La visita de Ford. 
 No hubo comunicado final tras la visita de Ford     
 
 Informaciones.    02/06/1975.  Página: 6-8. Páginas: 3. Párrafos: 73. 

NO HUBO COMUNICADO FINAL TRAS LA VISITA DE FORD

MADRID, 2. (INFORMACIONES.)

SIN comunicado final conjunto concluyó la visita de veintidós horas del Presidente Ford, acompañado del

secretario de Estado, Kissinger, a Madrid. Durante este tiempo el primer mandatario norteamericano se ha

entrevistado con el Jefe del Estado, el Príncipe de España y el presidente Arias.

Robustecer los lazos de amistad entre los dos países y seguir colaborando juntos a la. defensa de

Occidente han sido los objetivos visibles de esta visita presidencial. El tema de los acuerdos defensivos

entre los dos países, que concluyen el próximo mes de septiembre, y cuyas negociaciones están en punto

muerto, ha sido, al parecer, objeto de especial atención.

La impresión al final de la estancia de Ford en Madrid es que el Gobierno español está en buenas

condiciones para firmar los nuevos acuerdos defensivos, pero con sustanciales modificaciones. De una

parte, se insinúa por parte americana que las fuerzas militares U. S. A. abandonarán las bases de Morón y

Torrejón y se quedarían en Rota —vital para el Pentágono y para la O. T. A. N.— y en Zaragoza. España

quiere además un reconocimiento político del papel de España en la defensa occidental y una cooperación

más práctica en el campo de material militar y en el intercambio comercial y financiero. El «esquinazo»

de la O. T. A. N. a los intentos de Washington de que los países de la Alianza reconozcan el positivo

papel de España y se acerquen a nuestro país ha sido un duro golpe en esta trayectoria de colaboración

Sin embargo, Franco aseguró a Ford en el brindis de la cena de gala en el palacio de Oriente que «el

mundo está más necesitado que nunca de cohesión» y que «puede estar seguro que en España encontrará

el amigo sincero que estará dispuesto a colaborar con generosidad y reciprocidad a la defensa de los

valores que nos son comunes, así como al mantenimiento de la paz y de la justicia entre las naciones».

Ford, por su parte, ha reiterado constantemente en sus discursos que «España hace una aportación muy

importante a la defensa occidental». Precisamente el presidente Arias, en su almuerzo de trabajo con Ford

en la Moncloa, insistió en este punto, sus palabras son claves: «España cree -dijo el señor Arias— que ha

llegado la hora de que esta aportación directa, leal y desinteresada sea reconocida de una forma concreta y

práctica por las naciones que forman parte del conjunto del mundo occidental, dentro del cual se halla

incluido nuestro país.»

Otro detalle de esta visita que no ha pasado inadvertido para los observadores es la larga entrevista a solas

del Presidente Ford con el Príncipe de España, a la que se le otorga una gran trascendencia.

ALMUERZO CON EL PRESIDENTE ARIAS

Terminada su entrevista en El Pardo con el Jefe del Estado español poco después de llegar a Madrid, el

Presidente Ford regresó al palacio de la Moncloa, donde se celebró un almuerzo de trabajo al que

asistieron el presidente del Gobierno, señor Arias; el vicepresidente segundo y ministro de Hacienda,

señor Cabello de Alba; el ministro de Asuntos Exteriores, señor Cortina; los ministros del Ejército,

teniente general Coloma; de Marina, almirante Pita da Veiga; del Aire, teniente general Cuadra; el

ministro de la Presidencia, señor Carro; el embajador de España en Washington, señor Alba; el

subsecretario de Asuntos Exteriores, señor Rovira; el jefe del Alto Estado Mayor, teniente general

Fernández Vallespín; el director general de Asuntos de Europa, señor Aguirre de Cárcer. También estuvo

presente el consejero de Embajada, jefe del gabinete del señor Arias, señor Oyarzábal, que actuó como

intérprete.

Por parte norteamericana estuvieron con el Presidente de los Estados unidos el secretario de Estado, señor

Kissinger; el embajador en España, señor Stabler; el ayudante del Presidente, señor Rumsfeld; el

consejero señor Hatmann; el secretario de Prensa de la Casa Blanca, señor Nessen; el consejero del

Departamento de Estado, señor Sonnenfeldt; el ayudante del secretario de Estado para Asuntos de

Europa, señor Arthur Hartmann; el delegado ayudante del Presidente para el Consejo Nacional de

Seguridad, señor Clift, y los señores Aaton, ministro consejero de la Embajada americana, y Dixon,

agregado militar.

