Autor: Massip Izábal, José María. 
 Washington. 
 Las relaciones entre España y los Estados Unidos son de la máxima importancia para la estabilidad occidental  :   
 Económica y estratégicamente, Norteamérica es un factor esencial en la posición mundial de nuestro país. 
 ABC.    14/02/1964.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

WASHINGTON

LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA Y LOS ESTADOS UNIDOS SON DE LA MÁXIMA

IMPORTANCIA PARA LA ESTABILIDAD OCCIDENTAL

Económica y estratégicamente, Norteamérica es un factor esencial en la posición mundial de nuestro país

EXPECTACIÓN ANTE EL PRÓXIMO NOMBRAMIENTO DE UN NUEVO EMBAJADOR

ESPAÑOL

Washington 13. (Crónica de nuestro corresponsal, por "telex".) Decidido en Madrid el traslado del

embajador Garrigues desde Washington al Vaticano, sin que se sepa quién será el nuevo jefe de Misión

en esta importante capital, la misión de Garrigues, tan respetada en Washington, pierde autoridad. Es un

embajador cesante. En el Departamento de Estado la noticia del traslado de Garrigues fue recibida la

semana pasada con bastante sorpresa, porque no se sabía el nombre de un posible sucesor. Yo me

encontré aquel día con un alto funcionario del Departamento y no me ocultó su extrañeza.

Yo no sé si tenía razón el alto funcionario a quien aludo, pero si creo que las relaciones entre Washington

y Madrid son de la máxima importancia no sólo por lo que afecta a las exigencias de una amistad que será

indispensable cultivar en todo momento de acuerdo con los intereses nacionales, sino, además, porque se

ha entrado en una fase que requerirá evidentemente mucha mano izquierda para mantener las relaciones

en un plano de efectividad diplomática. La evolución de los armamentos electrónicos y la necesidad de

austeras economías plantean a Estados Unidos el desmantelamiento de algunas de sus bases en el

extranjero. La trayectoria del Departamento de Defensa, a despecho de la resistencia de los generales de

las Fuerzas Aéreas, no se detendrá aquí. Entre la Aviación y los proyectiles-defensa, se decide por estos

últimos en la perspectiva estratégica del futuro. Por otra parte, la cuestión de la coexistencia con la U. R.

S. S. y del intercambio comercial con la Cuba de Castro y otros países de la cortina de hierro, plantea por

primera vez entre Madrid y Washington problemas inéditos, urgentes y profundos, que habrá que ajustar

no con retórica diplomática, sino con razones categóricas de economía y realidades étnicas, con una gran

proyección en el caso cubano sobre todo el Continente hispánico.

El que viene será un momento en las relaciones entre Estados Unidos y España que requerirá talento,

flexibilidad y experiencia, negociadores con un gran conocimiento de la historia, la psicología y las

realidades del momento, embajadores fogueados. Con ello quiere decir este corresponsal que quizá más

que en ningún otro instante de las relaciones diplomáticas, oficialmente restablecidas en enero de 1951

por el difunto embajador don José Félix de Lequerica, veterano en muchas batallas, habrá que enviar a

Washington a un hombre de sentido, personalidad y autoridad excepcionales, con la perspectiva de una

larga estancia aquí y un contacto personal e intimo con los arquitectos de la política exterior

norteamericana.

Todos los embajadores extranjeros que cuentan en Washington—y no puede ser de otra manera—son

embajadores de muchos años. Las relaciones entre España y Estados Unidos—aparte de la evolución de

las cosas en otras zonas de poder político, como las insinuadas en enero entre los embajadores de España

y la U. R. S. S. en París—son de la máxima importancia para la estabilidad de Occidente. Económica y

estratégicamente, Estados Unidos es un factor esencial en la posición mundial de España. Políticamente,

España lo es en la infraestructura cultural y geopolítica de Hispanoamérica y el Norte de África. En este

momento de la historia, cuando la erosión de las posiciones de la guerra fría abre al mundo posibilidades

inéditas y desvinculadas de los intereses exclusivos del poder de las grandes naciones atómicas de la

década de 1950, entiendo que España tiene que moverse con el máximo cuidado en el desarrollo de sus

relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Desde 1951 han sido satisfactorias y productivas, pero

pueden dejar de serlo si no se las ajusta dentro de las perspectivas del momento actual. En otras palabras,

el embajador que suceda en Washington a don Antonio Garrigues tiene que disponer de las máximas

cualificaciones diplomáticas ante el fenómeno norteamericano, con una sólida experiencia de su

evolución y un concepto muy preciso y seguro del cuadro de los problemas a solventar en el ejercicio de

su misión washingtoniana. Por una serie de razones obvias, no puede darse nada por hecho y consolidado

en las relaciones entre Washington y Madrid, a menos que se las cultive todos los días para ajustarías,

coordinarlas y definirlas, que es lo que han hecho, cada uno en su momento peculiar, Lequerica, Areilza y

Garrigues, — José María MASSIP.

 

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