Autor: Valverde, Alberto. 
 Relaciones con el exterior. Será ratificado. 
 Primer debate en el Senado sobre el Tratado España-Estados Unidos     
 
 Informaciones.    04/03/1976.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 44. 

EL TRATADO ESPAÑA-ESTADOS UNIDOS

Por Alberto VALVERDE

WASHINGTON, 4.

CON un extraordinario y desacostumbrado interés, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los

Estados Unidos inició ayer el proceso de ratificación legislativa del tratado hispano-norteamericano de

amistad y cooperación, liando la impresión en el día primero de sus debates que si bien la aprobación del

primer pacto formal entre Washington y Madrid por los dos tercios del Senado se da por descontada, ésta

no se hará efectiva sin un largo y minucioso análisis del propio texto del tratado y del proceso político

español en curso hacia la democracia.

• LOS SENADORES NORTEAMERICANOS QUIEREN GARANTÍAS DE QUE NUESTRO

PAÍS CAMINA HACIA LA DEMOCRACIA

• M«CLOSKEY: «ES UN CLARO SIGNO DE NUESTRO APOYO MORAL A ESPAÑA EN ESTOS

MOMENTOS»

• PELL: «AGRADABLE SORPRESA POR LA TAREA MODIFICADORA DEL REY JUAN

CARLOS

La necesidad de este análisis, que ayer pudo mostrar en una fase inicial las complejidades que han

rodeado las viejas relaciones hispano-norteamericanas, responde al deseo de la rama legislativa estado-

unidense de «echar el primer vistazo» a esta unión de más de veinticinco años, no en razón a que ésta se

haya puesto alguna vez en duda por los miembros del Senado, sino en virtud a la ocasión histórica que se

les ofrece para expresar sus reservas sobre el hecho de que los acuerdos anteriores fueron negociados y

firmados con el régimen de Franco.

En una primera sesión de dos horas y media de duración, el embajador volante norteamericano y

negociador del acuerdo con España, Mr. Robert McCloskey, presentó su informe ayer ante este Comité,

clave en el mecanismo de ratificación, acompañado por miembros de su equipo negociador, el

subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional, Harry Bergred Jr., y el

vicealmirante Patrick Hannifan, así como por el subsecretario de Estado para Asuntos de Europa, Mr.

Arthur Hartman. El testimonio del señor McCloskey será completado con la declaración, posiblemente la

próxima semana, del secretario de Estado, Henry Kissinger.

LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA

Del testimonio inicial del señor McCloskey y acompañantes y del primer «careo» de la Administración

Pord con los miembros del Comité de Relaciones Exteriores, se desprende :

1 Aunque una mayoría de senadores consideran «necesario» y aceptable, en sus líneas generales, el

Tratado Hispano - Norteamericano en su presente forma, el Gobierno norteamericano se verá sometido a

un largo y minucioso interrogatorio público sobre el alcance y naturaleza jurídica y política de su relación

con España.

2 El texto del Tratado no se verá modificado, a pesar de la prerrogativa del Senado para hacerlo, en sus

líneas fundamentales, aunque sí podría ser sometido a una renegociación última marginal con el Gobierno

español para adaptar los posibles retoques del Senado a los deseos de la parte española.

3 El Senado aprobará, casi seguramente, una resolución adicional al Tratado que podría ser ratificada

también ñor la Cámara de Representantes en forma de una «declaración conjunta», expresando la

voluntad de los Estados Unidos de que el Tratado sirva como vehículo para que España se convierta en

una sociedad democrática y pueda estrechar, después, sus lazos con los organismos regionales europeos,

incluidos la C. E. E. y la O. T. A. N.

4 La Cámara de Representantes y el Senado, en el proceso de apropiación y autorización del dinero

envuelto en el Tratado entre los dos países, podría modificar ligeramente las cantidades contempladas en

el acuerdo en calidad de asistencia y ayuda militar y económica a España. Un compromiso en el sistema

de aprobación legislativa del dinero tendrá que ser negociado con la Administración, para conjugar el

deseo ejecutivo de que el dinero se apruebe de una vez para los cinco años y la voluntad del Legislativo

de aprobar sus presupuestos sobre una base anual, quizá como medio de presión sobre el curso político

español.

5 El Senado norteamericano está «satisfecho» de que el acuerdo con España haya sido presentado, por

vez primera en la historia de relaciones amistosas entre los dos países, como un Tratado formal, al tiempo

que «se felicita» y «contempla con simpatía y agrado» el proceso de liberalización democrática iniciado

por el Rey de España.

En tal sentido, tanto la posición del Gobierno como la de numerosos miembros del Senado coincide en

que el Tratado no debe convertirse, de forma explícita, en un mecanismo de presión al Gobierno español

para que «acelere» su reforma democrática, a pesar del deseo general de que España se englobe cuanto

antes dentro de las demorradas occidentales.