BRINDIS DE FORD

A los postres, el Presidente Ford pronunció el siguiente brindis:

«Señor presidente, señor ministro. Excelencias: Durante siglos España y los Estados Unidos han

gozado de unos lazos cordiales y productivos caracterizados por nuestros esfuerzos comunes por hacer

frente a la agresión contra la comunidad occidental de naciones y apoyada por el respeto mutuo hacia las

aspiraciones de nuestros respectivos pueblos, para de esta manera asegurarse una vida mejor.

Habida cuenta, como siempre lo hemos tenido, de las preocupaciones y necesidades mutuas, nosotros

hemos forjado, naturalmente, una relación armoniosa y eficaz. Nos reunimos hoy para reafirmar nuestro

compromiso y dedicación a seguir construyendo esta cooperación de una manera mutuamente benéfica.

El mundo ha cambiado, y esto es bien conocido, desde que tuviera lugar la firma del primer acuerdo de

amistad entre los Estados Unidos y España en 1953. Pero existe una necesidad de unas defensas cada vez

más fuertes, y esa necesidad no ha disminuido en manera alguna.

España y los Estados Unidos en el pasado han contribuido conjuntamente al mantenimiento de una firme

seguridad occidental. El presente y el futuro exigen un esfuerzo no menor.

Los Estados Unidos continúan totalmente dedicados a la realización de esta tarea. Mi observación sería

que la cooperación, que está siendo llevada a cabo en tantos campos distintos entre nuestros países,

demuestra la gran amplitud de nuestros intereses, la profundidad de nuestra amistad y la dedicación de los

Estados Unidos y de España a una vida mejor para nuestros ciudadanos. España, naturalmente, es una

parte importante de nuestra concepción atlántica.

Señor presidente, quiero en este momento levantar mi vaso y proponer un brindis a este espíritu de

amistad para que nuestra cooperación sea preservada y fortalecida para que pueda asegurar la paz para los

españoles y para los norteamericanos a la vez.»

BRINDIS DE ARIAS

El presidente Arias respondió con el siguiente brindis:

«Señor Presidente:

Constituye para mi un gran honor el haber podido asistir a este almuerzo de trabajo al que habéis tenido la

gentileza de invitarme.

En el transcurso del apretado programa que vais a tener durante vuestra visita a nuestro país tendremos

oportunidad de mantener un vasto intercambio de impresiones que constituirán sin duda la base de un

entendimiento sobre el que podremos cimentar una cooperación beneficiosa y constructiva como la que

hasta ahora, afortunadamente, ha venido rigiendo las relaciones entre nuestros dos países.

Las relaciones hispano-norteamericanas se contunden a lo largo de la Historia. Representa para España

uno de los mayores timbres de gloria de su pasado el haber podido contribuir de forma tan fundamental a

los orígenes de la gran nación americana en la doble vertiente de su descubrimiento y de su

independencia. Si españoles fueron los primeros pobladores europeos de los territorios de lo que luego

serían los Estados Unidos, también fueron españoles los afanes y los apoyos iniciales recibidos por los

padres de la patria americana en los heroicos días de su accesión al concierto de las naciones libres.

Desde hace veinticinco años, el entendimiento y la colaboración entre España y los Estados Unidos se han

hecho especialmente intensos. Esta colaboración ha significado, sin duda, uno de los pilares sobre los

cuales se ha apoyado la existencia del mundo libre. España cree que ha llegado la hora de que esta

aportación tan directa, leal y desinteresada sea reconocida de una forma concreta y práctica por las

naciones que forman parte del conjunto del mundo occidental, dentro del cual se halla claramente

incluido nuestro país por su situación, su historia, su cultura y su aportación pasada y presente.

Señor Presidente: No es esta la primera visita que España tiene el honor de recibir de vuestra persona. En

ocasión anterior estuvisteis en Madrid representando a vuestro país con motivo del trágico fallecimiento

de mi predecesor, el inolvidable almirante don Luis Carrero Blanco, ocasión de triste recuerdo para todos

los españoles, en especial para los que tuvimos el honor de compartir las tareas del Gobierno bajo su

dirección.

