Las bases vistas desde aquí y desde allí. 
 Para España no son un negocio, sino un riesgo  :   
 No es lógico que lo afrontemos sin la justa correspondencia. 
 ABC.    14/05/1969.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

LAS BASES VISTAS DESDE «AQUI» Y DESDE «ALLI»

PARA ESPAÑA NO SON UN NEGOCIO SINO UN RIESGO

No es lógico que lo afrontemos sin la justa

correspondencia

PARA ESTADOS UNIDOS ES UN PROBLEMA DE INDOLE CONSTITUCIONAL ENTRE

EL EJECUTIVO Y EL LEGISLATIVO

Madrid. (De nuestra Redacción.) El problema de las bases norteamericanas en España es motivo de viva

polémica en Estados Unidos. Entre nosotros no puede negarse que se está formando una cierta corriente

de opinión en torno a este tema. Por ello no parece inoportuno señalar cuáles son los términos del debate

que se ventila en Washington y a la vez cómo considera hoy el pueblo español la hipótesis de la

renovación de los acuerdos.

Contemplando el problema desde el lado americano, destaca, ante todo, el enfrentamiento entre el

Departamento de Estado y el Comité de Relaciones del Senado. Cada uno de ellos reivindica su derecho a

tratar del asunto, celoso de su propia jurisdicción. De ahí la fricción irremediable que se ha producido en

el juego de las respectivas competencias. La discrepancia puede ocasionar un posible debate en el

Congreso, en el que se afrontaría, en términos generales, el grado que deben alcanzar los compromisos de

defensa estratégica que Estados unidos tiene contraídos con otros países.

La incógnita que los americanos se plantean puede enunciarse así:¿Necesitan los Estados Unidos las

bases de España? ¿Hasta qué punto estarían dispuestos a comprometerse para garantizarla seguridad de

España en el supuesto de un conflicto bélico? El presidente del Comité de Relaciones Exteriores, senador

William Fullbright, ha formulado aquellos dos interrogantes que, en esencia, constituyen los supuestos

actuales de la política exterior norteamericana con respecto a España.

El Departamento de Estado afirma que las bases son "útiles y deseables, aunque no esenciales". El

Departamento de Defensa las considera "vitales" para la propia seguridad de los Estados Unidos. En la

valoración de estas diferencias conceptuales se cifra el carácter que deberá darse a la renovación de los

acuerdos. Porque si son de hecho imprescindibles habrá que considerar detenidamente el alcance que esos

compromisos suponen. De momento, el texto de lo pactado establece que "una amenaza cualquiera a los

dos países constituiría un asunto de la común incumbencia para ambos", añadiéndose que "cada país

puede adoptar las medidas que juzgue necesarias dentro del marco de sus procedimientos

constitucionales". Sobre este punto, el secretario de Estado, William P. Rogers, ha sostenido que esa

fórmula genérica de compromiso supone ya el carácter de una alianza. Por su parte Fullbright cree que la

presencia de fuerzas armadas americanas en España representa una forma de seguridad más significativa

que un acuerdo escrito.

El nudo del problema se cifra, pues, en la condición jurídica de los acuerdos. Los hasta ahora suscritos

tenían carácter exclusivamente "ejecutivo". Si su nueva redacción implicara el afianzamiento de aquella

alianza, deberán concebirse como un "tratado" internacional en el que sería imprescindible el voto del

Senado.

Para nosotros, ajenos a las cuestiones internas de índole constitucional del Gobierno americano, las bases

tienen otra significación. La presencia de tropas americanas en España no ha representado utilidad

económica alguna para España. La verdad es que el balance comercial hispanoamericano se ha traducido

en un déficit español de 2.064 millones de dólares lo que significa por nuestra parte una contribución al

reforzamiento del dólar. Es decir, que los Estados Unidos han sido los beneficiados. Añádase a esto que la

Administración Johnson restringió su ayuda a países que consideró suficientemente industrializados y en

plenitud de desarrollo. En esta lista—en la que no se incluía a Irlanda, Islandia, Grecia y Turquía—estaba

España.

Las bases no son, pues, un negocio para España, sino un riesgo. Y el azar que éste supone no es

lógico que lo afronte España sin la justa y proporcionada correspondencia del país cuya presencia armada

en nuestro territorio es causa precisamente de ese riesgo.

Este es el punto esencial de la tesis española. La utilización de las bases americanas en España está

concebida sin "estrategia conjunta" ni "obligación de asistencia en caso de agresión a España .

Por eso, de lo que se trata es de revalorizar las condiciones en que fueron concebidos los acuerdos

primitivos. El ministro Castiella—tenaz e incansable defensor de los derechos de España en todos los

frentes de la acción exterior— ha resumido la idea afirmando que: "1968 no es 1953". Por otra parte, la

situación jurídica de arriendo que hasta ahora se había dado en orden a las bases no es la más deseable. El

profesor Yanguas Messía ha señalado la hipotética cancelación de esos peligrosos arrendamientos que en

la mayor parte de los casos no conocen fin en la historia. España aspira a que ese simple enfoque

económico o arrendaticio tenga un carácter de más amplio valor jurídico-moral. La relación entre los dos

países deberá traducirse en unas cláusulas más equitativas para ambas partes. Lo menos que se puede

exigir es que se nos dé el trato que reciben los países del O. T. A. N. en el juego de la alianza occidental.

En último término, si el peligro que para nosotros suponen estas bases no puede ser compensado con una

defensa efectiva por parte norteamericana, España podría aspirar a que se le envíe un moderno material

bélico para afrontar por sí misma aquel riesgo. Pero las armas que Estados Unidos facilitan al exterior,

son las que consideran inservibles para la dotación de sus Ejércitos.

Tal es, pues, la situación vista desde los dos distintos meridianos de América y España. Si los Estados

Unidos se niegan a reconocer el valor que España da a la utilización de esas bases, nosotros por nuestra

parte afirmamos que los acuerdos no pueden ser firmados en las mismas condiciones que hace quince

años.

La dilación que están sufriendo estas negociaciones hace el tema cada vez más impopular desde el punto

de vista español. Y aunque no puede negarse que hay quienes continúan pensando en la conveniencia de

esta vinculación con América, una corriente de opinión muy considerable—en contra de esa posición—

postula una política diplomática de signo más occidental y europeo.

Y este es un hecho sobre el que deberían meditar seriamente los americanos.

 

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