Autor: AMBLE. 
 El riesgo de los dos frentes. 
 ¿Un partido conservador para España?     
 
 Informaciones.    25/09/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL RIESGO DE LOS DOS «FRENTES»

¿Un partido conservador para España?

SIN DUDA, EL NUCLEO MAS DISTANTE LO CONSTITUYE LA U.D.E.; HAY QUE

TENER PRESENTE LOS RECIENTES INTENTOS DE SUS DIRIGENTES PARA FORMAR UN

GRAN PARTIDO DEMOCRISTIANO

Por AMBLE

La noticia ha saltado ya a las páginas de la Prensa, y las más recientes declaraciones de algunos de los

protagonistas permiten afirmar la certeza de aquélla, al menos en sus rasgos fundamentales. Tal noticia

afirma que se ha establecido un acuerdo para la unión de fuerzas políticas que tienen sus protagonistas en

los señores Martínez Esteruelas (U.D.P.E.), López Rodó (Grupo Regionalista de las Cortes y acaso otras

fuerzas más de claro corte tecnocrátíco), Silva Muñoz (hoy por hoy rector de U.D.E.) y acaso, sobre todo

tras las declaraciones del primero de los citados en Orense, también el señor Fernández de la Mora

(U.N.E.). Todo ello en forma que no excluye la de un solo partido, aunque también se deja aún la puerta

abierta a una coalición electoral. Y, en fin, como cúspide de esa nueva formación, el personaje más

representativo: Manuel Fraga Iribarne.

No es mi intención buscar precisiones o aclarar detalles al contenido de tal anuncio, ya que ello se irá

logrando en los próximos días, probablemente antes de que este mismo mes concluya. Sí, en cambio, me

parece de enorme importancia analizar este suceso, aun a caballo entre el hecho y la hipótesis, en las

distintas perspectivas políticas y sociológicas que presenta.

Ante todo, el hecho en sí. Un repaso breve a la historia de estos últimos meses nos revela, junto a algunas

diferencias, sustanciales coincidencias en los grupos cuya unión ahora se prefigura. Sin duda, el núcleo

más distante lo constituye U.D.E., pero, sin dar pábulo aquí al rumor de salón, no parece arriesgado

pensar que la adscripción de esta agrupación a la nueva alianza presenta serias dudas, sobre todo si se

recuerda los todavía muy recientes y acaso no concluidos intentos de algunos dirigentes de U.D.E. por

formar un gran partido democristiano. En cambio, tanto U.N.E. como U.D.P.E., Junto con A.N.E.P.A. y

algún grupo más, secundaron hace algunos meses un proyecto de creación de un «Frente Nacional», que

encabezaría Fernández de la Mora, y, si la memoria no me traiciona, entre los que advirtieron los graves

peligros que esta bipolarización del país en «Frentes» llevaba consigo estaban entonces algunos de

quienes hoy propugnan la nueva alianza. De los supuestos miembros de ésta, en fin, el que más

perplejidad suscita, aparte las reservas hechas en cuanto a U.D.E., es el Grupo Regionalista, que preside

López Rodó, puesto que, a primera vista al menos, no se advierte cómo se conciliará el matiz que se dice

distintivo de estos procuradores con una doctrina acendradamente unitaria y nacionalista, común a los

otros grupos.

Tenemos, de otro lado, la presentación del mismo hecho. Nada aún que decir sobre su programa, su

forma, sus acciones: habremos de esperar a que tal presentación se haga por sus propios protagonistas y

cabezas. Pero las alusiones que nos han llegado (ateniéndonos sólo a declaraciones de los

presuntos miembros), permiten aventurar algo -y poco más- sobre el carácter y la «técnica» concreta

de tal presentación. Y es aquí, justamente, donde entramos en la nuez del asunto y donde las preguntas y

las observaciones saltan a la luz.

Veamos. Los promotores «in pectore» del grupo han manejado un término que, por imposible que

parezca, todavía no había utilizado ninguno de las decenas de españoles que desde hace diez meses se

dedican a crear partidos políticos. El término es partido o grupo «liberal conservador». Tenemos, no

faltaba más, hasta una docena de grupos liberales, pero hasta hoy no había aparecido uno que se

calificase, a secas o coadjetivado, «conservador». Guardémonos del fácil recurso a examinar los

«curricula vitae» de los presuntos protagonistas en función de ese liberalismo que van a proclamar

centremos, en cambio, la pregunta en lo que puede significar hoy, España, septiembre de 1976, ser

«conservador». A mí me parece que algunas de las cabezas de este grupo lo están diciendo, con

insistencia, todos los días desde hace, por lo menos, trescientos: hay que conservar el régimen creado por

