Autor: Massip Izábal, José María. 
   Inauguración oficial del centro comercial permanente de España en Nueva York  :   
 Muchos productos españoles de calidad no se venderán por falta de una propaganda bien organizada. 
 ABC.    30/04/1964.  Página: 55. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

INAUGURACIÓN OFICIAL DEL CENTRO COMERCIAL PERMANENTE DE ESPAÑA EN

NUEVA YORK

Con el pabellón construido en la feria neoyorquina constituye la base más firme para la expansión de la

industria española en Estados Unidos

MUCHOS PRODUCTOS ESPAÑOLES DE CALIDAD NO SE VENDÍAN EN NORTEAMÉRICA

POR FALTA DE UNA PROPAGANDA BIEN ORGANIZADA

Nueva York (Feria Mundial) 29. (Crónica de nuestro corresponsal, recibida por "telex".) La inauguración

del centro comercial permanente de España en esta metrópoli, que tuvo lugar esta tarde en el rascacielos

de la Pan American—un gigante de aluminio y cemento levantado en Park Avenue, sobre la estación

ferroviaria del Grand Central—, presidida por el embajador español en Washington, señor Merry del Val,

en representación del ministro de Comercio, significa un gran paso en la promoción de los productos

españoles en Estados Unidos y, complementa la presencia de nuestro país en esta Feria Mundial de

Flushing Meadows.

La cuestión ahora va a ser coordinar estas actividades—que presuponen, naturalmente, importantes

inversiones financieras—y activarlas en todos sus aspectos culturales, artísticos, comerciales y de

propaganda, de manera que el intercambio de todo orden entre Estados Unidos y España se estabilice y

expanda. A eso hemos venido a la Feria. Lo mismo el magnífico pabellón español de Flushing que el

centro comercial de Manhattan constituyen dos bases firmes de partida, de las cuales se había carecido

hasta hoy para la promoción española, permanente y expansiva, en Estados Unidos.

España está de moda en Estados Unidos. Lo he dicho en otras ocasiones. Hasta ahora, la canalización

económica de este hecho había sido esporádica, individual y de tanteo. Se había participado

periódicamente en la Feria Internacional de Chicago y en otros certámenes comerciales en esta misma

ciudad de Nueva York, pero por muchas razones había fallado la idea de una continuidad sistemática, de

la coordinación estratégica.

En adelante se dispondrá de base y coordinación, de puntos fijos de partida desde los cuales penetrar en

profundidad en estos mercados estadounidenses. Económicamente, claro, es que nuestra industria, en las

especialidades mejor adaptadas a este tipo de mercado, produzca bien, compita en precios y promueva sus

productos con método y efectividad. El mueble español tiene prestigio y mercado, y está siendo

promovido constantemente por los establecimientos de más renombre del país, especialmente los de

Nueva York.

Por parte de los fabricantes españoles, el problema, es mantener la calidad del producto dentro de un nivel

de precios competitivos. Este no es un mercado a explotar, sino a conquistar y a expandir. Lo mismo

puede decirse de los productos llamados de artesanía, del calzado, la juguetería, los tejidos, las mantillas,

etc. La mantilla española es un adorno de enorme popularidad en este país. La señora de Kennedy lo

estableció definitivamente como una toca de elegante distinción. Sin embargo, he comprobado que en las

tiendas se venden muchas más mantillas de procedencia francesa—hechas a máquina—que la mantilla

española—hecha a mano—, mucho más elegante y de mejor calidad. ¿Por qué? ¿Los precios? ¿La pro-

paganda? Armas de fuego, bicicletas, motocicletas, un sin fin de productos de la industria ligera y media

tendrían aquí un amplio mercado si se las presenta y se las promueve con la intensidad que el mercado

requiere. El mundo se ha achicado y los mercados son cada vez más exigentes. Los vinos corrientes de

mesa españoles no han sido hasta ahora promovidos aquí ni de lejos, como los italianos o los franceses.

No hay ninguna razón para que las conservas de pescado —las sardinas, por ejemplo—tengan aquí un

mercado muy inferior a las de Marruecos o Portugal. Pero es así. Es muy difícil encontrar sardinas

españolas. En cada lata de sardinas marroquíes escontrará usted un cupón. Si manda usted seis cupones y

un dólar a la casa importadora recibirá un bolso de cordoban, que en la tienda le costaría cinco dólares.

Todo esto atrae clientes y exige, imaginación, espíritu comercial, sentido de la propaganda, un esfuerzo

coordinado.

El Centro comercial español, inaugurado esta tarde, pondrá a prueba nuestra capacidad de comerciantes

internacionales, nuestras posibilidades para adquirir divisas que no dependan exclusivamente del turismo

y los envíos monetarios de los españoles emigrados al extranjero en busca de mejores jornales.

Exactamente lo mismo puede decirse del pabellón de España en la Feria Mundial. El pabellón representa

una inversión de muchos millones de dólares. Su construcción ha costado casi seis millones y medio. Su

mantenimiento será caro. Exigirá una administración estricta, una organización exigente, un espíritu de

renovación constante. Es una estupenda afirmación española en el gran certamen neoyorquino y hay que

esperar de él el máximo rendimiento cultural y económico. Los españoles podemos sentirnos hoy

orgullosos de nuestra presencia en esta Feria, pero a la larga, cuando en 1965 se clausure la Exposición

Mundial, el balance tendrá que ser su rendimiento en relaciones culturales, en resultados económicos.

Este pequeño y bello mundo español, levantado por el arquitecto Javier Carvajal en Flushing Meadows y

administrado por el comisario general, Miguel García de Sáez, tiene que ser el centro de una actividad, el

imán de unas convergencias, la base de un prestigio, capaces de situar definitivamente a España en el

mundo norteamericano.—José María MASSIP.

 

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