Autor: Fernández-Longoria, Francisco. 
   La renovación del Convenio     
 
 ABC.    03/06/1969.  Página: 22-23. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

LA RENOVACIÓN DEL CONVENIO

La prolija negociación que se está llevando a cabo acerca de la prórroga de nuestro Convenio Defensivo

de 1953 con los Estados Unidos de Norteamérica está dando lugar a la aparición en la Prensa de

comentarios y artículos sobre el tema, en algunos de los cuales se exponen conceptos que pudieran

originar confusión en lectores no bien informados. Pudieran ser, por ello, convenientes algunas

aclaraciones, con el solo propósito de contribuir al recto enjuiciamiento de esta importante cuestión.

Algún articulista ha mostrado preocupación porque los acuerdos afecten a nuestra soberanía. Se ha

llegado a aludir a la integridad nacional, a hablar de hipotecas y enclaves territoriales y a decir que

España no debe convertirse en la Formosa de Europa.

No parece fácil que esas graves palabras, que felizmente no reflejan la realidad, produzcan mayor efecto

que el de ser presentadas como argumento por nuestros contumaces enemigos o servir de "slogan" a los

alborotadores que a veces asoman a nuestras calles. Todos los españoles saben perfectamente que

nuestros negociadores, de ahora y de antes, nunca harían en este aspecto la menor concesión, y todo el

mundo, españoles y extranjeros, sabe, sin lugar a dudas, que quien ha de orientar y, en definitiva, decidir

sobre lo tratado es el más celoso, intransigente y firme defensor de la integridad y soberanía que jamás en

su Historia ha tenido España.

Sin embargo, tal vez no sea superfluo recordar, pues ha transcurrido tanto tiempo desde su firma, que los

términos del Convenio y de los subsidiarios acuerdos de procedimiento, así como también su práctica, son

absolutamente tranquilizadores. No hay ninguna cesión ni tampoco la menor hipoteca. Se trata

exclusivamente de una autorización para que ciertas Fuerzas militares norteamericanas, durante un

período fijo de tiempo, puedan utilizar, conjuntamente con las españolas, determinadas bases e

instalaciones, todas las cuales quedan explícitamente bajo pabellón y mando español.

NATURALEZA DE LO CONVENIDO

Puede decirse que, en esencia, lo convenido viene a ser la aplicación de la práctica internacional normal y

corriente de autorizar a Fuerzas militares amigas a estacionar en unas bases, si bien amoldada, en cuanto

al plazo de tiempo, a las circunstancias internacionales y al hecho de que la autorización implicaba, por

parte de los Estados Unidos, la obligación de construir o acondicionar bases e instalaciones que no

existían o no ofrecían las condiciones requeridas para su utilización.

Es de observar, por otra parte, que al conceder tal autorización no se hizo sino aproximadamente lo

mismo que ya habían hecho—y siguen haciendo—muchos otros países igualmente celosos que el nuestro

de su soberanía e integridad. La diferencia fue que aquí no se admitió, como hicieron bastantes otros

países, que en España pudiera haber bases e instalaciones exclusivamente norteamericanas.

Ningún español, ningún europeo, ha podido dejar de sentir sonrojo, dolor y tristeza al ver que era

indispensable la protección norteamericana para salvar los restos de la vieja y desgraciada Europa,

desgarrada y maltrecha por su división interna, sus pasiones políticas y las ambiciones y torpezas de sus

gobernantes.

Mas, por desagradable que fuese la presencia de Fuerzas armadas extranjeras en suelo patrio, no había

alternativa. Y no puede dudarse de que de no haber sido por esa presencia, lo poco que queda de Europa

libre habría seguido la terrible suerte de Letonia, Estonia, Lituania, Polonia. Checoslovaquia, Hungría,

Rumania,Bulgaria y Albania. Esas naciones sojuzgadas por el comunismo, así como el cerco de Berlín y

las implacables represiones de Alemania oriental, Budapest y Praga, no son "slogans", sino hechos

históricos.

