Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   ¿Desmantelamiento de las bases USA?     
 
 Informaciones.    06/09/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

¿Desmantelamiento de las bases U. S. A.?

Por Abel HERNANDEZ

En el palacio de Santa Cruz se habla estos días por varias razones de desmantelamiento, evidentemente

con un poco de exageración. Resulta que los tres personajes clave de la Oficina de Información

Diplomática se van. El director, señor Torrente, a sus "negocios particulares", tras haber sobrevivido a

varios ministros; el señor Cajal, lo mismo, y el señor Ortega, a Rabat de consejero de la Embajada.

Sorprende mucho que el viento de la casualidad se lleve a los tres diplomáticos juntos. Los tres se habían

esforzado hasta el límite de sus posibilidades y con más de un disgusto —su margen de actuación cara a

la Prensa era estrecho— en informar a la opinión pública de los avatares de nuestra política exterior.

Parece que se hacen gestiones para que capitanee la O I.D. el actual embajador de España en Libia, señor

Robles Piquer, cuñado de don Manuel Fraga, todavía embajador en Londres.

Saliendo de la parcela doméstica, en el palacio de Santa Cruz se empieza a hablar también de

"desmantelamiento" de las bases militares utilizadas por Estados Unidos en suelo español. Naturalmente,

sólo, de momento, como posibilidad.

Antes de quince días —todavía no está señalada la fecha— los negociadores españoles y norteamericanos

se reunirán en la última ronda de las conversaciones en Washington. Es una reunión trascendental. Si no

se llega a un acuerdo definitivo, los norteamericanos deberán empezar el próximo día 27 —justamente al

día siguiente de expirar los actuales acuerdos— a evacuar las bases españolas. Para esta operación de

desmantelamiento tendrían un año de plazo. En contra de algunas versiones U.S.A., no es cierto que haya

prórroga automática.

En esta última ronda de Washington es, sin embargo, más que probable que se llegue al acuerdo de

prorrogar fuera del tiempo reglamentario durante tres meses la negociación. En esto están empeñados los

negociadores estadounidenses, con el señor McCloskey a la cabeza.

De cualquier manera, todo hace suponer que el encuentro va a acabar en empate a cero. El equipo español

ha ofrecido más resistencia de la esperada y no se ha entregado en ningún momento. Desde el principio se

propuso encarecer la firma de los nuevos acuerdos militares y ha mantenido este propósito hasta el final.

Las posiciones están aún distantes y si las altas jerarquías de los dos países no deciden acortar distancias

por la vía rápida (ahora mismo el estado de la negociación está en poder de los dos Gobiernos), no habrá

firma antes del día 26.

Los principales obstáculos son, al parecer, los siguientes: la petición por parte de España de unos mil

quinientos millones de dólares en ayuda militar (incluido armamento nuclear); el visto bueno del

Congreso a los acuerdos entre los Gobiernos de Washington y Madrid, ,y la exigencia española de que el

plazo de los nuevos acuerdos sea sólo de tres años y no de cinco como los que ahora rigen. También se

indica en el capítulo de obstáculos un giro notable en algunos sectores influyentes de Estados Unidos

hacia posiciones menos amistosas y comprometidas con la política del Régimen de Madrid y la evidente

impopularidad de la presencia militar U.S.A. en España.

Empuja a la firma de los acuerdos la necesidad norteamericana —y de la O.T.A.N.— por razones

geoestratégicas de mantener, por lo menos, la base de Rota, y la voluntad del Gobierno español de

conservar en estos momentos la amistad con su más poderoso aliado. Como muy tarde, a finales de este

mes el señor Cortina, jefe de la diplomacia española, se entrevistará con el señor Kissinger en Nueva

York. Puede ser un buen momento para llegar, en la prórroga, a un resultado positivo por la vía rápida.

Entretanto, siguen manteniéndose la impresión de que, ocurra lo que ocurra, de ahora en adelante habrá

menor presencia militar U.S.A. en España y que los norteamericanos van a desmantelar varias de las

actuales bases en suelo español, o, por lo menos, reducir el uso de las mismas.

 

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