Franco, perfeccionándolo, sí, pero sin admitir reformas sustanciales, ni muchos menos su sustitución, o

sea, que, en última instancia, su proclamada fidelidad al «18 de julio», no tan lirica como la de Girón o

Piñar, pero si tan reiterada, resulta contraria al mismo «reformismo» que Fraga propugnó mientras estuvo

en el Gobierno. Cuestión de matices, se podrá decir. Pero en el fondo nadie podrá negar que la

adscripción de aquél a la cabeza de un «conservadurismo» que acoge hasta a Fernández de la Mora,

revela un claro «giro a la derecha» por parte del ex vicepresidente de Asuntos del Interior. Qué causas,

qué motivos, qué simples justificaciones personalisimas puede tener tal transición, es algo que no

podemos sino dejar al ámbito reservado de la conciencia interior de su protagonista.

Claro que las cosas no son, pero, sobre todo, no se nos presentarán tan obvias. Algún atisbo ofrece la

Prensa de estos días para poder suponer que la alianza no va a ponerse la hoy por hoy incómoda etiqueta

de la «derechaderecha». Se habla, ¿espontáneamente?, de una nueva conformación del «centro-derecha».

Pero ¿aceptará este rótulo neorreformista el tradicionalismo impertérrito de U.N.E.?, sin ir más lejos... Sin

embargo, no hay otro remedio que volver de nuevo la vista atrás y recordar los fallidos intentos de Fraga,

del Fraga-ministro, por crear una formación de esta índole que había teorizado ya en sus discursos y

artículos iniciados en Londres. Su «Reforma Democrática» no ha vuelto a abrir la boca desde que, días

antes de la crisis, montara en París una «contestada» rueda de Prensa (él galicismo se justifica

por razón del lugar; de la mano de un gaullismo que ya había empezado a perder la jefatura del Gobierno

de aquel país. Pero ¿cómo se cohonestan, en sentido de coordinar, pero también en la acepción moral del

término, algunas de sus declaraciones con el anticomunismo a ultranza de los futuros «partenaires» del ex

ministro? Una presentación centrista de la alianza, sinceramente, no se la van a creer ni los expertos

internacionales de Nueva Zelanda, ejemplo que sólo tomo por tratarse de nuestros más alejados parientes

terráqueos. Si el «centro» es siempre derecha (lo dijo incluso Duverger), el nuevo grupo, se presente

como quiera, será algo más que «derecha». Y si se llama «conservador», los observadores más favorables

lo van a calificar de «neofranquista». que no será poco ni lo peor.

Hay otra perspectiva de no menor importancia, y es ésta: ¿cuál será la reacción previsible de los «otros»

grupos políticos? Sintetizaré unas previsiones básicas que no parecen descabelladas. Una: la «oposición»

va a denunciar esta maniobra y, muy probablemente, le va a endosar la responsabilidad al Gobierno (de

esto hablaré después). Dos: los socialistas se van a ver instados (aquilatemos los verbos) a «estrechar» sus

lazos con los comunistas; y ello se puede hacer extensible a otros grupos de la oposición, cuya

«Coordinación» encontraría un motivo, y no ya un puro pretexto, para recobrar una unión que hoy está en

entredicho. En este panorama ruede incluso no ser exagerado prever la vuelta a la bipolarización, con

claros intentos de contraponer a aquel un «Frente» (popular...). Y tres, en fin, los partidos y grupos

regionalistas, dificultados los accesos a sus congéneres «nacionales» y hostigados por una doctrina

marcadamente unitaria, «conservadora» de un centralismo heredado, habrán de marcar un más claro y

unánime acento hacia posiciones independentistas.

Queda, por último, la posición del propio Gobierno. Punto crucial, sin duda, porque, se diga lo que se

quiera, éste, por ser «Gobierno» y no por sus componentes, acumula de hecho los mayores resortes de

poder. La posición del mismo con respecto a la nueva alianza es vital. Esta podrá formarse al margen, e

incluso en contra del deseo más o menos explícito del Gobierno. Podrá incluso recoger cotas bastante

altas de poder merced al proceso electoral porque su arraigo sociológico, sus recursos a la «autoridad» y

el «orden», van a encontrar eco importante en amplios sectores de nuestra burguesía. Pero la coalición no

redondeará sus logros sin un apoyo del Gobierno, mientras que éste, por otro lado, se ha de ver obligado a

tomar posiciones, colectiva o individualmente, cara al proceso electoral. Y ésta es, sin duda, la gran

incógnita de todo este tema, que promete ser el «best-seller» político de las próximas semanas.

 

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