Vuestra visita de entonces y la de hoy pensamos obedece a la ya larga trayectoria de cooperación a que

antes me referí. Por eso, el pueblo español, mis compañeros del Gobierno y yo mismo pensamos que

nadie mejor que vuestra persona puede comprender la profundidad e importancia de la colaboración que

ha existido entre nuestros países y la necesidad del mantenimiento de ese entendimiento para que en el

futuro sigan tan eficazmente defendidos los valores de nuestra común civilización. Nos felicitamos, señor

Presidente, y le agradecemos muy especialmente por su venida a España, pues estamos seguros de que

compartís con nosotros el deseo de continuar nuestra ya tradicional amistad. Podéis estar seguro de que

España confía en vuestra acción dentro del mundo occidental, para que nuestros objetivos comunes sean

alcanzados

Permitidme, señor Presidente, levantar mi copa para brindar por la continuación de ese espíritu de amistad

y comprensión entre España y los Estados Unidos y por la ventura del pueblo americano y por la vuestra

personal.»

ENTREVISTA FORD-ARIAS

A las cuatro menos diez de la tarde, en el salón de tapices de Goya del palacio de la Moncloa, el

Presidente de los Estados Unidos, Gerald Ford, y el presidente del Gobierno español, don Carlos Arias,

mantuvieron una amplia y cordial entrevista, en la que estuvieron presentes el ministro español de

Asuntos Exteriores, don Pedro Cortina, y el secretario norteamericano de Estado doctor Henry A.

Kissinger.

A esta entrevista, que se prolongó dorante una hora, asistieron también los ministros españoles del

Ejército, teniente general Coloma; de Marina, almirante Pita da Veiga, y del Aire, teniente general Cuadra

CON EL PRINCIPE DE ESPAÑA

Poco antes de las cinco de la tarde llegaron al palacio de la Moncloa los Príncipes de España, que fueron

acogidos a la entrada por el Presidente Ford. La esposa del Presidente, en compañía del secretario de

Estado, señor Henry A. Kissinger, esperaban en el vestíbulo, donde saludaron a los Príncipes.

Seguidamente don Juan Carlos y doña Sofía, en compañía de los señores de Ford, pasaron a la biblioteca,

donde mantuvieron una entrevista, terminada la cual se sirvió en el mismo salón un té. El encuentro entre

Ford y el Príncipe de España se prolongó durante cuarenta minutos.

TIEMPO VACIO

Desde que los Príncipes de España abandonaron el palacio de la Moncloa hasta Que el Presidente de los

Estados Unidos salía para la cena, permaneció en el palacio. No se ha facilitado información de lo qUe ha

hecho el Presidente en ese tiempo ni de si ha recibido a alguna persona.

CENA EN EL PALACIO DE ORIENTE

El Jefe del Estado. Generalísimo Franco, y su esposa, ofrecieron el sábado por la noche, en el palacio de

Oriente, una cena de gala en honor del Presidente de los Estados Unidos y señora de Ford, y a la que

asistieron los Príncipes de España.

Por parte española estuvieron presentes el presidente del Gobierno, señor Arias Navarro; el presidente de

las Cortes y del Consejo del Reino, señor Rodríguez de Valcárcel; S. A. R. el duque de Cádiz; el

vicepresidente primero y ministro de la Gobernación, señor García Hernández; el vicepresidente segundo

y ministro de Hacienda, señor Cabello de Alba; el vicepresidente tercero y ministro de Trabajo, señor

Suárez; el ministro de Asuntos Exteriores, señor Cortina Mauri; el ministro del Ejército, teniente general

Coloma Gallegos; el ministro de Justicia, señor Sánchez Ventura; el ministro de Educación y Ciencia,

señor Martínez Esteruelas; el ministro de Industria, señor Alvarez Miranda; el ministro de Marina,

almirante Pita da Veiga; el ministro del Aire, teniente general Cuadra Medina ; el ministro de Obras

Públicas, señor Valdés; el ministro de la Vivienda, señor Rodríguez de Miguel; el ministro de

Agricultura, señor Allende y García-Báxter; el ministro de Comercio, señor Cerón; el ministro de

Información y Turismo, señor He-rrera y Esteban; el ministro de Relaciones Sindicales, señor Fernández

Sordo; el ministro de Planificación v Desarrollo, señor Gutiérrez Cano; el ministro de la Presidencia,

señor Carro Martínez; el vicepresidente del Consejo del Reino, don Manuel Lora; el presidente del

Consejo de Estado, señor Oriol (don Antonio María) ; el subsecretario de Asuntos Exteriores, señor

