Los compromisos norteamericanos     
 
 ABC.    06/06/1970.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LOS COMPROMISOS NORTEAMERICANOS

Un sector perfectamente definido de fuerzas políticas norteamericanas—la izquierda liberal—continúa, en

nombre de la necesidad de que los Estados Unidos no contraigan nuevos compromisos en el exterior y en

el de la urgencia con que deben ser desmontados los existentes, continúa, decimos, su ofensiva cerrada

contra la política de Nixon en el Sudeste Asiático, pese a que la trayectoria de la actual Administración

venga siendo, desde que comenzó la guerra de Vietnam, la única que ha ido con las palabras y con los

hechos a liquidar responsablemente e1 altísimo grado de compromiso militar norteamericano en

Indochina.

Cuando en los medios políticos de Washington se daba por cierto que el presidente ratificaría, en la

alocución que debía pronunciar poco después, la fecha de la retirada de las tropas norteamericanas de

Camboya, se votaba en el Senado contra una resolución encaminada a forrar el rescate de los soldados

norteamericanos prisioneros de los comunistas. Los "palomas", es decir, los senadores liberales, lograban

de tal modo despejar el camino para la aprobación de la enmienda Sherman Cooper, destinada a limitar en

el futuro la capacidad de decisión presidencial respecto a Indochina a través de un cerco presupuestario.

Pero lo cierto es que el presidente Nixon continúa firme en su propósito de "desescalar" la guerra del

Sudeste Asiático y en tal sentido acaba de anunciar la retirada, para el mes de octubre próximo, de otros

50.000 soldados norteamericanos, y de 150.000 para la primavera de 1971. Aunque, eso sí, advirtiendo

nuevamente a Hanoi de que cualquier otro incremento de su actividad militar llevará consigo la

consecuente réplica.

Empero, no es presumible que la última declaración presidencial sea capaz de apaciguar la guerra que en

el Congreso le tiene declarada la mayoría a su política en el Extremo Oriente. A Nixon se le combate en

el Senado por principio, por la razón misma de que los liberales se encuentran en mayoría parlamentaria y

desplazados de la Casa Blanca: poder desde el que escalaron el problema del Sudeste Asiático hasta el

grado de compromiso desde el que inició su difícil y coherente gestión el Gobierno republicano. Es una

actitud de oposición por principio y de defensa, dialéctica sólo y no auténtica, de una filosofía política

aislacionista. En un puro instinto de conservación de los escaños parlamentarios, los "palomas" no han

dudado un punto en pasar por la contradicción de pedir, al tiempo que insisten en la necesidad de romper

el compromiso en Extremo Oriente—porque el país, dicen, debe replegarse sobre sí mismo y esforzarse

en solucionar sus problemas domésticos—con los llamados "halcones", la escalada del compromiso

norteamericano en el Oriente Medio, a través de nuevas ayudas militares y económicas a Israel.

Tal contradicción en las actitudes de la mayoría parlamentaria estadounidense plantea problemas que no

gravitan sólo contra el correcto y ejemplar funcionamiento de la gran democracia americana. En efecto,

no expresa únicamente un punto de quiebra en la tradición, paradigmática, de los Parlamentos de estirpe

anglosajona—asistiendo siempre al supremo y no partidista interés nacional—, sino que tal "crisis de

lealtad" afecta gravemente, asimismo, a las amistades más sólidas y generosas de los Estados Unidos. La

contradicción viva y sangrante en que las mayorías liberales norteamericanas incurren están apoyadas

también en vigorosos instrumentos de opinión pública. Unos y otros poderes refractan y enmascaran hacia

dentro del país y hacia fuera, lo mismo el sentir de las mayorías del pueblo norteamericano que la genuina

silueta de los intereses nacionales de aquella nación.

Ante tal realidad, considerada desde el exterior, caben dos actitudes perfectamente definidas. La del

espectador, que simpatiza o no con el pueblo norteamericano y, en tal sentido, se apena o alegra ante lo

que a los norteamericanos les pueda ocurrir, y la de quien, directa o indirectamente, es parte interesada en

las consecuencias del proceso de distonía política que los Estados Unidos padecen. Tan comprometida

está Norteamérica en los dos Orientes como para que valga la misma actitud en los dos casos. Como

sustancialmente distinto es el caso de un país, en paz y leal, al que la izquierda norteamericana, desde

claros resortes antihispánicos, pretende manejar contra la Casa Blanca.

 

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