INFORME MCCLOSKEY

La primera audiencia del Comité de Relaciones Exteriores sobre el tratado his-panonorteamericano se ini-

ció con la lectura por el embajador Robert McCloskey de una declaración introductoria del texto del

acuerdo. El negociador norteamericano afirmó que «el tratado (...) establece un nuevo contexto de

relaciones en un periodo en que España está entrando en una nueva era de su larga historia»,

caracterizado por «el comienzo de un proceso de restauración de la democracia en España».

Sobre la naturaleza de la relación, el señor McCloskey puso de manifiesto que el tratado, al presentarlo en

esta nueva forma jurídica al Senado, «contempla una relación mucho más amplia con España que la

establecida en anteriores acuerdos», y si bien el acuerdo es fundamental para las necesidades defensivas

de los Estados Unidos, «no es sólo un acuerdo militar o de bases», sino que incluye además amplios

campos adicionales, tales como los culturales, científicos, tecnológicos, etc.

«El tratado — añadió— reconoce explícitamente y robustece los nuevos y enriquecidos lazos de España

con la Comunidad Atlántica, incluyendo los vínculos propuestos para que España pase a formar parte de

la Comunidad Económica Europea y de la Organización del Atlántico Norte.» Asimismo, «el tratado

prevé que España ayude y contribuya de una manera más efectiva a los esfuerzos defensivos de

Occidente, pasando de cumplir un papel pasivo a otro más activo y, eventualmente, culminado,

esperamos, en la entrada de España en la O.T.A.N.».

No obstante estos extremos y los planes de contingencia para un papel más activo de España en el caso de

un ataque general a Occidente, «no constituyen una garantía o compromiso para defender a España (...), y

por tanto, el nuevo tratado no es una ampliación de la necesidad defensiva norteamericana, no crea

obligaciones defensivas a los otros aliados europeos, ni es tampoco un tratado de defensa mutua».

«En conclusión, añadiré —termino McCloskey— que los Estados Unidos apoyan el progreso español

hacia la democracia con una atención especial a los derechos humanos y con la conciencia de que todos

somos parte de una amplia comunidad atlántica, cuya fortaleza y cohesión exige que unas normas

aceptables en estas materias sean mantenidas por todos sus miembros. El tratado es un claro signo de

nuestro apoyo moral a España en estos momentos. En tal sentido, el tratado contribuirá a profundizar el

papel de España en Europa, beneficiando a los americanos, españoles y europeos por igual.»

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Por su parte, el tratado hispano-norteamericano también fue comentado, bien de una forma expresa o en

el curso del intercambio de preguntas v respuestas, por los seis senadores presentes —el Comité tiene 17

durante la audiencia.

Su presidente, .John Spark-man (demócrata por Alaba-ma), y los miembros Richard Clark (demócrata por

lowa), Hubert Humphrey (demócrata por Minnesota), Clairbone Pell (demócrata por Rhode Island) y los

republicanos Charles Percy (Illinois) y Ja cob Javits (Nueva York). El apoyo más efusivo partió del

presidente, Sparkman, un viejo amigo de España, y de los republicanos Percy y Javits.

Entre los demócratas, el senador Clark, que ha seguido muy de cerca el tema del tratado, hizo de conducto

para la proposición del senador Thomas Eagleton sugiriendo que el tratado se ratifique en la presente

forma y sólo se le añada la «declaración» formal clarificadora antes referida, mientras Clairbone Pell, que

ha realizado recientemente una visita a España por encargo del Comité, ensalzaba «la labor modificadora

de Juan Carlos en los tres meses que lleva al frente de España», y se felicitaba de «los pasos democráticos

esperanzadores dados por España desde la muerte de Franco».

El senador Pell, que recordó en su intervención el doble encarcelamiento que sufrió durante los primeros

años de la guerra civil a manos de las fuerzas nacionales, hizo mención a la "agradable sorpresa" que le

causó España durante su reciente visita, "después de treinta años de negarme a visitarla", y enumeró sus

entrevistas con el Rey, el presidente Arias y los ministros Areilza y Fraga. Reveló que había presentado

su informe al Comité sobre España que, en líneas generales, contenía referencias a la situación penal en

España, al ejercicio de los derechos individuales y a las promesas de democracia recibidas del Gobierno

español.

EL COSTE REAL DEL TRATADO

Este senador fue también el encargado de sacar a relucir uno de los temas del tratado que flotó a lo largo

de toda la audiencia: el coste "real" del tratado con España en términos monetarios. En una pregunta

directísima y muy sutil, el señor Pell presunto a McCloskey si el tratado costaba a Estados Unidos más de

mil millones de dólares, como mantenía España, o los 170 millones que se entregaban directamente sin

necesidad de devolución. El negociador respondió que estaba claro que de los mil millones y pico

contemplados en el acuerdo, 600 millones eran préstamos para adquisición de material militar destinado a

la modernización de las fuerzas armadas y unos 450 millones adicionales venían dados en prestamos del

Exinbank a compañías españolas. El resto añadió McCloskey, eran "grants" (regalos) para diversos fines.

