Autor: Massip Izábal, José María. 
 ABC en Washington. 
 Castiella regresa a Madrid sin haber firmado un solo documento de los acuerdos  :   
 La prensa norteamericana, interpretando mal el comunicado conjunto, afirma que ha habido una renovación quinquenal. 
 ABC.    28/03/1969.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC EN WASHINGTON

CASTIELLA REGRESA A MADRID SEN HABER FIRMADO UN SOLO DOCUMENTO DE LOS

ACUERDOS

La Prensa norteamericana, interpretando mal el comunicado conjunto, afirma que ha habido una

renovación quinquenal

SIN EMBARGO, PERSISTEN LAS DIVERGENCIAS DE PUNTOS DE VISTA, QUE HARÁN

NECESARIAS NUEVAS NEGOCIACIONES

Nixon reiteró su deseo de colaborar con España y anunció el nombramiento de Robert Hill como

embajador en Madrid

Washington 27. (Crónica de nuestro corresponsal, por "telex".) La Prensa política de este país da hoy la

impresión, en sus titulares e informaciones, de que los Estados Unidos y España han renovado sus

Acuerdos sobre la presencia de las bases militares norteamericanas en la Península Ibérica. Este

corresponsal se ha quedado atónito al leer esta mañana en primera página del "New York Times", por

ejemplo, que el "Pacto hispano-norte-americano sobre las bases ha sido extendido por cinco años más", o

el "Sun", de Baltimore, afirmando que "Us, Spain, renew accord on bases".

Mis noticias, de muy buenas fuentes, son otras. No se ha renovado el Acuerdo sobre las bases. No hay tal

extensión quinquenal. El ministro español de Asuntos Exteriores, Castiella, ha salido esta noche de Nueva

York para Madrid sin haber puesto su nombre al píe de ningún documento. Las diferencias entre

Washington y Madrid, en cuanto a otra renovación quinquenal de los Acuerdos militares, son amplias y

profundas, persisten. La realidad es que a las doce y un minuto de la noche pasada se ha entrado, según

las cláusulas contractuales de los Acuerdos iniciales de 1953, renovados en 1963 y estancados desde

septiembre de 1968, el período último de doce meses que, de no llegarse pronto a un acuerdo satisfactorio

y oficial, obliga a los Estados Unidos a desmantelar sus bases, evacuar su material y repatriar a su

personal en España.

¿De dónde viene la confusión entre lo que escribe la Prensa de hoy y lo que realmente sucede? Presumo

que del párrafo segundo de la nota conjunta dada anoche a la Prensa en esta capital, en la que se dice: "El

ministro de Asuntos Exteriores y el secretario de Estado llegaron a una conformidad de principio sobre la

naturaleza de los Acuerdos que regirán el nuevo período quinquenal del Convenio defensivo que ambos

Gobiernos estiman deseable..." Hay ahí, evidentemente, una coincidencia en principio entre dos

Gobiernos y el importante calificativo de "deseable". Sin embargo, a continuación se añade "siempre que

se llegue a buen término en las negociaciones sobre el contenido de dichos Acuerdos".

Este, el "buen término", es decir, la coincidencia entre las partes, "en las negociaciones sobre el

contenido" de los Acuerdos, constituye hoy el punto crucial de una situación todavía indefinida y

pendiente de nuevas y arduas negociaciones que probablemente obligarán a Castiella a regresar a

Washington en el mes de abril, pasadas las vacaciones de Pascua,si se abre la oportunidad de una

coincidencia que haga en efecto posible la firma de otra prórroga quinquenal. Principalmente, la

coincidencia depende ahora del Gobierno de Washington, de su estimación del valor estratégico de las

bases y, sobre todo, de la respuesta de una posición española que se niega aceptar en el actual momento

tecnológico de los armamentos las premisas aceptadas en 1953 y en 1963. Por parte de los negociadores

del equipo Castiella, aquellas premisas han sido transformadas por nuevos factores de seguridad, de

economía y de estrategia y a estados de opinión pública sobre la presencia militar norteamericana en

territorio peninsular. Por parte de Estados Unidos, más allá de la persistente política estratégica del

Pentágono, la cuestión de las bases españolas y en todo el mundo se ha politizado hasta un extremo crítico

para la Administración. Aquí, en los Estados Unidos, han pasado los tiempos en que la opinión de los

profesionales del Pentágono era indiscutible a efectos estratégicos y presupuestarios. Esto se ha

comprobado ahora en el apasionado debate nacional sobre la instalación del sistema atómico "Centinela",

en las investigaciones del Senado sobre los compromisos militares en el exterior y en una ya sistemática

campaña de Prensa en busca de explicaciones convincentes y de soluciones a los dramáticos problemas

internos de la nación.

Que la Administración Nixon no quisiera enfrentarse con el traumatismo de una evacuación militar en

España, si no se firman los Acuerdos pendientes y aplazados, es evidente. La audiencia dada ayer tarde

por el presidente Nixon al ministro español es una prueba más de lo que digo. La entrevista, muy cordial,

duró unos cincuenta minutos, y Nixon reiteró en la misma su deseo de mantener con España una relación

de amistad y cooperación mutua. Al lado de Nixon, además del secretario de Estado, se encontraba su

asesor en cuestiones de seguridad nacional, Henry Kissinger, que es en este momento la máxima

influencia en la trayectoria internacional de la presidencia. El presidente hizo saber al ministro su

propósito de enviar cuanto antes a un nuevo embajador en Madrid, el diplomático Robert Hill, si el

Gobierno español da su "placet" al nombramiento. La larga conversación fue, en este sentido, muy

significativa en cuanto a la actitud conciliante y amistosa de la Casa Blanca, y puede pesar

considerablemente en la decisión final sobre los Acuerdos de las bases españolas.

Sin embargo, las diferencias entre Madrid y Washington persisten y son profundas no sólo en cuanto al

volumen de la aportación militar americana a las Fuerzas Armadas españolas, sino en relación con la

cooperación económica civil y una fórmula de mutualismo defensivo entre las partes. España sostiene que

la presencia de bases militares norteamericanas en la península acrece los riesgos potenciales de la nación

en la eventualidad de una crisis bélica internacional. Por otro lado, el accidente atómico de Palomares, en

1966 puso de manifiesto, aun en tiempo de paz, los terribles riesgos inherentes en una situación con serias

repercusiones nacionales e internacionales.

Este conjunto de problemas, sumado a la imposibilidad física de analizar en unas horas, y sin los

indispensables asesoramientos jurídicos y políticos, las propuestas americanas, contenidas en catorce

documentos preparados sobre la marcha por los expertos en los últimos días, llevó a Castiella a negar su

firma a una nueva ampliación quinquenal de los Acuerdos hispano-americanos y obligará a nuevas y

difíciles negociaciones en el próximo futuro y en un plazo breve. porque se ha entrado, desde

medianoche, en la última fase de desmantelar o no desmantelar, de acuerdo con los protocolos de 1953.—

José María MASSIP.

 

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