Ante la Cámara de Comercio Americana. 
 López Bravo resume el balance de las relaciones económicas con Estados Unidos  :   
 Hoy: contactos interesantes, llenos de buena voluntad, pero con insuficientes resultados tangibles. 
 ABC.    25/02/1969.  Página: 53-54. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

ANTE LA CAMARA DE COMERCIO AMERICANA LOPEZ BRAVO RESUME EL BALANCE DE

LAS RELACIONES ECONOMICAS CON ESTADOS UNIDOS

HOY: «Contactos interesantes, llenos de buena voluntad, pero con insuficientes resultados tangibles»

MAÑANA: «El fufuro de nuestras relaciones comerciales se presenta francamente optimista»

«LA INVERSION EXTRANJERA, CORRECTAMENTE PRACTICADA, ES EL MEDIO IDEAL

PARA OFRECER A NUESTRO PAIS SOLUCIONES ADECUADAS»

El ministro de Industria, don Gregorio López Bravo, fue ayer huésped de honor en el almuerzo ofrecido

por la Cámara de Comercio Americana en España. Al final de ese acto, que presidió, con el ministro, el

señor Danos, presidente de la Cámara de Comercio Americana en Madrid, y el presidente de la Cámara

de Comercio en España, señor Bell, el señor López Bravo resumió así el balance de las relaciones

económicas hispano-norteamericanas:

"Parece natural—dijo el señor López Bravo—que me refiera a las relaciones económicas entre los

Estados Unidos de América y España; tema no caracterizado por su originalidad, pero sí por su interés y

por la posibilidad de analizar aspectos nuevos.

En 1968 el dato más destacable han sido las ´medidas Johnson" y, desde nuestro punto de vista, la

inadecuada clasificación de España en el mismo grupo que los países desarrollados europeos. Al final del

año la mejoría de la balanza de pagos norteamericana y el empeoramiento de su saldo comercial parecen

indicar que el carácter de los problemas que preocupaban a la Administración de su país es absolutamente

independiente de nuestras relaciones, que en su vertiente comercial continúan siéndonos muy

desfavorables.

A lo largo de 1968 la Administración americana y la española han mantenido contactos interesantes,

llenos de buena voluntad, pero con insuficientes resultados tangibles. La buena acogida de los casos

concretos no puede sustituir las demandas españolas de reclasificación, que me consta las propias

autoridades norteamericanas estuvieron considerando muy seriamente.

Junto a este diálogo afectuoso, pero en planos paralelos que no llegan a producir soluciones, me

preocupan determinadas filtraciones alusivas a una posible posición americana no demasiado entusiasta

de nuestra aproximación al Mercado Común. Comprendo que en su país prefieran una integración. Pero

mientras ésta llega y se consigue superar al combinado de mitos y laberintos burocráticos que dificulta

una operación de importancia histórica, no cabe otra actitud positiva que la de impulsar el camino abierto

hacia un acuerdo preferencial con la interpretación más amplia posible.

LOS RECELOS DE BRUSELAS Y WASHINGTON

Sería un contrasentido que mientras en Bruselas hubiera recelos ante las empresas españolas con

participación americana, en Washington los hubiese ante el más importante esfuerzo que se autoimpone la

economía española por entrar en una atmósfera de creciente competencia internacional. Si aplicamos las

fórmulas de educación juvenil que nos dan los psicólogos modernos, no es bueno rodear de recelos a un

país que quiere fortalecer su economía y entrar en el mundo de las competiciones.

Tengo fe en las negociaciones diplomáticas, pero también en el entendimiento que se logra con las tareas

comunes, y ustedes pueden crear el clima preciso para que no puedan surgir estos recelos. Son ustedes,

con sus actividades e intereses en España, los mejores nexos de unión para el entendimiento entre

nuestros dos países. Son ustedes insustituibles fedatarios para dar testimonio de la paz y el orden que

reina en España, en plena potenciación de nuestros recursos económicos, con una valuta sólida y estable,

y todo ello al servicio del bienestar del pueblo español.