Rovira; el presidente del Tribunal Supremo, señor Silva Melero; el alcalde de Madrid, señor García-

Lomas; el gobernador civil de Madrid, señor López Cancio; el secretario del Consejo del Reino, señor De

la Mata; el teniente general don Ángel Salas, consejero del Reino; don Miguel Primo de Rivera, consejero

del Reino; el rector de la Universidad Complutense; el teniente general jefe del Alto Estado Mayor; el

presidente de la Diputación Provincial de Guipúzcoa; el teniente general jefe de la I Región Aérea; el

consejero del Reino don Iñigo de Oriol; el general jefe de la Casa Civil de S. E., intedente general señor

Fuertes de Villavicencio; el teniente general jefe de la Casa Militar de S. E., señor Diez Alegría; el primer

introductor de embajadores, señor Pan de Soraluce; el teniente general jefe del Estado Mayor Central del

Ejército; el presidente de la Diputación Provincial de Madrid; el almirante jefe del Estado Mayor de la

Armada; el capitán general de la I Región Militar; él director general para asuntos de Europa del

Ministerio de A s u n t o s Exteriores; el teniente general jefe del Estado Mayor del Aire; el teniente

general de la I Región Aérea; el general gobernador militar de Madrid; el almirante jefe de la jurisdicción

central de Marina; el director general de Seguridad; el director general de Norteamérica y Extremo

Oriente del Ministerio de Asuntos Exteriores; el coronel jefe del servicio de seguridad de la Casa Militar

de S. E.; el general segundo jefe de la Casa Militar de S. E.; el médico de S. E. doctor Vicente Pozuelo; el

jefe de la Casa Real de S. A.R.; el secretario general de la Casa Civil; ayudante de campoo de S. E. y

ayudante de S. A. R.. y el embajador de España señor Alba.

Por parte norteamericana asistieron el secretario de Estado, doctor Henry A. Kissinger; el embajador

adjunto al Presidente, señor Rumsfeld; el consejero del .Presidente, señor Hatmann; el secretario de

Prensa del Presidente, señor Nessen; el embajador de Estados Unidos en Madrid, señor Stabler; el

secretario de Estado adjunto, señor Arthur Hartmann; el segundo ayudante del Presidente para asuntos de

seguridad nacional, teniente general Rent Scowcroft; el ministro consejero de la Embajada de los Estados

Unidos; el consejero del Departamento de Estado, señor Sonnenfeldt; la señorita Sheila Weidenfeld; el

señor Milton Friedman, del gabinete del Presidente; el doctor William Lukash, médico del Presidente; el

señor John Hushen, secretario de Prensa del Presidente; el capitán de navio señor Lee Kollmorgen; el

señor Dennid Clift, miembro del Consejo Nacional de Seguridad; el señor Herry Ball, del Servicio

Secreto, y el general Guimera, a las órdenes del Presidente.

Asimismo asistió a la cena el nuncio de Su Santidad y decano del Cuerpo Diplomático, monseñor

Dadaglio.

FRANCO

El Jefe del Estado Español pronunció al final de la cena el siguiente brindis:

«Señor Presidente: Ha sido para mí un honor y una gran satisfacción el haber recibido la visita del

Presidente Ford, cuyas dotes humanas y virtudes de estadista son bien conocidas por haberse puesto de

manifiesto a lo largo de toda una trayectoria política al servicio de su nación y en beneficio de la paz del

mundo.

Ha sido también motivo de especial complacencia para mi esposa y para mi haber tenido entre nosotros a

la señora de Ford, cuyo encanto personal y simpatía nos ha conquistado a todos. Como lo ha sido

asimismo la presencia de las tan distinguidas personalidades que os acompañan.

A lo largo de casi un cuarto de siglo las relaciones entre España y los Estados Unidos han seguido un

curso de consolidación en la amistad, de participación en una serie de objetivos y fines comunes y de

afirmación de unos valores que, como miembros del mundo libre, compartimos.

Con vuestra presencia habéis querido renovar la atención que el Gobierno y el pueblo norteamericanos

nos manifestaron con ocasión de la visita de vuestros predecesores, los Presidentes Eisenhower y Nixon.

Quiero haceros llegar señor Presidente, mi reconocimiento y el del pueblo español porque habéis querido

demostrar, al realizar esta visita a Madrid, que España constituye una de las etapas fundamentales de

vuestro viaje a Europa, que lleváis a cabo como primer mandatario de una nación que encabeza a ese

grupo de naciones que conforman el mundo occidental.

