Autor: Magaz Leboucher, Pablo. 
 ABC en Bonn. 
 Oreja y Genscher hablaron largamente del Mogreb     
 
 ABC.    24/08/1976.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

A B C EN BONN

OREJA Y GENSCHER HABLARON LARGA-MENTE DEL MOGREB

Bonn. 23. (Crónica de nuestro corresponsal por teléfono.) El domingo por la tarde nuestro ministro de

Asuntos Exteriores repasó ante los periodistas españoles acreditados en Alemania los temas tratados

durante la mañana con su homólogo alemán Hans Dietrich Genscher.

El viernes último un portavoz de Bonn había esbozado las cuestiones que se discutirían en el encuentro.

Interesa por ello deshacer las contradicciones entre aquellos propósitos y la realidad. Genscher no hizo,

como preveía su portavoz, preguntas críticas sobre nuestra evolución interna; tampoco consideró

prematura una hipotética demanda de adhesión a la Comunidad Europea por parte del Gobierno Suárez.

INCÓGNITAS.—El viaje de Oreja ha dejado en el aire algunas incógnitas. ¿Cual era el motivo

fundamental para esta visita en un domingo de agosto, cuando Genscher se halla desbordado por la

campaña electoral? Las respuestas, muy generales, del ministro no despejaron los interrogantes. ¿Se

trataba de analizar las subvenciones con que los partidos políticos alemanes están ayudando a sus

homólogos españoles? Oreja dijo que no. ¿Se había pensado en obtener de la República Federal créditos

especiales para reactivar nuestra debilitada economía? El ministro negó tal eventualidad. ¿Se quería

lograr un avance concreto en la incorporación española a la Comunidad? Pues tampoco.¿Había requerido

Alemania el consejo español en el problema del Sahara? Oreja y Genscher hablaron largamente del

Mogreb. Muy en especial de las relaciones de Madrid con Argel y con Rabat.

El ministro español había predicho que España se mostraría conforme con la reciente resolución de los

países no alineados, de trasladar el conflicto a la Organización para la Unidad Africana.

POSTURA. — Oficialmente, el viaje del señor Oreja sólo responde a una reafirmación de la política

exterior de Areilza. El Gabinete Suárez sigue otorgando prioridad a las relaciones entre la Comunidad

Europea y España. A este respecto, pregunté al ministro:

—¿Qué postura ha elegido España: Negociar el protocolo adicional al Acuerdo preferencial existente, o

plantear su plena incorporación a Europa?

—Las dos cosas —repuso—. A principios de año España pronunció a la negociación de un Acuerdo de

libre cambio. Resultaba preferible para nuestros intereses, extender a los últimos países adheridos a la

Comunidad —Gran Bretaña, Dinamarca e Irlanda— las condiciones establecidas con los "seis" desde

1970. Existe hoy un proyecto de mandato que verá el Consejo Europeo en octubre. Acuerdo preferencial

del 70 con algunas rectificaciones, protegería perfectamente los intereses agrícolas e industriales de

España y cubriría la espera inevitable que requiere la homologación de nuestras instituciones políticas con

las europeas; exigencia que reclama por otro lado el pueblo español.

TRATADO. — El ministro español informó al alemán del Tratado recientemente suscrito entre los

Estados Unidos y España, una de cuyas cláusulas alude a nuestra conexión con la O. T. A. N. La entrada

en la organización militar está condicionada, de una parte, a la invitación unánime de sus miembros, y de

otra, por la voluntad del pueblo español. En opinión de Oreja, no existe actualmente el foro democrático

apropiado para debatir problemas de asuntos exteriores como el citado. Las grandes decisiones de este

género estuvieron en el pasado supeditadas exclusivamente a la voluntad del Jefe del Estado. Con la O. T.

A. N. existe lo que el ministro llamó «un comienzo de relación», pero el planteamiento de nuestro ingreso

en el bloque militar occidental no tiene carácter inmediato.

Hablaron los ministros, además, de la Convención antiterrorista —en cuyo trazado coinciden los puntos

de vista español y alemán—, y de la creación de un Tribunal Mundial para la Defensa de los Derechos

Humanos del Individuo, idea que Genscher expondrá en la Asamblea General de las Naciones Unidas

aunque sin pedir su creación inmediata.

Las conversaciones de los españoles y los alemanes duraron cinco horas. Genscher y Oreja dedicaron la

mitad de este tiempo a pasear solos por el parque sombreado del castillo de Gymnich sin más testigos que

los pájaros perezosos, bajo un cielo azul caliente, paraje propicio para que dos políticos, preocupados por

elecciones más o menos inmediatas, cambiaran impresiones muy confidencialmente.— Pablo MAGAZ.

 

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