Es inevitable que, a veces, las Administraciones de cualquier lado del Atlántico no estemos

suficientemente atentas a lo que es la vida real de las empresas. En este orden de ideas, voy a permitirme

citar una anécdota muy significativa: la Delegación americana ante el G. A. T.T., en Ginebra, ha apretado

con inusitada dureza a la Delegación española en un caso en que se debatía la vida o muerte de una

importante empresa española en que el capital americano participa por mitad.

No he venido, por supuesto, a quejarme, sino a abrir un panorama de problemas en que nuestros

empresarios venidos de fuera pueden ayudarnos de una forma muy especial, y así conseguiremos que

nuestras relaciones, que tanto han crecido en los últimos años, continúen desarrollándose en el futuro.

RELACIONES COMERCIALES HISPANO-NORTEAMERICANAS

Una ojeada necesariamente rápida al comercio hispano-norteamericano permite observar que los

suministros totales estadounidenses a España vienen representando alrededor del 17 por 100 de nuestras

compras en el exterior, con un valor global del orden de los 600 millones de dólares.

Nuestras ventas a Estados unidos van creciendo en los últimos años y alcanzaron en 1968 el 17 por 100

de las exportaciones totales españolas, con un volumen de 280 millones de dólares. Estas cifras tienen aún

mayor relevancia si recordamos que en 1965 el porcentaje de nuestras ventas a Estados Unidos ascendía

sólo al 10 por 100 de nuestras exportaciones.

Como término de comparación baste consignar que nuestras compras a la C. E. E. alcanzaron a final del

año 1968 los 1.200 millones de dólares, que representan el 34 por 100 de nuestras compras totales,

mientras que nuestras ventas a la Comunidad ascendieron a 454 millones de dólares, un 29 por 100 de

nuestras ventas totales al exterior.

El análisis del comercio exterior de productos industriales entre Estados Unidos y España arroja los

siguientes resultados: la partida más importante de ventas estadounidenses a España es la de maquinaria y

bienes de equipo por un importe de 290 millones de dólares en 1968. El suministro de materias primas en

bruto, excluidos los productos petrolíferos, aumentó apreciablemente hasta los 184 millones de dólares.

En productos químicos, nuestras compras alcanzaron los 66 millones de dólares; en mercancías

manufacturadas, 47 millones de dólares, y en combustibles y lubricantes minerales. 27,5 millones de

dólares, con un aumento superior al 30 por 100.

En los últimos años Estados Unidos empieza a abrirse como mercado de nuestros productos industriales,

cuyas ventas ascendieron en el pasado año a 132 millones de dólares, que, pese a su modestia, representan

un récord.

En base a la relación de datos que acabo de exponer, y a las perspectivas de expansión de las economías

respectivas, no cabe duda de que el futuro de nuestras relaciones comerciales se presenta francamente

optimista. El peso de los intercambios industriales en el comercio exterior total, será sustancialmente

mayor en un próximo futuro, pues la demanda de bienes de inversión española continuará activa, dados

los porcentajes de crecimiento previstos en nuestro II Plan de Desarrollo, que para el Producto Nacional

Bruto se fija en un 5,5 por 100, y para la Formación Bruta de Capital en un 6,9 por 100, en términos

reales.

Por otra parte, la creciente modernización de nuestras industrias y su mejor organización empresarial y

comercial, nos permiten abrigar la esperanza de que nuestras exportaciones industriales continúen la

expansión ya iniciada.

LAS INVERSIONES EXTRANJERAS Y LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA

Un tema de interés, y especialmente en un coloquio como éste, es el de las inversiones extranjeras.

Recientemente hemos podido seguir vivos debates en las Cortes Españolas. Las opiniones giran tanto en

torno a la entrada en nuestro país de capitales extranjeros como a la participación extranjera más

aconsejable y favorable para los intereses nacionales.

