Autor: Massip Izábal, José María. 
 ABC en Washington. 
 Forcejeo entre el Comité Fulbright, el Pentágono y el Departamento de Estado en torno a las bases españolas  :   
 La gran cuestión sigue siendo si estos acuerdos precisan o no la formalización de un tratado de defensa mutua con España. 
 ABC.    17/05/1969.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

A B C EN WASHINGTON

FORCEJEO ENTRE EL COMITE FULBRIGHT ,EL PENTAGONO Y EL DEPAR-

TAMENTO DE ESTADO EN TORNO A LAS BASES ESPAÑOLAS

EL ESTADO MAYOR SIGUE CONSIDERÁNDOLAS ESENCIALES PARA LA ESTRATEGIA

EUROPEA

NIXON, EXPUESTO A UNA OFENSIVA POLÍTICA DENTRO DE LAS CAMARAS DEL

CONGRESO

LA GRAN CUESTIÓN SIGUE SIENDO SI ESTOS ACUERDOS -O NO-LA FORMALIZACION DE

UN TRATADO DE DEFENSA MUTUA CON ESPAÑA

Los medios políticos norteamericanos otorgan atención especial a la presencia en Washington de don

Nuño Aguirre de Cárcer

Washington 16. (De nuestro corresponsal, por "telex".) Para los observadores diplomáticos de esta capital

la, presencia en Washington del director general del Departamento de América del Ministerio español del

Exterior, don Ñuño Aguirre de Cárcer, que se encuentra aquí desde anteayer, ha suscitado una atención

especial porque se vincula su estancia, que se prolongará hasta la semana próxima, con la cuestión

irresuelta y debatida de, las bases militares norteamericanas en la Península Ibérica.

Se mantiene aquí una reserva absoluta en cuanto a las conversaciones celebradas con sus colegas

americanos por el señor Aguirre de Cárcer, diplomático competente, veterano de muchas y difíciles

negociaciones con la diplomacia de este país en los problemas planteados por las bases, pero la

importante cuestión, todavía en un punto muerto, sigue en el plano de la especulación diplomática y

periodística sin que nadie, por lo menos de este lado washingtoniano, parezca conocer con un mínimo de

claridad dónde se está en este delicado asunto de las negociaciones entre España y Estados Unidos.

Preguntáis al Comité de Asuntos Exteriores del Senado, el Comité Fulbright, que sostiene el derecho

constitucional de examinar y aprobar o desaprobar los términos de un "compromiso" con España y se os

dice: "Pregunte al Departamento de Estado, del cual esperamos información." Preguntáis en Estado y se

os contesta: "Se sigue negociando, pero hay que entender las complejidades de la situación." "Aquí—

decía el otro día el corresponsal diplomático del "Sun", de Baltimore, hombre bien informado—nadie

parece saber cuándo estarán los españoles dispuestos a reanudar las conversaciones."

El mismo corresponsal, con excelentes contactos en el Departamento de Estado, atribuía a "la

susceptibilidad española" la falta de diálogo sobre la renovación de los convenios, y añadía: "Nadie sabe

cuándo se va a salir del callejón." Este tipo de análisis pierde todo valor, evidentemente, con la presencia

y las gestiones en Washington del señor Aguirre de Cárcer, pero la gran cuestión irresuelta, hasta ahora,

sigue siendo la del grado de mutualismo estratégico hispano-norteamericano que, en opinión española,

tiene que constituir la piedra angular de toda renovación de los convenios de bases peninsulares. En otras

palabras: las obligaciones contractuales que asuma Estados Unidos en relación con la defensa de la

Península Ibérica, y viceversa, en la eventualidad de una crisis internacional como la que pudo provocar

la guerra de los seis días entre Israel y los Estados árabes, la de la República de Líbano, años antes, y

otras, en el curso de las cuales las fuerzas americanas en sus bases españolas fueron colocadas,

unilateralmente, en estado de alerta.

Sobre la actitud del Pentágono en cuanto a las bases españolas, no hay duda. El Estado Mayor sigue

considerándolas esenciales en el marco de la estrategia general norteamericana en Europa, especialmente

la base submarina de los "Polaris" en Rota, en la puerta occidental del Mediterráneo, donde se encuentran

desplegadas hoy la VI Flota americana y la escuadra soviética, mientras persisten las hostilidades del

Oriente Medio. La teoría del Pentágono, expresada en una famosa "minuta" del general David Burchinal,

delegado por el jefe del Estado Mayor Central, general Wheeler, para negociar con el Estado Mayor

español los problemas técnicos de las bases y el volumen de las necesidades militares españolas, es que

"la presencia de las fuerzas americanas en España constituye una garantía mejor que todo acuerdo

escrito". La minuta Burchinal provocó una tormenta dentro del Comité de Relaciones Exteriores del

Senado, que considera a los militares, a despecho de su enorme despliegue de poder, incapaces de decidir

la política exterior de Estados Unidos. El resultado ha sido un forcejeo—que persiste en el fondo—entre

el Comité Fulbright, el Pentágono y el Departamento de Estado, que deseaba mantener la cuestión

española dentro de los límites de los "executive agreements", los acuerdos ejecutivos directos entre

Washington y Madrid, sin necesidad del difícil "visto bueno" del Senado, que requeriría, si hubiese que

entrar en la formalización de un Tratado de defensa mutua con España, el voto de los dos tercios de los

miembros de la Alta Cámara. La cuestión ha ido, políticamente, demasiado lejos, y va a ser muy difícil

devolverla a los términos, relativamente simples, de 1963, cuando se efectuó la primera renovación

mediante la firma en Nueva York por el entonces secretario de Estado, Mr. Dean Rusk, y el ministro

español de Asuntos Exteriores, señor Castiella. Al abandonar el Departamento de Estado, Rusk encargó al

jefe del Estado Mayor, general Wheeler, que mantuviera el contacto técnico con España, y Wheeler

delegó la Misión en el general Burchinal, segundo jefe de las Fuerzas americanas del O. T. A. N., general

de cuatro estrellas. El propósito evidente de Rusk, al cambiar la Administración, fue sostener la

continuidad de las conversaciones con Madrid en el curso de los seis meses entre el 26 de septiembre de

1968 y el nuevo plazo de gracia de marzo de 1969, ya con la Administración Nixon en el Poder, hasta que

el nuevo secretario de Estado, Mr. Rogers, sin la menor experiencia en la cuestión, se encontrara en

situación de estudiar y decidir. En el paréntesis se produjo la interferencia política y constitucional del

Comité Fulbright, exigiendo un Tratado, y ello ha producido el punto muerto en que las negociaciones se

encuentran en este momento.

"El asunto de las bases de España—escribía hace unos días un corresponsal diplomático del "Christian

Science Monitor"—puede ser la chispa que provoque un debate mayor en el Congreso sobre todo el

conjunto de los compromisos americanos en el exterior." La amarga experiencia de Vietnam tiene mucho

que ver en esta situación.

Para Nixon, que está convencido de 1a importancia estratégica de las bases españolas, la cuestión es

difícil, porque, a estas alturas, a menos de improbables concesiones jurídicas por parte de Madrid, se

expone a enfrentarse con algo absolutamente indeseable para su Administración: una ofensiva política

dentro de las Cámaras del Congreso, centrada en la urgencia estratégica y financiera de limitar los

compromisos militares en el extranjero que encontraría un gran apoyo en la opinión pública.—José María

MASSIP.

 

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