Autor: Arrarás Iribarren, Joaquín. 
   La base aérea de Torrejón     
 
 ABC.    06/01/1960.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

LA BASE AEREA DE TORREJON

A las cinco de la tarde se levanta la prohibición de servir bebidas alcohólicas en los bares de la base

aérea de Torrejón. A esta hora empieza a animarse el Club de oficiales: hombres maduros y jóvenes, con

uniformes de tela de gabardina inarrugable color azul-verdoso se acercan a la barra, piden whisky unos,

zumos de pina, de manzana o cerveza en lata, otros, y en grupos se entregan al "chau-chau" la clásica

universal tertulia de militares al ser relevados de sus posiciones.

El bar es amplio, lujoso, hollywudiano, con decoración y mobiliario moderno. Al fondo, una orquesta

interpreta música abstracta, los últimos éxitos, difíciles de identificar de los primeros. El muro

encristalado nos permite contemplar un espacio tapizado de hierba, con un surtidor en el centro. Hay en el

pabellón principal una gran sala, comedor y salón de actos a la vez, con escenario. Un anuncio prometía

para aquella noche: "Pre-Holiday.—Fun Night Dancing".

A la entrada del bar se alinean en un pasillo un repertorio de máquinas tragaperras.Raro es el oficial que

no sucumba a la tentación y no haga su envite.

Mi acompañante me dice:

—He estado en Okinawa, en las bases de Filipinas. Panamá, Francia, Alemania, Turquía... Pues bien, si

me atengo a lo que ahora veo, no sabría distinguir dónde me encuentro... Las mismas comidas y bebidas,

idéntica atmósfera de tabaco, y música, la misma temperatura artificial y ¡ah!, lo más esencial para

nosotros, ¡la misma agua! Al desplazarnos por esos mundos, los norteamericanos transportamos nuestros

gustos y nuestros prejuicios.

Su preocupación por el agua raya en obsesión.¡Cuántas pruebas, investigaciones y trámites hasta

acomodar el agua a la fórmula ideal, que no es H20, ni mucho menos! Para los norteamericanos fuera de

su patria decir agua equivale a decir complejidad. Porque no ha de ser sólo limpia de impurezas, sino

poseedora de raras virtudes y cualidades. El más preciado tesoro de la impedimenta de Eisenhower en su

reciente viaje eran las garrafas de agua.

Pero ahora no la necesitamos: a dos pasos tenemos una cafetería con asepsia y profilaxis de quirófano. Su

clientela la componen rubios, morenos, albinos y negros. Acerquémonos al niquelado mostrador para

retirar lo que nos plazca: salchichas, entrecot, rosbif, sandwichs vegetales, chocolate o café en sus

hornillos eléctricos y a debido temple, leche, frutas. Pagamos a una muchacha, suave fantasma blanco,

cual enfermera de sanatorio de lujo, y nos retiramos con nuestros platos y tazas a una mesa. A mano

tenemos el azúcar, la. mostaza, la pimienta, el jugo de tomate...

Interrumpe nuestra conversación el estruendo de un reactor al hilvanar el dosel celeste. Deja a un paso un

filamento blanco.

—La base es nuestro mundo—exclamó mi interlocutor en tono de confidencia—.. Podemos vivir sin salir

de ella. Aquí tenemos alojamiento, capilla, hospital, librería, nuestro periódico, teatro, cine, piscinas, golf,

boleras, campo de "bass-ball", de fútbol, tennis, gimnasio para practicar el judo, el boxeo... Aquí

funcionan clubs con sus campeonatos de todo lo imaginable y sociedades benéficas, culturales,

artísticas... Precisamente hoy se reúne una, presidida por un capellán, dedicada a socorrer a los

alcohólicos dispuestos a librarse del vicio de la bebida...

Salimos hacia el alojamiento de los soldados. Otro hermoso hotel con su amplísimo salón de fustas.

"Game night; de 7 a 9", rezaba un anuncio. A la puerta del hogar de los soldados, como en las

proximidades de todas los edificios, fuesen oficinas, cuarteles o clubs, se estacionaban manadas de coches

suntuosos, relucientes, dignos de esperar una salida de ópera. Desde la puerta divisábamos la anchurosa

pista donde en aquel instante aterrizaban dos reactores.

—¿De dónde vendrán?

—Posiblemente, de la base de Zaragoza... Un cuarto de hora de vuelo... Al oír estas cosas, creía asistir a

una sesión de ilusionismo. En la pista posaba un gigantesco avión, un "Boeing-720", el del presidente de

los Estados Unidos, llegado días antes de su célebre viaje, en vuelo de prueba.

—Observe usted—me advirtió—. Lo custodian centinelas, pero si se fija, distinguirá en las

inmediaciones del aparato ciertos soldados con unos perros enormes..

—Los veo...

—Son los llamados pastores-alemanes, grandes y feroces, pero de una docilidad sin igual. Amaestrados

para la vigilancia, sólo obedecen a sus amos y cumplen implacables hasta ochenta órdenes verbales. Su

inteligencia es extraordinaria. Se les utiliza en servicios especiales, cuando es necesario proteger algún

avión prototipo o dotado con innovaciones secretas.

El camino nos condujo esta vez a la zona comercial: las tiendas. La dedicada a alimentación exhibía su

zodíaco, gastronómico, con artículos alemanés, daneses, noruegos,franceses, italianos, norteamericanos y

españoles, todos en envolturas multicolores, satinadas, brillantes. El norteamericano es el pueblo que más

come con la vista, La seducción se concentra en el envase.Las mujeres nacían el recorrido con sus

cestillbs o carritos por el laberinto formado con muros de latas, cajas, frascos y tarros. Algunos varones

uniformados realizaban también su compra. Los progresos científicos, con ser tantos y tan fantásticos, no

pueden redimirnos de la vulgar sumisión al bote de conserva o a la pasta de sopa.

Cuanto habíamos visto y más sólo era el marco, la floresta o lo accesorio. A lo fundamental de la base se

va por otros caminos cerrados a nuestra curiosidad, caminos que nos permitirían asistir a escenas

experimentales del mundo futuro. Más allá de esta zona normal y apacible comenzaba otra, la neurálgica,

en permanente alerta, con radar escrutando los horizontes y oídos atentos a la menor señal de alarma dada

a miles de kilómetros.

La base está articulada a un sistema arterial con pulsación isócrona: con centros nerviosos repartidos en

los casquetes polares, en las islas oceánicas, en el cinturón de los trópicos. Con un cerebro, el del

"Strategic Air Conmand", remoto y subterráneo, que dos veces por día irradia sus órdenes; con centenares

de aviones día y noche en el aire, cualquiera sea el tiempo reinante, hasta completar diez millones de hora

de vuelo al año. Más de ochenta bases con sus escuadrillas apercibidas a dispararse como flechas, con

una carga infernal, hacia un blanco ya señalado.. El conjunto de bases forma la imponente muralla de

contención gracias a la cual el mundo libre conserva tal denominación, su autonomía y personalidad.

Puede dormir tranquilo y soñar con un mañana venturoso y amable.

Joaquín ARRARAS

 

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