Al presentar a los medios informativos Los resultados de la actividad industrial en 1968, tuve la

oportunidad de reiterar mi criterio de que un país que pretende crecer rápidamente, sin desconocer los

trepidantes avances de la tecnología y los cada día más eficaces métodos de gestión necesita de las

inversiones extranjeras, y que por otra parte, en nuestro país nada hace temer la pérdida de nuestra

independencia económica.

Hay quienes al pronunciarse sobre este tema pretenden olvidar, o simplemente ignoran, los datos exactos

del problema de nuestro desarrollo económico y de la necesaria transformación social.

Con un mercado reducido, sin procesos de fabricación propios por no haber "capitalizado" investigación

en el pasado, con recursos económicos insuficientes para las explicables demandas de una sociedad que

crece en número y en aspiraciones legítimas, con dificultades para mantenernos al día con la necesaria

generalidad en las modernas técnicas del "management", con excedentes de una mano de obra destacada

por sus cualidades humanas y por su capacidad potencial de especialización y con una apremiante

necesidad de repatriar a nuestros compatriotas que trabajan en el exterior, para mí, señores, la inferencia

es bien clara: la inversión extranjera, correctamente practicada, es—a mi juicio—medio ideal para ofrecer

a nuestro país soluciones adecuadas.

Dentro de esa corrección quiero destacar mi opinión de que es llegada la hora de localizar en España

determinados centros de investigación, en el nivel adecuado a cada caso, debidamente coordinados con

sus laboratorios o centros fundamentales no sólo por evitar la "fuga de cerebros", sino para ofrecer

oportunidades atractivas a la parte siempre creciente de nuestra juventud que accede a la Enseñanza

Superior.

UN CONTROL EFECTIVO DE LA ADMINISTRACION

Si las cifras globales de inversión extranjera siempre tienen contornos difusos, más aún ocurre con su

procedencia. No obstante, está claro que en este campo Estados Unidos juega un papel más importante

que en el de nuestro comercio exterior, ya que sus inversiones directas o a través de otros países, superan

el 40 por 100 del total. Esta importancia es la que justifica la reciente constitución de un grupo conjunto

de trabajo hispano-norteamericano para consultas económicas, con especial énfasis en todo lo relacionado

con la inversión.

Al congratularme de este flujo del capital americano, me congratulo también de la capacidad de su gran

país, que acaba de concluir su octavo año de prosperidad continuada y ha cerrado el año con una balanza

de pagos positiva, recuperando 150 millones de dólares.

Por nuestra parte, realizamos esfuerzos por mejorar nuestra posición económica, y al haber duplicado

nuestro producto industrial en ocho años se nos abren nuevas avenidas para nuestro desarrollo al acceder

a nuevos mercados y a nuevas tecnologías.

La situación económica actual de nuestros países permite contemplar un panorama siempre nuevo y

realmente atractivo, en el que el futuro de las mutuas relaciones aparece pródigo en posibilidades be-

neficiosas para ambas partes. El inversor estadounidense tiene ante sí la oportunidad de seguir invirtiendo

en un país en constante renovación y dinamismo, que cada día intensifica su presencia en todos los

mercados internacionales y su actividad en nuevas áreas de desarrollo francamente prometedoras. El

empresario español ha de seguir consolidando su desarrollo con la adopción de nuevas técnicas

industriales y de gestión que sabe siempre asimilar y mejorar.

Queda un último punto. Ustedes saben que en todo momento el Ministerio de Industria ha sido

beligerante a favor de las inversiones extranjeras. Pero también a favor de un control efectivo de la

Administración. No para frenar ni para empequeñecer. Muchos de ustedes saben que, por el contrario, lo

que hemos solicitado es una más decidida participación y vinculación con nuestra economía, con nuestro

reto de lograr un mayor nivel de bienestar para nuestro país."

 

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