Autor: Massip Izábal, José María. 
 Discurso de Fraga Iribarne en Indianapolis. 
 Las especulaciones sobre el precio de las bases son ridículas  :   
 España no ha pedido ni un céntimo y comparte las mismas amenazas que los Estados Unidos. 
 ABC.    30/05/1969.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DISCURSO DE FRAGA IRIBARNE EN INDIANAPOLIS

LAS ESPECULACIONES SOBRE EL PRECIO DE LAS BASES SON RIDÍCULAS

ESPAÑA NO HA PEDIDO NI UN CÉNTIMO Y COMPARTE LAS MISMAS AMENAZAS QUE LOS

ESTADOS UNIDOS

La opinión norteamericana ha sido desorientada por una falaz campaña de medias verdades o puras

inexactitudes

Se presenta a nuestro país como un ávido mendigo, extendiendo sus manos para robarle la bolsa al buen

norteamericano

NUESTRAS RESERVAS SON FRUTO DE NUESTRO TRABAJO Y DE UNOS SACRIFICIOS DE

LOS QUE EL PUEBLO ESTADOUNIDENSE NO TIENE UNA IDEA CLARA

Washingion 29. (Crónica de nuestro corresponsal, por "telex".) En el curso de su viaje por los Estados

Unidos, que continúa hoy en la ciudad de Indianápolis, donde el ministro español de Información y

Turismo asistirá mañana, en calidad de huésped de honor, a la famosa carrera automovilística de las 500

Millas, el señor Fraga Iribarne ha hecho una declaración de especial interés sobre el tema, de máxima

actualidad, de las relaciones hispano-norteamericanas en este momento de controversia nacional sobre los

convenios de bases militares en la Península Ibérica.

La. declaración de Fraga fue hecha ayer en el almuerzo que le ofreció en la referida ciudad el editor del

influyente periódico del medio Oeste, el "Indianápolis Star", Mr. Pulliam. "Hablar en estos momentos de

las relaciones hispano-norte-americanas—dijo el ministro—es hablar fundamentalmente del problema de

la renovación o cancelación definitiva de los acuerdos sobre las bases de los Estados Unidos en España...

Ello no significa que las relaciones entre nuestros países se reduzcan a esa sola cuestión, pero sí significa

que esta cuestión es importante por ambas partes, que es de absoluta actualidad y que ha dado origen en

los Estados Unidos a no pocas tomas de posición por parte de sus hombres públicos—algunos

eminentes—y por parte de la Prensa."

Fraga examinó los que considera problemas internos norteamericanos en la controversia sobre las bases y

los estableció en tres diferentes niveles: el primero, de orden constitucional y estrictamente interno —en

el que ningún extranjero y menos un ministro debe inmiscuirse—, sobre la jurisdicción respectiva de los

poderes ejecutivos y legislativos en el establecimiento de acuerdos con países extranjeros. El segundo, de

orden político, consiste en un natural enfrentamiento entre una Administración republicana con un

Congreso con mayorías demócratas, que "ha encontrado en este asunto de las bases españolas una buena

ocasión para ese eterno y universal drama político que es la lucha entre el Poder y la oposición". Parece

preferible, añadió, que los extranjeros se abstengan asimismo de dar su opinión, aunque, en este caso, "si

bien es cierto que los dos equipos de fútbol son norteamericanos, el campo donde se clavan los tacos de

las botas es España, y por ello parece que los propietarios del campo tendrían por lo menos el derecho a

solicitar que no se les estropee excesivamente el césped".

El tercer punto, para el señor Fraga, son las razones, datos y afirmaciones hechos por aquellos

norteamericanos que consideran que debe ponerse fin a los Acuerdos existentes. A este respecto el

ministro afirmó que la parte norteamericana ha sido desorientada por una "falaz campaña de medias

verdades o de puras inexactitudes" Al tratar de aclararlas, dijo el ministro, "creo cumplir con mi deber y

no conculcar ninguno de los derechos que os da sobre mí vuestra cortesía y hospitalidad".

El señor Fraga, que hablaba ante un distinguido auditorio político, cívico y periodístico en una de las

urbes más dinámicas del Medio Oeste, centró su atención sobre dos puntos: primero, el supuesto de que la

presencia de las bases en la Península obligaría a Estados Unidos a defender al régimen español contra

eventuales enemigos exteriores y contra sus propios enemigos internos, si éstos se alzaran un día centra

aquél. "Se trata—dijo—de una impertinencia y una falsedad." Los Estados Unidos no han contraído

nunca con España la obligación de defenderla contra un tercer país. Por otro lado, "si en España estallara

una revolución—como tan amablemente han insinuado algunos de los hombres públicos que se han

ocupado del tema—, los soldados norteamericanos replegados en sus bases no tendrían por qué tomar

partido en la contienda ni en favor de los revolucionarios no del Gobierno". Por otra parte, "es muy

posible que si esa supuesta revolución estallase, sus promotores no tendrían demasiadas simpatías ni por

Norteamérica, ni por las bases ni la presencia norteamericana en España, y, por tanto, es muy posible que

esos supuestos revolucionarios atacasen las bases y entonces el Gobierno español tendría la obligación de

proveer a la defensa de esas bases contra sus atacantes, es decir, que frente a la revolución el Gobierno

español tendría no sólo que defenderse a sí mismo, sino que defender también las bases norteamericanas".

El segundo punto de Fraga es económico. Se ha dicho—afirmó—que España exigía para la renovación

enormes cifras de dinero. "Con ello se presenta a nuestro país como un ávido mendigo, extendiendo sus

manos crispadas para robarle la bolsa al buen pueblo norteamericano." España —dijo Fraga—no ha

pedido ni un céntimo. Lo que sí ha pedido sor armamentos para sus Fuerzas Armadas y sus problemas de

defensa nacional dentro del contexto de sus Pactos con los Estados Unidos. "Esto es tanto más razonable

si se tiene en cuenta que el único peligro previsible que puede amenazar a España es el mismo que

amenaza a los Estados Unidos."

Otro ángulo económico esgrimido por la oposición es—dijo Fraga—la disminución de las reservas de oro

de los Estados Unidos desde 1953, cuando se firmaron los Acuerdos con España, a 1958, establecida en

ocho mil millones de dólares, mientras, al mismo tiempo, crecían las reservas españolas. "En este tema

del precio de las bases—dijo Fraga—se ha llegado a extremos ridículos." España—añadió—, que ha

recibió el maná del Plan Marshall, ha construido sus modestas reservas con su trabajo y esfuerzo y a costa

de sacrificios, de los que el pueblo norteamericano "no tiene aún una idea clara". La realidad ha sido la

contraria: "Gracias al desarrollo económico español, el saldo de la balanza comercial entre los dos países,

que era favorable a los Estados Unidos en 1953 por 66 millones de dólares, lo es hoy por una suma que

asciende a 395 millones anuales... Olvidan igualmente que las inversiones norteamericanas en España

suman ellas solas más que las de todo el resto del mundo y que pagamos cada año a Estados Unidos

cantidades que para este país no serán mny importantes, pero que para nosotros son enormes."—MASSIP

 

< Volver