Autor: Crespo García, Pedro. 
   Momentos fordianos     
 
 ABC.    01/06/1975.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Momentos fordianos

LLEGADA,—El día amaneció más que gris, hosco, lluvioso. Las diferencias en lo accidental

tenían, en el tiempo, una traducción excesiva, por muchas, muy amplias y justificadas quejas

que tengamos con respecto a nuestro aliado principal.

Sin embargo, conforme se fueron acercando las once de la mañana, aparecían claros en el

cielo plomizo, A las diez y media lucía el Sol y en la Gran Vía un sistema de altavoces, en

actividad desde mucho tiempo antes, desgranaba marchas militares, preparando el

acontecimiento. Ford llegó serio a Cibeles tras el primer contacto con el Jefe del Estado.

CONVERSACIONES.—Lo que hablaron Franco y Ford durante el trayecto —si hablaron de

algo más que del tiempo— pertenece al secreto del sumario. Como la conversación entre

ambos estadistas —algo más de media hora— en El Pardo. A continuación vino el almuerzo de

trabajo con el presidente Arias, en la Moncloa y, sin cambiar de escenario, una hora adicional

de charla con el acompañamiento de Kissinger, Cortina y nuestros tres ministros militares.

Después, entrevista con el Príncipe —y con sus esposas respectivas—y té de las cinco.

Protocolo, al menos en apariencia. Por mucho que el matriarcado sea fórmula vigente en los

Estados Unidos, un hombre no habla de temas de alta política delante de su mujer.

FINAL.—Sin ánimo de mayores especulaciones, los discursos respondieron a las posturas ya

sabidas. Cortesía, sin concesiones, por parte española. Y acercamiento, sin nada espectacular

que ofrecer, por parte americana. Ford dedicó tanto tiempo a hablar con los altos cargos de su

Embajada como a mantener contactos con el Estado, el Gobierno y el Futuro de España. No

trajo más que palabras y no se llevó otro equipaje.

Las horas madrileñas del presidente Ford —todos los indicios disponibles así lo aseguran—

fueron horas de cortesía. España es un aliado en candelera y a ello se debe la presencia del

primer mandatario americano. Ni Schlesinger ni Kissinger lograron poner en sus manos el

obsequio, moral y material, que Ford deseaba traer. Sólo el hecho de su presencia en Madrid

contará —a lo que parece— en los condicionantes con que comenzarán las conversaciones

hispano - norteamericanas, en su sexta ronda, el próximo día 9, en Washington.

A veces, con la intención basta. Pero habría que ser adivino y preguntar a la bola de cristal si

los buenos deseos del presidente Ford persistirán —con él en el cargo- a finales de 1976.—

Pedro CRESPO

 

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