El tema del dinero llevó al senador Humphrey. uno de los críticos de ciertos extremos contemplados en e!

tratado a exigir explicaciones sobre el destino de los capítulos mencionados Por McCloskey Así los 600

millones de dólares serán destinados a la adquisición, entre otro material de 72 aviones de caza "F-16"

cuya entrega a España aún no ha sido acordada y que no podrá materializarse. en cualquier caso. antes de

1981, y los 450 millones del Exinbank serán préstamos ya acordados para la adquisición de diversas

plantas nucleares de fabricación norteamericana.

Sobre este último extremo, Humphrey recordó que España no había ratificado el tratado de no

proliferación nuclear y solicitó formalmente a la Administración que exigiera garantías a España de una

pronta ratificación del mismo, incluso antes de que estas plantas fueran entregadas.

Finalmente, el tema nuclear fue abandonado en espera de mayor información sobre el asunto por parte del

Gobierno.

El ex vicepresidente norteamericano fue también especialmente crítico del hecho que en los anteriores

acuerdos con España se haya insistido siempre en "la relación militar" entre los dos países y que, en aras

de ésta, "se haya olvidado el apoyo económico que necesita la población española".

El argumento del senador demócrata vino en función de la evolución política emprendida en España y de

la necesidad latente, vino a decir, "de que Estados Unidos apoye a las masas rurales, donde se encuentra

la verdadera reserva democrática de España". Humphrey hizo también una mención al Partido Comunista

español y a la política oficial del Gobierno de Madrid de descartar su legalización. "El Partido Comunista

español —dijo el senador— viene a ser, si comparamos al P. C. portugués a una banda desorganizada,

como un equipo de fútbol profesional, altamente organizado y con una estrategia política incomparable".

OTROS TEMAS

Otros temas a los que se hizo referencia en la audiencia fueron:

— El tratado no garantiza a los Estados Unidos la inmediata respuesta militar desde las bases españolas,

sin una previa consulta con las autoridades de Madrid, inclusive en el caso "peor" de un ataque nuclear

global.

— Los países europeos no han puesto reparos al texto del tratado ni a la mención específica de que

el tratado persigue la vinculación y posterior entrada de España en la O.T.A.N.

— España debería considerar el asunto de la prórroga del acuerdo que permite el funcionamiento de

Radio Likey declaró que el Gobierno las relaciones globales hispano-norteamericanas. El Gobierno

norteamericano, en opinión del Congreso debería proseguir las negociaciones con España sobre este

asunto dentro de este esquema global.

— Ya en 1950, el primer ministro Wiston Churchill se hacía eco del deseo español, por aquel

entonces, de pertenecer a la O. T. A. N, en entrevistas que mantuvo con senadores norteamericanos entro

ellos Sparkman.

- En caso de guerra civil o golpe militar en España, los Estados Unidos evacuarán sus fuerzas y

material, aunque no las bases, del suelo español.

-

- España hará uso de los caza «F-4e» prestados por los Estados Unidos hasta que estén listos para su

envío los «F-16», más modernos, solicitados.

En el Senado y el Gobierno deben analizar, en su momento, la posible suspensión de la ayuda a España en

el caso de que se apruebe una resolución legislativa prohibiéndola a aquellos países que mantienen

comercio con Cuba.

— Estados Unidos suspendería su asistencia a España en virtud de otra ley que prohibe ayuda

económica y militar a regímenes que hacen caso omiso de los derechos humanos. En tal sentido, McClos-

key declaró que el Gobierno norteamericano «es consciente de los esfuerzos serios que el Gobierno de

Madrid está realizando en este temas en el curso de los últimos dos meses.

— Para McCloskey, aunque existe sentimiento en España

en contra de la presencia norteamericana, éste no llega al clásico «yanquee go home», y en general el

Departamento de Estado tiene la impresión de que una mayoría de españoles «está de acuerdo con la

existencia sobre suelo español de bases norteamericanas».

— El tratado no es de «defensa mutua», en razón a que el Congreso había solicitado, en el proceso de

consultas durante las negociaciones, que así se negociara y acordara.

— Estados Unidos consideró la posibilidad de suprimir las bases en España, pero tras un examen

minucioso se decidió que «existían poderosas razones» para continuar utilizando las instalaciones

existentes en suelo español.

— El Comité, a deseos de algunos de sus miembros, expresa su simpatía a los esfuerzos realizados por

don Juan Carlos para transformar el régimen de Franco.

— No existe ningún pacto secreto entre España y los Estados Unidos, al margen de los textos

presentados al Senado.

 

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