Ante las amenazas exteriores que pesan sobre nuestra civilización, a las que han venido a unirse la

subversión y el terrorismo, cuyo objetivo constituye la destrucción de nuestras formas de vida, el mundo

occidental está más necesitado que nunca de cohesión para la defensa de los valores que nos son

comunes.

Puede estar seguro, señor Presidente, que en España encontrará el amigo sincero que estará dispuesto a

colaborar con generosidad y reciprocidad a la defensa de esos valores, así como al mantenimiento de la

paz y de la justicia entre las naciones.

Permitidme, señor Presidente, que levante mi copa para brindar por la continua amistad entre nuestros dos

países, por vuestra ventura personal, por la señora de Ford y por la paz y felicidad para el pueblo, en cuyo

nombre estáis hoy aquí en España, los Estados Unidos de América.»

PALABRAS DE FORD

Para corresponder a las palabras de Franco, el Presidente Ford pronunció el siguiente brindis:

«General Franco, señora de Franco. Altezas Reales, distinguidos señores:

En 1953 nuestras dos naciones emprendieron un camino destinado a aumentar nuestra cooperación y a

incrementar nuestra seguridad. Nuestras relaciones desde entonces lo han logrado, han conseguido esos

fines y seguírán haciéndolo. Se ha mantenido la independencia de Occidente y hemos prosperado en

forma que no podía esperarse hace un cuarto de siglo. De ello se han beneficiado nuestros dos países.

Los desafíos son hoy todavía más complejos. Debemos seguir manteniendo nuestras defensas y trabajar,

al mismo tiempo para que disminuyan las tensiones. Vivimos hoy en un mundo que se está haciendo cada

vez más interdependiente y la cooperación se hace cada día más importante. Ustedes y nosotros estamos

orgullosos de nuestra independencia, pero reconocemos que es necesario trabajar juntos. Año tras año

crecen los contactos y la cooperación entre el pueblo español y el norteamericano en todos los campos,

desde el de la medicina, al del urbanismo, desde el de las artes a la agricultura, desde el científico al de la

enseñanza.

Para enfrentarnos con las necesidades del mañana tenemos que continuar esta cooperación. Sé que este

objetivo es compartido por nuestros dos países. Como se reconoce en la declaración conjunta de

principios de 1974, nuestra labor común ha robustecido la causa de la paz. España, mediante su

cooperación bilateral de defensa con los Estados Unidos, hace una aportación muy importante a la

defensa occidental. De esta cooperación se han beneficiado otras naciones de la comunidad atlántica. De

todo ello estamos dispuestos a sacar las consecuencias prácticas en nuestras relaciones bilaterales. Los

dos, España y Estados Unidos, pertenecemos a organismos internacionales, creados para aumentar la

cooperación entre las naciones, tal como ocurre en la Agencia Internacional de la Energía. Estos lazos

deben ampliarse y fortalecerse continuamente. Estamos decididos a que lo sean.

Excelencia: El calor de vuestra acogida de hoy y la hospitalidad del pueblo de España han sido muy

importantes para mí y para mi país. Esta grata cena, en tan espléndido lugar, con tantos amigos, ha sido el

colofón de un día lleno de experiencias profundamente conmovedoras, que van desde las muestras de

afecto del pueblo español al darnos la bienvenida, a la reanudación de mi amistad con vos y con el

Príncipe Juan Carlos. A ello hay que añadir el intercambio de ideas, por primera vez y de manera muy

provechosa, con el presidente Arias Navarro Todas éstas han pido experiencias valiosas, que dan

testimonio elocuente de la profunda amistad de nuestros dos países.

Alzo mi copa por España y por los Estados Unidos, por nuestra mayor amistad en los años venideros, por

el Generalísimo Franco, por Su Alteza Real el Príncipe Juan Carlos y por el pueblo español.»

CONCIERTO

Después de la cena de gala celebrada en el palacio de Oriente, el Jefe del Estado y el Presidente Ford,

acompañados de sus esposas, y de todas las personalidades asistentes, se trasladaron al salón Gasparini,

donde les fue servido café. A continuación pasaron al salón de música del palacio de Oriente, donde

escucharon un concierto interpretado con los Stradivarius, de la colección del Patrimonio Nacional, por el

cuarteto de solistas de la Orquesta Sinfónica de la Radio Televisión Española, compuesto por: Hermes

Kriales, primer violín: Juan Luis Jorda. segundo violin; Pablo Ceballos, viola, y Enrique Correa,

violoncello y que ofrecieron el «Nocturno del cuarteto número 2, en re mayor», de «Borodine, y la

«Oración del Torero para cuarteto», de cuerda, de Joaquín Turina.

