Militar y Civil     
 
 ABC.    09/08/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

MILITAR Y CIVIL

El amplio Acuerdo de Cooperación y Amistad entre España y los Estados Unidos, firmado en

Washington por los señores López Bravo y William Rogers, supone un cambio sensible respecto a la

situación iniciada en 1953 con los primitivos acuerdos exclusivamente militares que, diecisiete años

después, ya no obedecían ni a las realidades de España ni a las del mundo. Sobre el sustrato común de las

amistosas relaciones entre ambos países se ha levantado una nueva realidad de cooperación, en la que lo

estrictamente militar es sólo una parte, importante, sí, pero no exclusiva, como venía sucediendo hasta

ahora. La dimensión más original de los nuevos Convenios radica precisamente en los proyectos civiles

de desarrollo, que prevén una amplia cooperación en los campos de la educación, agricultura, ciencia,

tecnología, medio ambiente y espacio.

Creemos que es por este nuevo aspecto de la cooperación ampliada a otros sectores, por la

“españolización" de las bases (instalaciones militares españolas con facilidades de utilización consentidas

a los norteamericanos) y por los términos de igualdad que presiden ahora las relaciones mutuas por lo que

los españoles debemos sentirnos satisfechos. Satisfechos porque el peso de la opinión pública de nuestro

país, expresada en gran parte a través de los medios de comunicación, ha contribuido decisivamente a

configurar el contenido del nuevo texto.

Pero si importante es que se firme un Acuerdo, más importante aún es que se cumpla. Cada Ministerio

español deberá ahora preocuparse de traducir a términos concretos la aplicación de las cláusulas de

desarrollo previstas en el texto. Con la misma precisión que se habla de treinta y seis "Phantom", de cinco

destructores o de un batallón de carros "M-48", debe fijarse el volumen y contenido de la ayuda para fines

civiles. En esto, y en el cumplimiento de las promesas de que no nos alcanzarán medidas restrictivas a los

intercambios comerciales ni trabas en materia de inversiones de capital, y de que nos será entregado el

oeloducto Rota-Zaragoza para su explotación gratuitamente, en todo esto, repetimos, se encuentra la clave

de la fecundidad de los convenios.

Y si importante es para nuestro desarrollo la aplicación de estas cláusulas, vital es para nuestra seguridad

el cumplimiento de la parte militar. Tanto el señor López Bravo como su antecesor en el Palacio de Santa

Cruz, el señor Castiella, han luchado con denuedo para poner fin a la americanización de las bases, que

constituía una anacrónica y peligrosa hipoteca. Hace diecisiete años el mundo vivía el rigor de la guerra

fría y España se recuperaba muy lentamente de un injusto aislamiento. Los Convenios de 1953

cumplieron su objetivo, pero hace ya tiempo que habían quedado desfasados por la realidad. Con el nuevo

Acuerdo pasamos de la fórmula de "utilización conjunta" a la de "plena soberanía". Las bases serán

totalmente españolas. No hay cesión ni arriendo, sino presencia consentida, autorización de ciertas

facilidades a Estados Unidos en instalaciones militares españolas, y sería el Gobierno de Madrid, en

consulta con el de Washington, el que decidiera el uso de esas bases en caso de amenaza a la seguridad de

Occidente.

No se trata sólo, aunque ello sea muy importante, de que la acusada sensibilidad española rechaza

cualquier acuerdo que no haya sido establecido en régimen de absoluta igualdad, sino que sólo en un trato

de igual a igual España podía imponer unas condiciones que atemperaran los riesgos y los compensaran.

Cuando los riesgos son comunes, comunes han de ser también las responsabilidades, las facultades de

decidir y las obligaciones defensivas. La tensión que enfrenta al ejecutivo norteamericano con el Senado

es de orden exclusivamente interior de los Estados Unidos. España no habría firmado ahora ningún

Acuerdo que no hubiera respondido a una estricta propiedad de las bases, a la supervisión de su empleo, a

la equitativa distribución de responsabilidades y al ensanchamiento de la cooperación a terrenos ajenos al

militar.

Desde estas páginas hemos mantenido con reiterada insistencia que sólo debería firmarse un Acuerdo que

diversificara el horizonte de la cooperación y que salvaguardara nuestra seguridad. Ahora pedimos

mayores precisiones para el mejor cumplimiento de todas y cada una de sus cláusulas.

 

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