Problema grave     
 
 ABC.    12/06/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PROBLEMA GRAVE

Nuestro colega "Ya" ha, publicado ayer el comentario editorial que por su gran interés—referido, como

está,, a un tema que preocupa a la opinión pública entera de España.—reproducimos íntegro a

continuación.

En los últimos días se viene debatiendo en la Prensa española el tema de los Acuerdos España-Estados

Unidos. Comentarista tan sólido y documentado como Gómez Aparicio ha lanzado la afirmación de que

los Acuerdos están ya "ultimados", a reserva, por tanto, de la firma. La Oficina de Información

Diplomática, en forma vaga, ha dado a entender que se hallan todavía en curso de negociación, pues; por

ahora, son "inexistentes". Pero la realidad es que es-tamos ante un asunto que afecta gravemente al pueblo

español y a su seguridad.

Los comentarios de la Prensa española sobre el traído y llevado tema de las bases" son, en general, de una

significativa coincidencia de fondo. Se desecha la idea de una simple "renovación" de los pactos.

Tampoco se acepta la idea de en "arriendo" de nuestra geografía. Y en cuanto a la base de Torrejón,

situada en las cercanías de Madrid, la repulsa a que siga subsistiendo—bajo cualquier fórmula—es

absoluta, Y menos todavía si los Estados Unidos no se obligan formalmente a la defensa del territorio y

cielo de España contra cualquier eventual agresor. Nada menos que el general don Carlos Martínez

Campos ha escrito con su autoridad reconocida: "...Nuestro país podrá encontrarse en plena guerra frente

a Rusia por motivos que le atañen indirectamente." "Es lógico, por tanto (añade Martínez Campos), que el

asunto inspire dudas y muy serias preocupaciones." Creemos que estas palabras expresan, de modo

incontrovertible, la situación de ánimo del pueblo español al respecto. Ahora bien, quienes de uno u otro

modo representan a ese pueblo en las Cortes, pueden limitarse a oír unas respuestas a puerta cerrada?

Estamos de acuerdo con el citado Martínez Campos. Si ya en 1953 las "bases" se aceptaron por "razones

de alta política", pues España tenía que romper el cerco que la asfixiaba, y era entonces grande el peligro

que rondaba en el horizonte, la situación actual no es la de entonces. El pretexto de una contrapartida para

modernizar nuestro Ejército no nos parece convincente. Prueba de ello es la facilidad con que hoy España

ha contratado la adquisición de reactores en Francia. Lo mismo podría comprar artillería y tanques en

Europa. En última instancia, como ha escrito en nuestro periódico recientemente el firmante de los

Acuerdos de 1953, el ex ministro Martín Artajo, no creemos que España deba plegarse a la simple

"renovación" de unas obligaciones que, si hace diecisiete años pudieron estar justificadas, supondrían hoy

una carga muy superior y más peligrosa, por haber variado radicalmente los presupuestos estratégicos. En

1953 todavía no funcionaba una balística intercontinental ni había surgido la estrategia "espacial".

Por todo ello, ante el cambio total de la situación, insistimos en nuestra tesis: el pueblo español debe ser

informado plenamente de lo que implican las nuevas fórmulas negociadas o en curso de negociación con

los Estados Unidos. Y ese pueblo es el que, por sus representantes naturales, debe aceptar o rechazar tales

fórmulas. La responsabilidad de no hacerlo así podría ser históricamente muy grave.

 

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