Declaración de Castiella al inaugurar el pabellón español     
 
 ABC.    23/04/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DECLARACIÓN DE CASTIELLA AL INAUGURAR EL PABELLÓN ESPAÑOL

Nueva York 22. Al inaugurarse el Pabellón español de la Feria Internacional, el ministro de Asuntos

Exteriores de España, don Fernando María Castiella, hizo ante los micrófonos de varias cadenas de radio

y televisión una declaración, en la que dijo, entre otras cosas:

"La Feria de Nueva York es como el símbolo mismo de esta enorme y maravillosa ciudad. Tiene su

grandeza y su dinamismo, su ritmo trepidante de vida, su apertura constante a los últimos descubrimientos

de la ciencia, los adelantos de la técnica y las creaciones del arte; en suma, a las últimas conquistas de la

imaginación humana, que siempre han encontrado en Nueva York la tierra propicia donde crecer y

prosperar.

Este soberbio despliegue de creaciones arquitectónicas, de alardes de ingeniería, de aciertos bellísimos de

arte y decoración, sirviendo a una exhibición impresionante del progreso cultural y económico de los

pueblos del mundo aquí representados, no podía tener marco más adecuado que Nueva York.

En otras palabras: la Feria de Nueva York no podría haberse levantado sobre un fondo más apropiado que

la fascinante "skyline" de esta ciudad admirable, en la que el espíritu occidental—la vieja Europa junto a

la joven America—ha levantado una de sus creaciones más poderosas.

Los países que estamos representados en esta Feria hemos encontrado en ella otra característica de Nueva

York: su hospitalidad. Nueva York, puerto primero de los Estados Unidos, verdadera puerta de América

del Norte, es la ciudad de la hospitalidad por excelencia. Si no fuera así, no seria Nueva York el gran

mosaico de minorías raciales y lingüísticas que en ella viven; no sería el hogar de tantos hombres que

viniendo de las partes más diferentes del mundo, trayendo en su corazón un pasado siempre distinto, han

hecho asiento definitivo para su vida y horizonte para sus esperanzas de esta Nueva York, ciudad abierta.

A mí, como español, me emociona particularmente recordar que Nueva York es una de las ciudades más

importantes del mundo de habla española. Al recordarlo, quisiera dirigir un saludo a los cientos de miles

de ciudadanos neoyorquinos que hablan mi lengua y que pertenecen—por ser de Hispanoamérica—a la

misma comunidad de espíritu y cultura que España. Ellos son parte del nervio mismo de la ciudad y

constituyen un testimonio vivo del destino americano de España.

El Pabellón español de la Feria se abre bajo un doble signo. De un lado, como recuerdo a la participación

española en el nacimiento de este gran país: los Estados Unidos. No olvidemos que, para empezar, el

Descubrimiento de América, ese gran acontecimiento que Nueva York celebra todos los años el 12 de

octubre bajo el nombre de "Columbus Day", es ante todo una empresa española. Por eso el Pabellón rinde

homenaje a ese pasado histórico que, en el caso concreto de los Estados Unidos, está resumido en los

nombres de Coronado, De Soto, Ponce de León o Cabeza de Vaca, primeros exploradores de este país; o

en los innumerables lugares de esta geografía que llevan nombre español, o en los Estados de la Unión

que fueron provincias de España. Nosotros nos sentimos orgullosos de encontrarnos en el origen histórico

mismo de los Estados Unidos, y no olvidaremos nunca las palabras que el presidente Kennedy dedicó un

día en elogio de los que él llamó los verdaderos pioneros en la creación del país: los exploradores y

colonizadores españoles; como tampoco podemos olvidar las frases que, en reconocimiento del legado

cultural hispánico, pronunció el entonces vicepresidente Johnson en San Agustín, al iniciarse la obra

restauradora de esa primera ciudad levantada en el suelo de Norteamérica.

Por otra parte, nuestro pabellón pretende ser, junto a un testimonio de los valores permanentes de la

cultura española, una muestra del desarrollo material de la España de hoy, de su voluntad de progreso

económico y social. Tal vez nuestras realizaciones parezcan modestas al lado de las de otros países o al

lado mismo de esta gran ciudad que es toda ella realización constante. Pero tengo la esperanza de que al

menos sean manifestación suficiente de un país que hace esfuerzos por superar problemas antiguos, por

desarrollar su economía y elevar el nivel de vida de sus hombres, por participar plenamente en el

concierto de las naciones, por aportar su esfuerzo al progreso material y espiritual del mundo y, en

definitiva, por recuperar, pese a la antigüedad de su historia, el espíritu juvenil y pionero que le trajo hace

siglos a estas costas americanas y que hoy quisiera asociar al espíritu de esta ciudad, también pionera y

juvenil.

Aquí está, pues, España. La vieja España del "Greco", del "Caballero de la mano en el pecho", el mejor

retrato del hidalgo español, hermano místico de los exploradores y conquistadores de América; la España

de Velázquez, con su "Pablillos", símbolo del hombre del pueblo; la España de Zurbarán y Ribera, con

sus santos; la España de Goya, con la belleza intemporal de sus "Majas". Está la España antigua de Isabel

la Católica, la más americana de las Reinas de Europa; la España, en fin, de los castillos, los códices y los

tapices. Pero también está la nueva España de hoy, con su Picasso, su Dalí y su Miró; con su pintura

moderna y su arte de vanguardia, con sus máquinas y sus camiones, sus libros recién salidos de la

imprenta y su industria ligera, su artesanía y sus gentes jóvenes, su música y sus danzas alegres. La

España de todos y de siempre, que hoy viene a esta gran reunión de América con su pasado glorioso y su

esperanza en el futuro."

 

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