Otra alegación que se ha expuesto es que el Convenio adolece de falta de reciprocidad, con desventaja

para España. Esto no es del todo exacto. Aun cuando lo deseable hubiese sido un tratado de Alianza, en

pie de absoluta igualdad las dos partes, las circunstancias no permitían tal cosa, y es justo reconocer que

se consiguió lo más que podía esperarse en aquellos momentos, A los fines concretos del Tratado, que no

son otros sino poner un dique en Europa al expansionismo imperialista soviético, la reciprocidad es

absoluta. Tanto Estados Unidos como España participarían en la defensa de Europa si ésta fuera atacada

por el bloque soviético, y en tal caso el Convenio, más que para Estados Unidos, es beneficioso para

España, que así ve asegurada su defensa contra su único verdadero enemigo, que era y sigue siendo, aun

cuando algunos lo desconozcan o puedan olvidarlo, el comunismo imperialista soviético.

ANÁLISIS SUPERFICIAL DE LA EVOLUCIÓN DE LOS ARMAMENTOS

En relación con la prórroga del Convenio, ha habido quien, partiendo de un ligero análisis superficial de

la evolución de los armamentos y de una apreciación muy particular de los cambios experimentados por

la estrategia, llega a la conclusión de que ciertas fuerzas militares han perdido su valor y que las bases son

actualmente un instrumento anticuado e inútil.

No es cosa de entrar con detalle en una cuestión tan compleja, complicada y difícil como es el problema

militar del momento y el mundo en que vivimos. Baste decir que tales afirmaciones son infundadas y

totalmente discutibles. Afortunadamente, los españoles podemos estar tranquilos, toda vez que la

negociación está asesorada por nuestros más altos organismos militares, quienes, a base de la información

más completa que es posible reunir, han de estudiar y valorar técnicamente el problema en sus más justos

términos.

Otro argumento que ha sido esgrimido es el de que han transcurrido quince años, y que el mundo de 1969

no es el mismo de 1953, y el entendimiento de los pueblos no ha de basarse solamente en la retórica de

los antagonismos ideológicos comunes, sino en los intercambios financieros, económicos, científicos,

técnicos y culturales.

En cuanto a lo último, todo el mundo ha de estar enteramente de acuerdo. Pero también lo estará en que

esa idea, en el mundo actual, no pasa de ser una laudable aspiración de los de más acá del "telón de

acero", no de los de más allá, que por eso lo tienen, y toman medidas ejemplares en cuanto alguien del

bando se permite alguno de tales intercambios sin tener en cuenta los antagonismos ideológicos.

CAMBIOS EN EL MUNDO

Por lo que respecta a los cambios que ha experimentado el mundo, es indudable que han sido muchos y

muy profundos. Pero como se trata de renovar o no un Convenio defensivo, lo primero que habrá que

comprobar es si la amenaza que lo hizo deseable permanece o ha disminuido al punto de poder

considerarle innecesario. En este aspecto, ¿qué cambios han sucedido en estos quince años?

La voluntad de dominio soviético sigue inmutable, como ha demostrado muy recientemente la ocupación

militar de Checoslovaquia. Esa voluntad está respaldada hoy por medios militares incomparablemente

más poderosos que en 1953. La presencia soviética se ha extendido a Cuba, al Oriente Medio, al

Mediterráneo, a la casi totalidad de África. Su último objetivo, implantar el comunismo a escala mundial,

y no por buscar la felicidad de los demás pueblos, sino para alcanzar y afirmar su propia hegemonía, no

ha variado lo más mínimo. La coexistencia pacífica y el abogar en defensa de la paz no son más que

posturas tácticas circunstanciales, para engañar y adormecer a quienes consideran enemigos. Apoyadas

por una formidable máquina de propaganda, magistralmente orquestada, esas fórmulas le han permitido

ganar posiciones en todos los frentes, con la complicidad o el concurso consciente o inconsciente de

muchos incautos de buena fe y no escaso número de seudointelectuales y de políticos seudoprogresistas,

entre los que se cuentan conocidos columnistas y congresistas norteamericanos, cuyos nombres aparecen

en toda ocasión que se presenta de ir contra España.

 

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