FORD, EN MISA

El Presidente de los Estados Unidos y su esposa iniciaron la jornada del domingo asistiendo a una misa

celebrada a las siete y cuarto de la mañana en el segundo monasterio de la Visitación de Santa María, de

las Salesas Reales. A su llegada al antiguo monasterio, situado en la calle de San Bernardo, fueron

recibidos por el capellán del monasterio y la comunidad. E] Presidente y su esposa asistieron a la misa

desde el primer banco, situado en la nave general. Finalizada la celebración, visitaron a la comunidad,

cuya superiora les hizo entrega de un pergamino miniado en oro con el escudo de la orden. El señor Ford

y su esposa conversaron con las madres de la comunidad, una de las cuales expresó su deseo de entregar

al Presidente, un trabajo de artesanía con la palabra paz bordada en inglés.

El Presidente Ford no es católico, sino protestante, pero acostumbra a asistir a un culto religioso en el país

que visita. El sacerdote, en la homilía, habló de la «hipocresía» de las palabras en el campo internacional.

ENCUENTRO CON FRANCO

A las 8,30, el Jefe del Estado llegó al palacio de la Moncloa, a cuya puerta fue recibido por el Presidente

Ford y su esposa, a quienes acompañaban el secretario de Estado, señor Kissinger, y el ministro español

de Asuntos Exteriores, señor Cortina.

El Jefe del Estado y el Presidente de los Estados Unidos pasaron a una sala del palacio donde conversaron

durante quince minutos, en presencia del secretario de Estado y del ministro de Asuntos Exteriores, así

como del embajador de España en Washington y del de los Estados Unidos en Madrid.

SALIDA HACIA SALZBURGO

A las nueve y veinte de la mañana emprendió el vuelo hacia Salzburgo el avión del Presidente de los

Estados Unidos, Gerald Ford, dando así por finalizada su visita a España, que ha durado veintidós horas.

Fue despedido en el aeropuerto de Barajas por el Jefe del Estado español.

Ambos Jefes de Estado llegaron al aeropuerto minutos después de las nueve de la mañana, en el mismo

automóvil. En otro, llegaron también las posas de ambos mandatarios.

Tras descansar unos momentos en el salón de honor, a las nueve y diez de la mañana, el Presidente Ford y

el Generalísimo Franco salieron a la pista, donde fueron cumplimentados por los presidentes de los

Tribunales Supremo de Justicia, de Cuentas y de los Consejos de Economía Nacional y de Justicia

Militar; nuncio de Su Santidad, representantes del Cuerpo Diplomático y otras autoridades.

Tras despedirse del presidente de las Cortes y del Consejo del Reino y de los vicepresidentes y miembros

del Gobierno, el Presidente Ford y Franco subieron a un podio, en compañía de sus esposas, desde el cual

escucharon los himnos nacionaels de España y Estados Unidos. A continuación, los dos estadistas

pasaron revista a las fuerzas de la undécima escuadrilla de la Región Aérea, mientras se disparaban las

salvas de ordenanza.

Seguidamente y en compañía del presidente del Gobierno, don Carlos Arias, y ministros de Asuntos

Exteriores y del Aire, se dirigieron a la escalerilla del avión «Espíritu del 76», al pie de la cual, ambos

Jefes de Estado se despidieron con un apretón de manos, mientras sus esposas se besaban. A

continuación, el Presidente Ford y su esposa subieron a bordo del avión, seguidos del secretario de

Estado, Henry Kissinger, y restantes miembros de su séquito.

A las nueve y veinte se puso en movimiento el avión, dando así por finalizada la visita del Presidente

Ford a España, la tercera que realiza un Presidente de los Estados Unidos y la más larga de todas ellas. No

se ha firmado ningún comunicado conjunto al término de la visita.

Franco y su esposa regresaron nuevamente al salón de honor» entre los aplausos de numeroso público

congregado en la terraza del aeropuerto y, tras despedirse del presidente y miembros del Gobierno,

emprendieron el regreso a su residencia del palacio de El Pardo.

 

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