a la estabilidad y a la

continuidad política, este conjunto hace de nuestro país—sin intentar desorbitar su escala y medida—una

de los piezas esenciales para la estructuración de la futura figura política de Europa y del mundo libre.

El progreso económico y social español ha sido durante largo tiempo una de las grandes preocupaciones

de don Antonio Garrigues. Este corresponsal ha celebrado con el embajador muchas conversaciones a

este respecto.

El desarrollo de un país no es autentico si no es equilibrado;—nos ha dicho—. No hay desarrollo

económico si no hay desarrollo social, cultural y político.España es hoy objeto de especial atención por

aquellos países, como los de Iberoamérica, que sufren problemas similares a los nuestros. Esto nos obliga,

porque el enfoque de nuestros problemas se ha universalizado. La figura del Papa Juan XXIII y el

Concilio Vaticano han puesto de manifiesto, han dramatizado, la obligación de los gobernantes a adaptar

la estructura de las sociedades y organizaciones políticas a las condiciones y requerimientos, del mundo

moderno. Si el simple desarrollo político no ya acompañado de un crecimiento orgánico, no solamente no

resuelve nada, sino que normalmente desemboca en la regresión. El mero desarrollo económico, al que no

acompañen la estabilidad y unas convicciones y esperanzas políticas, puede llevar a un círculo vicioso en

que las energías produzcan más enervamiento que satisfacción. Son varios los ejemplos que podría citar.

Como todos los problemas reales, éste es muy complejo, y más asequible a la prudencia que a la teoría

política.En esta última todo está dicho y sabido.

"Los españoles de mi generación sabemos a qué atenernos sobre la rapidez con que regímenes numerosos

y opuestos han pasado de la esperanza al desengaño. Se construía sobre arena. Los anglosajones, con su

tradicional desconfianza sobre lo teórico, no creen en la ignorancia de las realidades.

"Precisamente por tratarse de un problema de prudencia política—añade el señor Garrigues— es por lo

que hay tantas esperanzas, dentro y fuera de España, en que sea el Jefe del Estado, el General Franco,

quien ofrezca la fórmula viable de un desarrollo equilibrado, compensado y conjunto, en lo político, en lo

social y económico, por medio de un régimen de libertad adecuado a la naturaleza del país. Yo estoy

seguro de que ha sido esta confianza uno de los factores que han hecho posible la renovación de los

Acuerdos del 53 ahora, diez años después."

Quede bien entendido—terminó el señor Garrigues—que la firma no es un final, sino un comienzo.

España no puede quedarse a medio camino. Tiene que dar toda la medida de sus posibilidades, que son

muy grandes. La "Áurea mediocritas" no se hizo para España, el país que, según Nietzsche, quiere

demasiado. Si ahora lográsemos esta difícil fórmula de querer demasiado, actuando pudentemente,

habríamos resuelto el problema.—José María MASSIP.

 

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