España y las responsabilidades de los Estados Unidos     
 
 ABC.    11/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. DOMINGO 11 DE MAYO DE 1975.

ESPAÑA Y LAS RESPONSABILI-DADES DE LOS ESTADOS UNIDOS

El desenlace de la guerra vietnamita ha mellado profundamente el prestigio de los Estados Unidos como

potencia capaz —o incapaz, por una u otra causa— de cumplir sus compromisos internacionales. Hasta

tal punto ha resultado erosionada la imagen internacional norteamericana que sus Poderes todos, desde el

Ejecutivo hasta el Legislativo, se han visto obligados a reiterar declaraciones insistiendo en la fiabilidad

de la palabra de Washington.

En este conjunto de definiciones, puntualizaciones y puesta en claro de la disposición moral efectiva de

los Estados Unidos hacia el Exterior, han tenido también peso innegable las matizaciones expresadas por

Henry Kissinger sobre el proceso de implicación norteamericana en el conflicto indochino;

especialmente, cuando advertía que no es lo mejor para la ayuda a los países aliados la cooperación

militar en la lucha contra la subversión.

El tema fue certeramente centrado, creemos, con estas precisiones del secretario de Estado. La ayuda y el

apoyo de los Estados Unidos no cabrá ya entenderlos, para lo futuro, como una especie de, digamos,

«terapia vietnamita». Los Estados Unidos no se subrogarán más en funciones de policía interna que

procura la estabilidad política de los regímenes amigos. Quedará cabalmente diferenciado así el orden

interno de cada país aliado, del orden internacional en que tal país concurre con líneas de fuerza

procedentes, emanadas y animadas por el bloque de naciones sometidas al comunismo.

Se trata, pues, para Washington, de una filosofía política distinta a la que alentaba aún, residualmente,

desde los tiempos de la «guerra fría». Aunque acontece que en tanto los Estados Unidos adecuan su

proyección al exterior, de forma coherente, a las consecuencias todas de la «distensión», la Unión

Soviética sigue en la ambigüedad —para ella ventajosa— de operar en términos de «distensión» cuando

se trata de cuestiones globales o regionales y, al propio tiempo, de aplicar, valiéndose de sus partidos

comunistas en cada país, acción corrosiva y subversiva de clara militancia ideológica.

Hecha esta salvedad nos inquieta saber, en cuanto españoles, cuáles son los términos específicos en que

los Estados Unidos conciben su alianza con España: sus obligaciones como amigo y sus

contraprestaciones a la aportación hispana para las necesidades de tal relación.

El más justo, equilibrado y equitativo trato no lo avizoramos, desde luego, por esa línea de la «terapia

vietnamita». Ni por ésa ni por ninguna otra que se le aproxime o se le asemeje. El tema español es muy

otro que aquél en lo tocante a la índole y escala de la subversión comunista y terrorista. Es, más bien,

sustancialmente próximo al de tantos y tantos casos que se presentan en el mundo exento de Gobiernos

marxistizados.

Aquello en que debe sustanciarse la continuidad de las alianzas prometida por el presidente Ford, debe

discurrir en nuestra opinión, por ese cauce alternativo de que hablaba hace unos días el señor Kissinger.

Un cauce que lleve a la cooperación justa en aquellos terrenos en que más lo precisa nuestro país. En la

tecnología, en la economía, en la defensa exterior. En todo aquello que, en fin, abunde en equilibrar

justamente las aportaciones españolas a la alianza.

El más fiel y seguro trato que cabe dar a los aliados es el trato justo. Todo lo demás cabe entenderlo como

retóricas y quiebros para hurtar responsabilidades políticas, acaso menores para los Estados Unidos, pero

que para nosotros son de importancia sustancial.

 

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